BRÚJULA

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Una gota cayó sobre mi nariz despertándome de un sueño profundo. Todo estaba oscuro, el suelo era rocoso y húmedo bajo mis pies descalzos. Me levanté un poco desorientada, no recordaba nada de los anteriores días.

Caminé hacia atrás y topé con una pared, entonces me di cuenta, estaba en una cueva. De repente se oyó un ruido, de esos que hacen que se te paralice el corazón, parecía una máquina, pero no podía estar segura de ello.

Tenía que salir de aquel lugar, todavía no tenía respuesta de por qué me encontraba allí, pero entonces eso no importaba, solo necesitaba escapar. Comencé a caminar hasta que vi tras una roca un destello rojizo, fui hasta el destello, en ese momento el ruido desapareció y fue sustituido por unos pasos, los cuales podían ser tanto de humano como de animal, y quién sabe qué hubiera sido peor. A cada paso que avanzaba el destello era más intenso, me asomé a la roca y había una brújula, la cual no señalaba el norte.

Se me ocurrió que la aguja indicara la salida, no parecía tener mucho sentido, pero los pasos se oían cada vez más cerca. Angustiada, empecé a correr, y por fin llegué a la salida.

Ya no se oían los pasos. Salí de la cueva, apenas había luz, estaba anocheciendo y ante mi solo había un frondoso y misterioso bosque, no me lo pensé dos veces y me adentré en él. Probablemente tenía que haberlo pensado mejor. El bosque estaba lleno de ruidos horripilantes y probablemente de depredadores hambrientos y furiosos, de nuevo una gota cayó sobre mi nariz, después la lluvia se hizo torrencial.

Necesitaba un refugio, seguí andando con los pies doloridos, intentaba encontrar algo, tal vez una cabaña de guardabosques o simplemente llegar a la ciudad.

Ya había andado unas cuantas horas y el cielo era cada vez más oscuro. Estaba muy cansada y me senté bajo un árbol a descansar, quedé dormida unos minutos, pero de nuevo un ruido me despertó, quedé paralizada, necesitaba encontrar una cabaña, miré la brújula, volvía a brillar, de nuevo seguí la aguja, pasó un rato hasta que llegué a mi destino, una pequeña cabaña de madera con algunos agujeros, entré y cerré los ojos, por fin estaba a salvo.

Alguien llamó, los golpes en la puerta hicieron que me asustara, podía ser un animal, pero posiblemente sería un humano, quizás me persiguió por el bosque. Lo único que sabía era que si aquello conseguía abrir la puerta, yo estaría muerta.

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