prólogo

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"cuánto más grande es la herida, más privado es el dolor".~Isabel Allende~.

_fue un día frío a decir verdad, uno de esos en el qué el cielo estaba oscuro y lo único que te inspiraba era quedarte en tu hogar, durmiendo o talvez viendo alguna serie con una taza de chocolate caliente en tu mano_

Ahí se encontraba otra vez ella, llorando como si no hubiera un mañana en un pequeño rincón escondida, deseando poder terminar con todos sus "mounstros" que lo único que hacían era romperla cada vez más, pero la realidad fué otra y en esa no había ninguna escapatoria hacia la felicidad, por lo menos eso es lo que creía.

-SABES QUE NO PUEDES ESCAPAR DE MI!!- gritó él, ese que consideraba uno de sus tantos mounstros, del otro lado de la puerta - ya no más por favor!- le imploraba entre lágrimas desde su pequeño escondite.

Lo único que hizo él fue dar una sonora carcaja al verla tan frágil sin alguien que la ayude, pero sintió que debería dejarla descansar solo para volver por esa pobre niña inocente cuando menos se lo esperase- está bien, luego volveré por ti- le aseguró, lo cual la hizo temblar de miedo- pero limpia todo ese desastre que dejaste- volvió a hablar él, refiriéndose a toda la sangre de la pequeña niña derramada por casi toda la habitación, ella solo asintió y sin más el se fue dejándola otra vez a merced de sus otros mounstros...

¡No!!- gritó al despertarse inundada en un terrible llanto, al parecer esa frágil muchacha nunca dejaría de llorar, a veces se preguntaba de dónde le salían tantas lágrimas o si dejaría de llorar cada maldita noche, pero nunca obtuvo respuesta.

el juego del infierno... Game over?Stories to obsess over. Discover now