La cena con mi familia fue bastante bien. Mi hermano vino de visita, así que todo estaba mucho más animado que de costumbre. Él siempre ha sido la luz de la familia, siempre carismático, nunca deja morir una conversación, todo lo que yo nunca he logrado ser.
Aunque no me quejo, en mi familia siempre nos han querido por igual, aun con nuestras diferencias, aunque es más que obvio que siempre se disfrutan más los tiempos en familia cuando él está aquí.
Luego de la cena subí a mi habitación, después de todo, había tenido un día muy cansado y lo que más quería era recostarme en mi cama y descansar, dormirme y no despertar hasta 12 horas después. Pero, obvio, no pudo ser. Mi hermano vino poco después de que me hubiese recostado, estuvimos charlando por un buen rato, hasta que el cansancio en mí fue tanto que tuve que despedirlo para poder dormir.
Él, por su parte, bajó a hablar con mis padres, o al menos eso hicieron durante el poco tiempo en que permanecí despierto y consciente de lo que ocurría con ellos. Mi sueño fue plácido, realmente estaba recuperando las energías perdidas el día de hoy. Pero como todo lo bueno en esta vida, no duró demasiado.
Alguien zarandeaba mi hombro, tratando muy arduamente de despertarme, pero mi deseo de dormir siempre ha sido muy fuerte, así que traté de ignorar el molesto movimiento para seguir disfrutando del mundo de los sueños. Palabra clave, traté, ya que los movimientos se volvían cada vez más fuertes y continuos.
Casi le suelto un grito a la persona que lo estaba haciendo, pero la mano de esta se colocó en mi boca impidiéndomelo. Abrí mis ojos y pude reconocer, a pesar de la escasa luz, el rostro terriblemente asustado y ensangrentado de mi hermano. Sus ojos estaban llenos de lágrimas que aún no escapaban y tenía una expresión de terror grabada en su cara.
— Alguien entró a la casa Nico, alguien que no debía— dijo en un susurro—. Tenés que salir de acá, ya llamé a emergencias, pero se van a tardar. El tipo mató a mamá y papá— su voz se quebró después de decir aquello—, así que tenés que salvarte, no te preocupés por mí, quiero que corrás lo más rápido que podás cuando te lo diga. ¿Me entendés? Corré, tenés que correr.
Asentí con mi cabeza, con las lágrimas ya resbalando por mi rostro al saber que mis padres habían muerto y que, muy posiblemente, mi hermano también lo haría. También cabía la posibilidad de que me atrapara y yo también muriese. Espero que mis habilidades de corredor me salven de esta. Aunque no sé si realmente valga la pena salvarme si me voy a quedar solo, sabiendo que todas las personas que amo fueron asesinadas.
Él se levantó y yo tras él, procurando no hacer tanto ruido, más aún cuando me calzaba mis tenis. Mi hermano se asomó por la puerta y me hizo señas para que me quedara cerca de él.
— Bien, no lo veo cerca. Saldré a buscarlo, y cuando te grite que corrás, lo hacés. Sin ver atrás— ordenó él con voz firme, yo volví a asentir.
Esperé un rato al lado de la puerta entreabierta hasta que escuché el grito de mi hermano, se oía bastante cerca, así que salí a todo lo que daban mis piernas, bajé las escaleras con todo el cuidado que pude al ir corriendo.
Al llegar a la puerta esta estaba trabada, normalmente no sería un problema, pero, dadas las circunstancias, mi cerebro y mis manos no funcionaban correctamente. Los nervios me estaban jugando una pésima pasada, y escuchar los pasos del tipo acercarse no ayudaba a calmarme, aunque sea un poco. Cuando al fin pude abrir la puerta me giré un segundo, para ver que tan cerca venía el asesino, y ciertamente me llevé una sorpresa al ver al tipo encapuchado viéndome desde el otro lado de la habitación.
Sin pensármelo ni un segundo salí corriendo tan rápido como pude, pero el tipo también lo hizo, venía persiguiéndome tan de cerca que no lo creía. Aunque tiene un poco de sentido ya que sus piernas eran más largas que las mías. Cuando al fin casi llegaba a un lugar donde poder pedir ayuda, sentí como sus manos rodearon mi cintura y me tiraron al suelo, poniéndose este sobre mí, imposibilitándome levantarme. Gracias a la posición pude ver el rostro de mi atacante y mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas.
— Siempre es más divertido si corren— dijo con un tono macabro que me erizó la piel.
Luego de eso no recuerdo mucho, solo despertarme en medio de la sala de mi casa cuando los paramédicos y la policía llegaron. El piso estaba lleno de sangre, de la mía y la de mis padres, que antes no había notado que se encontraban atados a unas sillas, con sus cuellos destrozados y de los cuales bajaban cantidades grandes de sangre, en ese momento ya parcialmente seca.
— ¿Recordás quién lo hizo? — preguntó la doctora frente a mí. Yo negué, tratando de volver bloquear todos los recuerdos de esa horrible noche—. ¿No lo recordás o no querés recordarlo?
— No quiero recordarlo— le respondí yo.
— Que no lo admitás no lo hace menos real, tal vez decirte en voz alta quién lo hizo te ayude a empezar a sanar y dejar atrás ese horrible suceso— dijo ella, tratando de convencerme, como todas las veces anteriores. Pero esta vez, decidí hacerle caso.
— Mi hermano, mi hermano lo hizo.
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Palabras Rojas
DiversosCompilado de cuentos y relatos (principalmente de suspenso y algo sangrientos) que he escrito a lo largo de los años.
