Ira

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Me encontraba en la sala, tarde un rato en percatarme del jolgorio y la alegría macabra a mi alrededor. Familiares yendo de un lado al otro, riendo. Risas que resonaban en mi cabeza, como una horrible música que no podía acallar. Hasta que lo ví a él. Mirándome, y riendo. Pensé que no existía cosas más desagradable que su mirada.
No hablaba. Sólo reía. Pero sus ojos, podían trasmitir una oración, en un tono lento y profundo."Te desprecio". Eso transmitían.
Quise correr, pero mi cuerpo pesaba, como si estuviera arrastrando al mundo con mis pies. Lentamente se acercó a mí. Su presencia estaba sobre mí, no en el sentido de estar encima de mí, más bien, era como si estuviera viéndome desde arriba, desde lo alto de un balcón; como si quisiera aplastarme con su pesada y burlona presencia.
Me tomó de ambos brazos. Quería huír pero no podía, mis brazos eran tortuosamente pesados. Su cara estaba tan cerca, que sentía como me quitaba el aire, y decía entre burlas, "De aquí no te vas a ir nunca"...
Me liberé, no se como, pero lo hice, y corrí. En esa pequeña sala, corrí. Como si en ese diminuto ambiente se hubiera construido un laberinto. Mientras él me perseguía riendose de mí. Jugando conmigo, como esos asesinos que juegan con sus víctimas antes de matarlas.
En ese frenesí de desesperación, mi mirada asustada se cruzó con la de mi madre. Triste, muy triste. Parecía ajena a todo mi sufrimiento, con una fuerza desesperada me lancé en su ayuda. Con lágrimas en los ojos me miró y dijó que se iba. "No por favor, no te vayas, te amo má, no te vayas..." no parecía escucharme. Encontró la puerta de ese laberinto que mi mente había creado, y salió.
La tristeza tocó mi alma, me sentía débil y ridícula, llorando en el suelo de ese retorcido mundo. Mientras el mounstro me miraba y reía.
De lo más profundo, surgió una fuerza. Miré a ese hombre a los ojos. Ya no lo soportaba. No. No puedo seguir conteniendo el enojo. La rabia. La ira y el desprecio hacía su presencia. Quería matarlo, terminar con él. No lo soporto. Ya no puedo... con la furia de una bestia, tomé su cabeza y la estrellé contra el piso. La ví y seguía intantacta, con esa asquerosa sonrisa en su cara. Por lo que procedi a golpearla, una y otra vez contra el suelo,  hasta que la sangre empezó a escurrir. Por primera vez, me sentía feliz ... pero no era suficiente.
Rompí una de las paredes del laberinto con su cuerpo, terminando en el patio. Me abalancé sobre él con el salvajismo de una jauría de monos. Estaba ciega de ira. Mi única meta, era matarlo de la forma más inhumana posible.
Los golpes no eran suficientes... en el climax de mi sádica locura, dilucide una puerta. Llevé su cuerpo hasta esa puerta, posicioné su cabeza entre el marco y la puerta... y la cerré... una, y otra, y otra vez...
Sorprendentemente casi no parecía estar dañado. Con mis dos brazos, llevé su cuerpo hasta una cama y la luz del Sol empezó a entrar por el gran ventanal de la habitación, me senté en una silla a su lado y por fin sentí paz. vende su cara, ya no quería verla... balbuceo unas palabras que no entendí, y en el momento en que la angustia guardada en el fondo de mí corazón salía a flote, luego de mi arrebató de violencia...

Desperte.
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Pesadilla 17720

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Si gustan pueden poner estrellita 🌝/✨

"Un Mundo Incomprensible"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora