I

76 14 6
                                        


El dragón, está compungido, deshabitado, susodicho, porque su garganta, y sus fauces de reptil grandísimo le arden de fuego. Su estómago calcinado, cocido como tortilla de cereza o asado de res. El fuego, muchachos, quema como candela ardiente

o lava de volcán

o vela encendida

o qué se yo

El dragón, no quiere ser más dragón, quiere ser príncipe o cantante de pop coreano, pero sus ojos son redondos, círculos perfectos, y no es asiático ni se mueve como trompo coreográfico.

Sin lugar a dudas, sin más preámbulos, o sea, sin motor ni motivo, por sobre todas las cosas, quisiera ser perro, cánido ladrante, ladrador. Porque, fíjese que los perros ladran sublime aullido de lobo felino. ¡Ay y los perros!

Los perros no echan fuego por la boca ni se cepillan los dientes para besar a sus amos o novias.

El dragón, que, por respeto, consideración, dejaremos de decir "dragón" -porque le avergüenza su condición, su ser, su estado verde de cola larga y puntiaguda- y le nombraremos "el perro", tenía un amigo, único amigo, llamado Camilo.

Camilo es enamoradizo, porque vea, se ha enamorado veinticinco veces en dos días consecutivos, miércoles y viernes, de veinticinco diferentes muchachas, por eso mantiene una ridícula sonrisa que se extiende en su boca formando una especie de semicírculo -¿o se dice semicircunferencia?- risueño.  "Sonrisa de amor"

En su mente, nubosa y sucia, las ha "amado" a todas con equidad, con la misma medida pasional.

EL CLUB DE LOS CHICOS TONTOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora