Capitulo 0: Bienvenido Al Juego

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En una casa, no muy lujosa pero acogedora, se encontraba durmiendo en una habitación con paredes blancas, grandes ventanas decoradas con cortinas negras y un mini tocador en una esquina, una chica castaña de cabello liso y piel clara. Aquella joven que no aparentaba más de 23 o 24 años, empezaba a abrir los ojos lenta y tranquilamente mientras que fruncía el ceño gracias a los rayos de luz que se colaban por su ventana y llegaban hasta su rostro.

Sus manos fueron directamente a sus ojos, frotandolas contra ellos con el propósito de que la sensación incómoda desaparezca. Luego de aclarar un poco su mente, que aún no lograba despertarse en su totalidad, se concentró en alcanzar su celular que estaba en su mesita de noche, justo al lado de su cama.

Eran las 7:36 AM, justamente la hora perfecta para despertarse.

La castaña se sentó en su cama esperando a que su cerebro decidiera si despertarse o volver a apagarse, estaba demasiado cansada, ni ella sabía de dónde había sacado la fuerza para levantarse lo suficientemente temprano. Había dormido muy poco la noche anterior, el estrés, que se había encargado de mantenerla despierta toda la noche, era causado por esos repentinos cambios en su vida. Todo había pasado tan rápido!

La desaparición de su padre no ayudó a su ya maltratada mente, hace mucho que había dejado de ir a terapia; antes se sentía un poco mal por esa razón, pero desde que esos policías declararon a su padre desaparecido y sin posibilidad de encontrarlo, ya no tenía sentido recuperarse de nada, ella no se había suicidado porque era lo suficientemente cobarde como para soltar el cuchillo antes de clavarlo en su garganta.

Se puso sus pantuflas, que estaban deterioradas y con algunas manchas; pero que seguían siendo cómodas para ella, y se levantó para después dirigirse a la puerta

Salió de su cuarto con un poco de desgana y caminó por aquellos pasillos que se sienten solitarios. Sencillamente no puede evitar recordar esos momentos dónde los tenía a todos a su lado, ahora solo queda una pequeña parte de todo lo que unía a su familia.

Su mirada buscó el cuarto de baño; tal vez, una ducha le haría despertarse.

Entró al baño y comenzó a desvestirse, se quitó de encima esa bata que usaba para dormir, tenía agujeros y manchas marrones; tal vez de café, pero no le importaba ¿Que más da? Nadie la veía. Se metió a la ducha y abrió el grifo.

El al agua estaba helada, pero ella ni siquiera estaba concentrada en eso. Con atención escuchaba el sonido del agua al caer, tratando de dejar de pensar. Por un segundo, solo quería eso.

Perdida en el todo y la nada, aislada de la realidad por un instante, se sintió realmente relajada, no sabía por qué, tal vez, era ese sonido.

Una vez que terminó  de ducharse, agarró una toalla y se secó rápidamente para luego salir del baño y regresar a su habitación por algo de ropa.

Entró a su cuarto y sus pasos fueron hacia sus cajones. Sacó un una licra negra, un suéter gris holgado, una camisa sin mangas color blanco y un conjunto de ropa interior color negro.

Mientras se ponía la ropa, fijó su mirada en una foto familiar que se encontraba en su tocador. Una familia compuesta por una mujer, un hombre, un niño pequeño y una bebé.

De nuevo el nerviosismo se había apoderado de ella, los extrañaba mucho, pero verlos de nuevo era algo sumamente aterrador.

Ella y su hermano nunca tuvieron una  buena relación, el decía que estaba loca y que nunca debió existir. Ella siempre llamaba la atención de sus padres, aunque no sabía la razón.

Se terminó de vestir y salió de ahí cerrando la puerta a su espalda para ir al piso de abajo.

Baja por las escaleras hasta llegar a la sala y casi de inmediato se dirige a la cocina. Era hora de preparar el desayuno.

No tenía ganas de cocinar, de hecho, ni siquiera contaba con las ganas suficientes para comer, pero tenía que hacerlo si no quería desmayarse; su contínua ansiedad le habían quitado el hambre por completo, ahora que se daba cuenta, no había comido nada desde el mini desayuno de ayer.

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El aroma de los panqueques ya inundaban la cocina por completo, y ella observaba cada movimiento que hacían sus propias manos, no le prestaba atención a otra cosa, solo podía oír el alimento cocinarse.

Apaga la cocina y sirve los panqueques que hizo en un plato para luego tomar un vaso de la alacena, y llenarlo con jugo de naranja.

Agarró el plato con panqueques y su bebida para dirigirse a su comedor.

Se sentó en la mesa y empezó a comer.

Un día completamente normal.

Una reunión completamente normal.

Una familia completamente normal.

¿Una muerte completamente normal?

Su mirada se centraba en el líquido carmesí que adornaba cuál cereza al pastel el blanco cabello de su madre.

Los cristales estaban regados por el suelo de aquella habitación.

Carlos, su hermano, gritaba y abrazaba ese cuerpo inerte con desesperación.

En un segundo...

En un segundo había firmado su sentencia de muerte.

Ya comenzó!

Bienvenido al juego!

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⏰ Last updated: Sep 19, 2020 ⏰

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