Prólogo: Héroe por gusto

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Año 2XXX. En el cielo de una ciudad colorida y pesimista, se abre una grieta.

<<Hora de salir a repartir milagros.>>

Piensa nuestra protagonista, mientras aterriza suavemente sobre la azotea de un edifico. Con su rabo de león y orejas largas en movimiento, mira la ciudad. Ella es una quimera adulta de 20 años, pero aun así, infantil.

NA: Perdonen las imágenes con IA, son sólo para ilustrar apropiadamente las partes importantes de la trama. Y también para que amarren al lector(???

<<Me encanta estar sobre los techos, ¡Me hace sentir tan alta! La ciudad se ve agradable desde aquí y lo mejor es que no hay gente que me moleste

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<<Me encanta estar sobre los techos, ¡Me hace sentir tan alta! La ciudad se ve agradable desde aquí y lo mejor es que no hay gente que me moleste. Odio las multitudes y el ruido.>>

Entonces, ella se fija en una ventana de un edificio corporativo. Hay dos figuras, un hombre y una mujer, haciendo cosas indecentes sobre un escritorio. La quimera siente repelús ante las muestras amorosas o sexuales, por lo que se le ocurre algo mientras sus ojos se oscurecen. En ese instante, el escritorio donde están los amantes se desarma y ambos caen al piso junto con los papeles, equipos y demás artículos de oficina. El golpe y el estruendo hace que ambos entren en pánico y detengan su acto. La quimera sonríe maliciosamente.

<<Hay un momento y lugar para todo.>>

Piensa, mientras extiende un par de alas blancas de murciélago que salen mágicamente de su espalda, que está cubierta por su gabardina. Salta al vacío y emprende vuelo hacia el cielo.

Más tarde esa madrugada, una mujer camina por la calle sin aparente rumbo. Todo está desierto y sólo iluminan los postes de alumbrado. Esta llega hasta un puente bastante elevado, sobre un río sin caudal. Sus ojos cerrados, en estado de trance.

No había ni un alma ahí, sólo aquella mujer y los susurros de muchas voces alrededor. Mientras la mujer comienza a respirar pesadamente, camina hacia el borde del puente y pone sus manos sobre el tubo mientras sus pies se elevan del suelo.

El silencio que había se rompe con un crujido desagradable.

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A la mañana siguiente, hay conmoción cerca del puente. Gracias a los reportes de peatones que pasaban cerca del río, la policía localizó rápidamente el cadáver de una mujer, estrellado sobre las rocas y en estado de descomposición. La mujer tenía su pijama puesto, estaba descalza y su cabeza destrozada por el golpe.

Como no puede faltar en estos casos, cerca de la escena del crimen había un grupo de personas que se detenían a mirar y chismosear. A medida que llegaban algunas personas, se iban otras.

-¿Otra vez alguien se mató?- Susurraba uno.

-La situación económica no está en su mejor momento...- Decía otra.

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