Cuando el tren pasa, muchas personas se quedan en el andén, sintiendo que es el final porque ''el tren ya se les fue''. No saben que, tal vez, son personas de aviones: dispuestas a dominar las más altas alturas para conseguir lo que quieran (Sky is the Limit) o de barcos, dispuestos a navegar los mares más profundos para encontrar su sirena de ensueño.
En mi caso, creo que soy una persona de pasos: da uno a la vez por su seguridad esperando no volver a caer, siguiendo el camino que indique su corazón y rompiendo esquemas de tiempos limitados. Con desdicha alguna vez miré aquellos atardeceres acompañados por sonrisas, amores rozagantes y sabor a vino en los labios. Cada mañana al despertar me sentía segura de una cosa, y es que: mi tren nunca iba a llegar, tenía que irlo a buscar.
Siempre recordaré aquella tarde, recibí un portazo en la cara con la noticia en el periódico: el amor había llegado al pueblo. Y es que, ¿es enserio? Entre tantos lugares por elegir y tantos por buscar, eligió este viejo y abandonado pueblo, esperando pasar los próximos 80 años de vida observando sus museos y calles silenciosas, portafolios de recuerdos y brisas heladas en cada uno de sus puertos. Jamás lo entendí, y jamás lo entenderé.
Aquel individuo llamado Amor restauraba todo lo que tocaba. Convertía tardes grises en tardes soleadas, la soledad en un éxtasis de pasión, la guerra en paz y la incertidumbre en mansedumbre. Un día de Abril tocó mi puerta. Nunca quise abrir, pero no se fue. Decidió plantarse hasta que tomara la decisión de conversar un rato. Yo no quería que cambiaran a mi pueblo, me había acostumbrado tanto el estar en mi cueva recordando la última vez que un turista pasó: causó un tornado y se marchó.
Amor era lo más silencioso, tranquilo y suave que haya podido ver en mis días de lucides. Su tacto te hacia soñar despierto, causaba en el corazón revuelos de sentimientos y una tormenta de sonrisas. Me enamoré de Amor, me enamoré de sus perfectos ojos miel, de su risa... Me enamoré cuando menos quise hacerlo. Transformó el pueblo en ciudad, una de las más bonitas que el mundo haya visto. Tomó todos mis cuentos y los convirtió en una verdadera historia. Abrió el paso a más turistas siendo el gobernador de este nuevo lugar, pero aún así, mi temor a que algún día se fuera seguía latente.
Decidí aceptar el hecho de que estaría hasta que él lo deseara. Tome la voluntad de amarlo costara lo que costara, cambiando lo que fuera necesario y rompiendo la coraza que construí. En ocasiones, cuando no está, camino sola por los viejos rieles del tren, sintiendo un poco de frio nuevamente, asombrada de que nunca tuve que esperar en el andén, él tocó mi puerta. Y gracias, gracias por haber tocado a mi puerta.
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Andén: Pueblo Viejo.
Historia CortaHistoria corta de 1 página. Expresa sentimientos encontrados de amor y soledad. Antes, durante y después de amar.
