Capítulo 1.

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Hubo un tiempo en el que los sueños nos acompañaban cada noche, un día en el que recordabas haber tenido un sueño placentero, una fantasía o incluso una pequeña pesadilla, pero ese día se había acabado, ya nadie recordaba soñar, nos habían quitado hasta eso, los Viajeros se habían encargado de convertirnos en marionetas a su placer, despojos a los que únicamente usaban para realizar sus asquerosas tareas, a esto se había reducido la raza humana desde la llegada de los Viajeros.
Aquella mañana era domingo, día de descanso, eso era lo único que teníamos ahora, nos concentraban en guetos y nos daban "pequeños placeres", que no eran más que la mera ilusión del recuerdo de una era pasada.
Mi nombre es Cassie, y esta es la historia de cómo un día conseguimos luchar.

《Aquella mañana me desperté sobresaltada, otra vez. Mire a mi alrededor y la ensombrecida habitación hizo que mi ánimo por levantarme de la cama decayera muy rápido. La estancia era fría y mohosa, una pequeña mesa de madera y un armario improvisado con algunas tablas dispuestas a modo de estanterías era lo único que la amueblaba. A mi lado estaba Diego, mi mejor amigo desde que recordaba. Sus rizos negros le caían por el rostro haciendo de él un pequeño querubín. Diego era fuerte y grande, alrededor de los 17, como yo, al menos eso creíamos, ya que ninguno en la fábrica sabía realmente su edad, o nada sobre sí mismo. Me estiré haciendo ruido para ver si Diego se movía bajo las sabanas. Hoy era domingo, día de descanso y teníamos pensado visitar el viejo mercado. Hubo un día en el que la Tierra era un lugar habitable, verde y azul y lleno de vida, ahora no era más que un sustento para los Viajeros. Hacía mucho que ellos habitaban aquí, algunos decían que recordaban verlos bajar en sus impresionantes naves y, arrasarlo todo. A los pocos que dejaron los sometieron a voluntad, nos marcaron y nos robaron nuestros sueños. No sabíamos el motivo, pero eso tampoco importaba mucho cuando tu día a día consistía en trabajar en las fábricas donde sacaban la energía vital para ellos.
-Que, ¿lista para un apasionado día en el mercado?- la áspera voz de Diego contenía un tono burlón.
-Claro, ¿quien no querria comprar pieles de conejos por tres peniques?- dije sacándole la lengua a modo de respuesta.
Ese día el sol no brillaba, como todos los demás, ya que las naves tapaban con totalidad el cielo dándonos un espectaculo de hierros y luces todo el día.
El mercado no era muy grande, se disponía en unas cuantas calles empedradas y, pequeñas tiendas improvisadas con telas y palos comprendían todo lo demás. La mayoría de tiendas vendían víveres o pieles de animales, cosa que me desagradaba especialmente. Recorrimos varias calles contando chistes malos sobre los Viajeros cuando mi atención cayó sobre una tienda particular, la tela de terciopelo rojo daba paso a una pequeña estancia cubierta del todo, pero lo que más me llamó la atención fue su cartel pintado con letras desiguales donde se podía leer "Máquina de los sueños".
Hacía tanto que no soñaba, sabía que antes teníamos sueños pero no recordaba ninguno, ni lo que se sentía al soñar, que no pude evitar acercarme a ella. Diego miró alarmado en busca de algún centinela, que eran los encargados de hacer respetar el orden, pero allí no había nadie, ni siquiera el responsable de la tienda.
-Cassie -me cogió de la mano reteniendome- no me gusta nada esto, nunca había visto ese puesto aquí.- Llevaba razón, pero eso no hizo más que incrementar mis ganas de traspasar aquel terciopelo.
-Tranquilo Diego- dije en tono despreocupado- solo quiero ver que hay dentro, ya sabes que no podemos soñar- y me toqué la cabeza con los dedos, palmeandolos sobre esta.
Entre conteniendo la respiración, esperando encontrar a alguien al otro lado, pero lo único que hallé en su interior fue una camilla y una vieja y oxidada máquina. Examiné con calma el artilugio y ví que en un lado tenía una pequeña abertura, justo para un penique. Tras un momento, introduje una moneda y los engranajes comenzaron a girar, haciendo un chirriar molesto. Una combinación de luces blancas, azules y rojas coronaban la máquina y una voz mecánica me indicó que me sentara en la camilla. Aunque tendría que haber sentido miedo, era excitación lo que rezumaba por mi cuerpo. Obedeciendo a la maquina me tumbé e inmediatamente un aparato se conectó a mi cabeza, un agudo grito salío desgarrandome y todo se volvió oscuridad.
Cuando abrí los ojos Diego estaba a mi lado, zarandeando mi cuerpo en un desesperado intento por hacerme despertar.
-Oh dios, Cassie, creí que te perdia- sollozaba- ¿qué ha pasado?.
Me levanté algo mareada aún, pero no había tiempo que perder, acaba de soñar, y el sueño me había revelado lo que los Viajeros harían con nosotros en poco tiempo. No, no podía haber visto aquello y no hacer nada.
-Vamos Diego, te contaré todo en el camino, ahora, debemos organizar una resistencia.

Máquina de sueñosStories to obsess over. Discover now