Primera parte.
Alguna vez alguien me preguntó, "¿Te gustan las historias que tienen un final feliz?" Yo pensaba que sí. Pero lo que para mí es un final feliz, para él no lo es.
A veces las historias solo tienen finales.
Nuestra historia comenzó hace mucho tiempo atrás, quisiera decir que empezó con un "había una vez" pero me adelantaría mucho, así que partiremos en el momento del esperado reencuentro.
Un año atrás Fara y su hermano habían sido llevados a otra ciudad a causa de su madre, ella siempre estaba ascendiendo con mucha facilidad, mientras que su padre se estanco en su empleo para un empresa corporativa de la Ciudad Metropolitana de Otomía.
¿Vida feliz? No lo sé, pero si algo tenía claro es que Fara quería volver a su hogar.
Pero, mejor que comience ya, no podemos seguir esperando.
Fara Martínez Da' Silva.
Lunes 22 de junio.
En realidad no había mucho que decir de mi. Me aproximé a la puerta y toqué el timbre.
—Por favor, abre la puerta...— susurraba mientras cargaba una maleta de mano y arrastraba una maleta de plástico decorada.
—¿Quién es?— se escuchó una voz femenina fuera de la habitual y enseguida se abrió la puerta.
Mal-di-ción.
La pregunta aquí era obvia.
—Disculpe pero, ¿Quién es usted?
Estaba tan confundida por aquella mujer rubia teñida que abrió la puerta, pues enseguida su rostro se torno en uno de desagrado.
—¡¿Usted?! Tenemos casi la misma edad— dijo con un tono de enfado —Y aún así, pregunté primero.
—¡Oh! Lo siento... Soy Fara Martínez, amiga de Lara— ladeó un poco su cabeza ante mi contestación. Me analizo de arriba a abajo con su mirada.
—Quiza pudiste confundirte porque ella no te ha mencionado— dijo un poco divertida.
—Dudo mucho que sea así, estuve fuera un año... Y hablé con ella hoy ¿No menciono a alguien que se quedaría aquí?
Ahora sí comenzaba a preocuparme, al enviarle mensaje temprano a Lara, dijo que ella estaría aquí, no tengo a más donde ir, no había plan b y el dinero que traía para la semana era justo.
Algo en su mirada cambio, aquel aire de diversión con el que me recibió se esfumó al ver mis maletas y mi semblante.
—Dejame llamarla, ella no está, pero puedes pasar— dijo quitándose del paso y dejándome entrar a la sala.
—Gracias, siento mucho las molestias— hubo un silencio y la chica rubia salió de la sala a la entrada y se quedó ahí mientras llamaba.
La casa de Lara no cambió nada, si acaso el color de las paredes de un azul cielo a un pergamino. Todo se sentía ligeramente más tibio.
Pasados unos cuantos minutos la chica regreso y camino hacia mí, parecía estar un poco nerviosa.
—Te pido una disculpa, por favor acompáñame, me dijo que la esperes, no tardará— Dijo mientras tomaba mi maleta de mano y la llevaba a una habitación del primer piso.
YOU ARE READING
Otomía.
RomanceAlguien alguna vez dijo que Otomía era como cualquier otro lugar, nada interesante podría ocurrir aquí. Hasta que encontré que Otomía significa destrozó. Fara Martínez se fue de la ciudad de Otomía con su madre y hermano hace un año. Tras un inevita...
