Denso, pesado y frío. Tal habitación de niebla que me acogió por años en su consistente blanco, en mi querida ceguera, en tal idea, en tal sueño; en mi alivio y tormento, amada ceguera. Problemática ambición, cuya me apresó como un conejillo, jugando con mis pasos y decisiones. ¿Hay algo? Había niebla. Momentos tormentosos y melancólicos, hacían más denso el frío, quemando mi rostro y agraviando mis rodillas.
Huraño y desdichado tiempo que registró sus movimientos y los consumió. Infame y colérica criatura solitaria, que refutaba su existencia, aun con anhelo de sentirse humano. Totalmente ¡Infame! al querer algo, a intentarlo reclamar. Lleno de deseo por vivir y sentir; lleno de ambición y dedicación tejió, tal como una araña para atrapar a sus presas justo donde las quiere, planeó el inicio y el final, involucró los días, meses y años.
¡Zaz! Iracunda criatura, lo logró, sintió y la humanidad lo consumió. Obtuvo lo que quería, sin embargo el estupor lo acogió, sintió como si hubiese desatado una maldición, la sensibilidad en todo el esplendor humano era estridente, perturbando sus ideas. Levantando su cabeza notó la ausencia de la niebla, esta que fue reemplazada por una torrencial lluvia, cuya se llevó el blancor, la habitación, finalmente disipando todo. Solo llegaste y solo te irás, tal pensamiento lo inundo quebrando sus pilares y haciendo presente el vacío que ya existía en él.
Inefable escenario que concluyó. Dolorosa y ardiente soledad. Hermoso momento que será enterrado entre el pasar del tiempo; venturoso, afortunado pero también aterrado, caminó.
