Prólogo

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Hacia el 264 a.C. tuvo lugar una guerra que enfrentó a Cartago y a Roma por el monopolio comercial. Los púnicos o cartagineses eran originarios de Cartago, una colonia fenicia del norte de África. El origen mitológico de Cartago habla de la Reina Dido que al llegar a un nuevo territorio le ruega al rey de dicho territorio que le permita fundar una ciudad que ocupe una piel de vaca. El rey aceptó la propuesta de Dido, que haciendo uso de su gran astucia cortó la piel de vaca en tiras milimétricas con las que formó el perímetro de las murallas de su enorme ciudad. Otras leyendas hablan de la relación que hubo entre Eneas, el gran héroe troyano que fundará roma y la reina Dido. El gran poeta Virgilio habla de esta leyenda en su obra La Eneida, en la que Eneas, cumpliendo con los deseos de los dioses, abandona Cartago para fundar una nueva Troya (Roma). Dido, cuando vio marchar a Eneas, una profunda tristeza arraigó en su corazón y no pudiendo soportar el dolor del abandono de Eneas se suicida. Se considera que este fuera el origen mitológico de las guerras púnicas.

A partir del siglo VI, con la decadencia fenicia, los púnicos inician su hegemonía por el Mediterráneo, heredando el imperio comercial fenicio. Pero no conformes con el control parcial del comercio del Mediterráneo se enfrentan a los griegos, a los que vencerán en la batalla de Alalia. Dos siglos más tarde, bajo el reinado del rey Amílcar pretenden librarse de la competencia romana iniciando las guerras púnicas. La primera batalla se produjo en la isla de Sicilia, parcialmente bajo control cartaginés. Al principio de la Primera Guerra Púnica, Cartago era el poder dominante en el mar Mediterráneo occidental mientras que Roma era el poder emergente en el centro de la península itálica.

A pesar de la victoria romana en la Primera Guerra Púnica, Cartago no se rindió. Se cuenta que un general cartaginés hizo jurar a su hijo, ante un altar en el que estaba haciendo un sacrificio con la mano puesta sobre el fuego, que guardaría un odio eterno a todo lo que fuera romano. El nombre de aquel niño era Aníbal.

Durante la Segunda Guerra Púnica (218- 202 a. C.), Aníbal decidió atacar Roma partiendo por tierra desde Hispania con un enorme ejército cruzando los Pirineos y los Alpes. De los 102 000 soldados que integraban el contingente humano inicial solo llegaron a la península itálica 26 000. A pesar de ello, Aníbal mostró gran valentía y determinación durante toda la campaña. Embarcó a sus soldados y elefantes en balsas y de este modo pudo cruzar el río Ródano.

La batalla estaba a favor de Aníbal, ya que aplastó a los romanos en una serie de batallas decisivas, pues les superaba en estrategia. En el 216 a. C. tuvo lugar en Cannas la derrota más grave para los romanos; 70. 000 soldados romanos murieron en aquella batalla. Aun así, Aníbal no se decidió a tomar Roma. El jefe de la caballería cartaginesa le rogó que lo enviara por delante para preparar el camino, asegurándole que en breve estarían cenando en la conquistada Roma, pero Aníbal no se lo permitió; sus hombres merecían un descanso. Entonces, el general le dijo: "Sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovechar la victoria."

Aníbal se movía sin oposición por la península itálica, mientras que el ejército romano evitaba prudentemente entablar con él un combate que probablemente habría perdido, conformándose con seguirlo a distancia y dificultar las tareas de abastecimiento de suministros y refuerzos.

El general romano, Publio Cornelio Escipión, superviviente de la batalla de Cannas y jefe del ejército romano en Hispania, atacó el cuartel cartaginés en Cartago Nova (actualmente llamada Cartagena). Además de lograr un magnifico botín, Escipión concedió la libertad a las esposas e hijos de los reyes hispanos que los cartagineses tenían en su poder como rehenes. Gracias a esto logró ganar a las tribus nativas para la causa romana. Aunque Escipión no pudo impedir que Asdrúbal, hermano de Aníbal, partiera en ayuda de las tropas cartaginesas, logró acabar con el dominio cartaginés en Hispania. Al llegar a la península itálica, los romanos lograron interceptar a Asdrúbal antes de que se pudiera unir al ejército de su hermano. Tras darle muerte arrojaron su cabeza al campamento de Aníbal, quien al contemplarlo dijo con tristeza: "¡Cartago, veo tu destino!"

Los romanos enviaron un gran ejército a África, al mando de Escipión, para amenazar a Cartago, que reclamó a Aníbal para que acudiera en auxilio de su patria. Los cartagineses fueron derrotados en la batalla de Zama, lo que puso final a la Segunda Guerra Púnica. Escipión recibió el sobrenombre de "el africano" a partir de entonces. Aníbal huyó y buscó refugio en diversos países. Veinte años después, ante la idea de caer en manos romanas se quitó la vida envenenándose.

El Mediterráneo occidental quedó entonces bajo en poder de Roma, que siguió extendiendo su Imperio. No obstante, entre los ciudadanos romanos aún había quien pensaba que la vencida Cartago podía ser una gran amenaza para Roma, como Catón el Censor, que concluía todos sus discursos con la frase: "Carthago delenda est!" (¡Cartago debe ser destruida!)

Esta historia transcurre poco después del inicio de la Tercera Guerra Púnica, que será el último enfrentamiento militar entre Roma y Cartago. Esta guerra fue mucho más corta que las dos anteriores y dará la victoria a los romanos que destruyeron totalmente la ciudad terminando con la existencia de Cartago.

Bajo las cadenas de RomaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora