Prólogo

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Mantengo los ojos cerrados durante cinco segundos. Solo soy capaz de escuchar mi fuerte respiración sobre el micrófono. Mis manos comienzan a temblar justo después de tocar la última nota de mi canción en aquel increíble piano de cola blanco. Madre mía, lo he hecho.

De repente miles de aplausos irrumpen en aquel ambiente tan dramático. Una sonrisa temblorosa se dibuja en mi rostro y me levanto sujetando el micrófono con ambas manos. Muchos gritos de ánimo se entremezclan con las palmas y los vítores que suenan. La emoción se apodera de mí. Cómo querría que todo se centrase únicamente en esto. En la gente que admira la música que haces como si fuera parte de sí misma. Personas que no han vivido tus historias, pero se identifican con los versos que escribes. Con el dolor, con el amor. Es tan mágico.

-¡Muchísimas gracias!- grito con todas mis fuerzas- todos vosotros sois increíbles. Estos cinco años se han convertido, sin duda, en una deslumbrante aventura para esa niña que era una aficionada a soñar despierta. Jamás hubiera conseguido esto sin vuestra compañía. ¡Nos vemos pronto Granada!

Empiezo a agitar mis brazos en señal de despedida y los fanáticos más cercanos al escenario se aproximan a los guardias de seguridad para darme algunos regalos. Pancartas, peluches e incluso bolsas de almendras garrapiñadas. Ellos siguen día a día dándome su cariño y apoyo. Les mando besos con las manos y con lágrimas en los ojos me dicen de manera casi inaudible: "Te queremos". Sus caras de ilusión y admiración me dejan aturdida por unos instantes. Me cuesta recuperar el aliento. Trato de mostrarme agradecida y levanto una mano haciendo el signo de la paz. 

Tras dar un último vistazo a las butacas, corro a colocarme detrás de bambalinas. Allí me esperan mis padres, Adriana Bagatta y Jorge Durán. Parecen bastante impresionados. Es normal, pues no he seguido las directrices que se habían solicitado para este show. La canción que he tocado al piano no era la que debía cantar en ese momento. Pese a que pretendo esquivarlos, mi madre es más rápida y consigue atraparme por los hombros.

-Lara, ¿qué ha pasado ahí arriba?- pregunta dándome un pequeño zarandeo. Aún conserva un sutil rastro de su acento italiano en la voz. Siempre se le escapa cuando está nerviosa.

-¡Sorpresa! Sabía que te iba a gustar- ella me dedica un gesto de extrañeza. No es demasiado bromista. Intento suavizar el ambiente con un ligero movimiento de cabeza, señalando el escenario- tranquila mamá. A ellos parece que les ha encantado.

-Cariño, has estado espléndida.- Ahora es mi padre quien interviene, mostrándose tan cariñoso como siempre. Mi madre se aparta lentamente y él aprovecha ese momento para darme un fuerte abrazo, haciendo que casi me quede sin aire- ¿Cómo surgió este tema?

-Bueno, lo compuse hace un mes y pensé que era perfecto para despedirme de todo esto. Han sido muchas semanas de emociones intensas. Vosotros lo habéis vivido conmigo de primera mano. Es un poco diferente a lo que suelo cantar... pero, que sea triste no quiere decir que me sienta mal- mi madre aún sigue algo desconcertada, por lo que la intento calmar con una sonrisa- estoy bien. No os dije nada de la canción porque quería que fuera un final explosivo para vosotros también. Además, la he disfrutado como la que más. Esta es la primera vez que compongo sola algo de lo que realmente me siento orgullosa. 

-Cómo para no estarlo. Ha sido impresionante- mi padre choca su puño con el mío- casi se me escapa una lagrimilla y todo, ¿verdad Amanda?

-Si, ha sido muy emocionante. Estamos muy contentos por ti- acaricia mi pelo con cuidado, pudiendo verme reflejada en su mirada. Con tacones ya estoy a su misma altura- Aunque sabes que no puedes cantar lo que quieras sin consultar primero. Tenemos un contrato con la discográfica y no le va a gustar que hayas hecho esto por muy bonita que sea la canción. 

-Lo sé, mamá... Pero, ¿y qué más da? Quiero decir, ¡la gente sigue emocionada ahí fuera! Eso nunca puede ser una mala señal.

Ella asiente, mostrando por fin un rostro más alegre. Bien. Todo está saliendo según mi plan.

-¿Por qué no vais sacando el champán para despedir la gira con el resto del equipo como se merece? Voy a ponerme más cómoda en el camerino- mi madre va a decir algo, pero la interrumpo- Y no, no hace falta que llames a las estilistas. Ya me han ayudado mucho por hoy. Vuelvo en unos minutos.

Les doy un beso en la mejilla a cada uno y me dirijo con paso firme hacia mi habitación. Al llegar al umbral miro hacia los dos lados del pasillo. No hay nadie a la vista. Entro rápidamente en el camerino y cierro la puerta con cerrojo para evitar inconvenientes. Abro mi maleta de par en par y localizo en poco tiempo el compartimento secreto donde he metido todo lo que necesito esta noche. Linterna, mapa, peluca, vaqueros, camiseta azul, monedero y gafas. Las zapatillas no cabían, por lo que tendré que ponerme los botines del vestuario. Me visto rápidamente y recojo mi larga melena pelirroja en un moño bajo. Escondo todo mi pelo bajo el cabello sintético de color castaño. No me queda muy mal aunque, eso no es importante en este momento. Me coloco las gafas de patillas negras y respiro hondo.

-Espero pasar desapercibida- murmuro indecisa. Rebusco entre los bolsillos de mi pantalón el papel con la dirección exacta a la que quiero llegar. Al no localizarlo intento mirar en la maleta. Tampoco logro encontrarlo- ¡Mierda! ¿Hablas en serio? Estoy tardando demasiado.

Resignada, decido marcharme sin el folio. Ya me las apañaré. Abro con cuidado la puerta y salgo de la habitación con sigilo. Si corro voy a levantar demasiadas sospechas. Actuaré con naturalidad. 

Al asomarme por el pasillo rodeado de butacas rojas veo a varios técnicos recogiendo el escenario. Mis padres deben haberse ido a por la bebida y las copas. Me desplazo por el gran pasillo evitando mirar para todos lados. Por suerte, nadie me ha reconocido. Las puertas del recinto están a punto de ser cerradas pero, logro llamar la atención de la limpiadora antes de que esto suceda.

-¡Disculpe!- la mujer de avanzada edad me mira con cara de pocos amigos mientras me acerco- Qué despistada soy. Me había olvidado el monedero en mi asiento.

-Ay, la juventud. Tienes que tener cuidado con tus cosas, muchacha- la señora se da cuenta del llamativo color verde de mis ojos y empieza a examinarme con detenimiento. Presa del pánico, finjo que se me cae el monedero al suelo para desviar un poco su atención de mi cara.

-Sí, tendré que estar más atenta- me incorporo y hago un movimiento rápido para colarme por la puerta que se encuentra a su derecha. Camino sin pausa hacia unas grandes puertas de cristal. Estoy fuera. 

En la calle puedo ver a un montón de chicos haciendo cola en otra puerta similar para, seguramente, verme salir del Palacio de Congresos. Siento mucho dejarles plantados de esta forma pero, no puedo quedarme aquí. Debo irme.

-¡Taxi!- un hombre calvo, con una camisa gris y abundante barba negra estaciona su vehículo justo enfrente mía. Miro una última vez la entrada del centro donde ha tenido lugar el concierto. Este ha sido el último que daré en toda mi vida. Hoy, día 14 de julio de 2002, he de abandonar esta carrera de ensueño. Abro la puerta del coche y al sentarme le indico al conductor el lugar al que quiero ir, sin saber muy bien qué hacer cuando llegue. Sin embargo, por mucho miedo que sienta ya no puedo echarme atrás. 

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⏰ Last updated: Aug 29, 2020 ⏰

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