CAPÍTULO 1. Consecuencias

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POV Amaia

La música con la lista de Spotify de "Mátame camión", que usaba cuando estaba harta de todo y necesitaba desconectar, llevaba sonando casi una hora y aún no había conseguido calmarme. Nunca pensé que las cosas acabarían descontrolándose de esa forma, pero era incapaz de doblegar esa vena rebelde que tenía desde mi más tierna infancia. Aún no me creía el ultimátum que mis padres me habían dado justo el día después de mi cumpleaños.


Ya era una mujer adulta, se supone que no le tenía que dar explicaciones a nadie, pero claro, acabar en comisaría como colofón a lo que pasó ese día no ayudó a que mis padres se mostraran comprensivos. Amenazaron con que si no aceptaba lo que me estaban diciendo me cerrarían el grifo y puesto que ya era mayor de edad me pondrían de patitas en la calle y tendría que buscarme la vida. Pero no estaba preparada para algo así, aún estaba en segundo de bachiller y, aunque no sabía muy bien lo que quería hacer con mi vida, en mis planes más inmediatos no estaban el buscar cualquier trabajo mal pagado y sobrevivir en un piso compartido con extraños.


La disminución del tren y de la luz que se colaba del exterior me indicó que estaba llegando a Atocha. Ojalá mis padres ya puestos a torturarla le hubiesen buscado un internado en Madrid, seguro que la noche madrileña me hubiera recibido con las puertas abiertas, pero no, ahora tenía que hacer transbordo y coger otro tren que me llevaría a mi destino final: Toledo.


¡Qué narices se me había perdido a mí en Toledo! Maldita la hora en la que una de las compañeras de mi madre, en una guardia en el hospital, le comentó lo bien que estaba su hija estudiando en un colegio allí, lo disciplinada que se había vuelto y lo que habían mejorado sus notas. Lo gracioso es que a mi madre ni siquiera le tocaba trabajar ese día, pero los días de las fiestas navideñas estaban muy cotizados y no le importó cambiarlo. Encima ahora me iban a poner a la chica como una lapa los primeros días para hacerme de guía y niñera. Mi suerte iba en picado, al igual que mis ánimos al recordar lo caprichoso que es el destino.


¿En qué momento me pareció buena idea celebrar mi cumpleaños en una casa en la que por la cercanía con las fiestas de Navidad pensábamos que estaría desocupada hasta pasar el 6 de enero? La verdad es que la casa era una pasada. Estaba en un barrio residencial de la clase alta de Pamplona y, normalmente, todo ese pijerío se marchaba fuera en las fiestas a esquiar o de viaje al extranjero. Extravagancias de los ricos, supongo. Pero el caso es que lo que iba a ser una reunión de pocas personas se convirtió en un verdadero desmadre, la planta baja acabó un poco hecha un cuadro, con cosas rotas por aquí y por allá, y. con el ruido que montamos debido a que la gran cantidad de alcohol que habíamos ingerido, no nos percatamos de que más que una fiesta de cumpleaños parecía las verbenas de cualquier pueblo random. El caso es que la policía local hizo acto de presencia y la mayoría acabamos en comisaría. Como lo que se celebraba era mi cumpleaños pues el marrón más gordo me lo llevé yo.


Ya era de noche, pese a ser poco más de las cinco de la tarde, cuando me monté en el segundo tren. Este era de media distancia, pero no hacía paradas así que en menos de una hora llegaría a la cuidad que tendría que acogerme para terminar mis estudios. Intenté concentrarme de nuevo en mi lista de Spotify, pero los flashes de cómo había acabado metida en esta situación no dejaban de asaltarme. Podía oír claramente en mi cabeza la conversación con mis padres.


- Amaia no me puedo creer que te estemos recogiendo de una comisaría. Pero, ¿no te das cuenta de que vas cuesta abajo y sin frenos hija? - Mi madre estaba realmente enfadada. No dejaba de hacer aspavientos con las manos y había una vena en su sien que parecía querer reventar de un momento a otro.


- Puedo explicarlo... - intenté decir, pero mi madre volvió a interrumpirme.


- ¿Qué se supone que vas a explicar? ¿Qué allanaste una propiedad privada para celebrar tu mayoría de edad? ¿Qué media Pamplona acabó en esa fiesta? ¿Qué tu padre ha tenido que llamar a un abogado, viejo conocido de la familia a las 4 de la mañana para intentar que no acabases en la cárcel? - Lo dijo todo sin coger aire ni marearse, pero parecía haberse bebido 5 cafés seguidos bien cargados y continuó.

ÉxtasisWhere stories live. Discover now