Capítulo A

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Una noche nevada de 1994 en las afueras de Brooklyn, estaba tomando una botella de whisky "The King". Estaba por la quinta botella cuando algo en el cielo llamó mi atención, no sabía si alucinaba o era real. El objeto no identificado empezó a descender. Un poco más cerca me di cuenta que era una burbuja gigante negra con dos sombras dentro de ella. Se detuvo en un callejón cerca de Fisherman's Cove, en Eastern Parkway, dudé en ir, pero la intriga me mataba.

Cuando quedaba a centímetros empiezo a hablarle a la esfera, pero ninguna reacción sale de ella. Estaba yéndome y una voz me detuvo. Parecía humana. Me di vuelta y la burbuja había desaparecido, en su lugar había dos niños rubios con piel pálida, ojos claros, eran idénticos, aparentaban tener unos cuatro años de edad.

-¿Quiénes eran? ¿Cómo llegaron? ¿Son amigos o enemigos?- pensaba.

— Hola — dije temeroso

Se miraron entre ellos y me respondieron al mismo tiempo con una pregunta que me sacó de órbita.

— ¿Eres nuestro padre? — dijeron con frialdad

Quedé seco, pasaban los minutos y no reaccionaba. Tenía preguntas en vez de respuestas, creía que ellos no sabrían nada. Empecé a caminar de un lado a otro, sus ojos no dejaban de seguirme.

"¿Qué voy hacer con ellos? ¿Me los llevo? ¿Los dejo acá solos? "repetía en voz alta preguntas que no podía responderme.

Opté por algo más decente quería protegerlos por eso decidí llevármelos, sabía que ella podría ayudarme. Caminamos por un largo tiempo durante las calles oscuras. Ya amaneciendo el sol nos calentaba de este frio invierno. Llegamos a unos edificios altos, con una fachada de ladrillos a la vista, tenía aspecto viejo, pero con mi sueldo era lo único que podía pagar. A pocos pasos de abrir la puerta un grito me bloqueo.

— ¡¡Jasón!! , ¿Dónde estabas? — una mujer con aspecto desaliñado apareció atrás nuestro. Era mi esposa.

—Johana te lo...... — le quise explicar pero las palabras no salieron.

Su mirada se clavó en los niños. Tenía que reaccionar e inventar una historia ya que nunca iba a creer la verdadera, ni yo lo hacía.

—Ellos son....

Ella solo camino por al lado mío, los miró de reojo. Para mi desconcierto los chicos la siguieron dejándome confundido.

Eran las 9:30 am había pasado casi 40 minutos y mi mujer seguía al teléfono en una de las habitaciones. Cuando entramos al departamento me había dicho que tenía que hacer una llamada. Yo no sabía que estaba pasando y eso me tenía incómodo. Ella salió con una actitud diferente, sentía que el ambiente estaba un poco tenso, cuando abrió la boca confirma mi sospecha.

—Tome, una decisión, la llame a ella. Está en camino, Le va a tomar un rato llegar —me comunicó—. No debemos tener contactos con ellos.

—Pero Johana es una mala idea donde irán, ese lugar es un orfanato de chicas, son chicos. ¡¡Por el amor de dios!! Lo tendrán en ese lugar, no pienso permitirlo — dije enojado.

—Basta eso ya está arreglado, este asunto no te incumbe— miró a los chicos sentados en el sofá —Es una lástima que tengas esa marca de nacimiento, su destino hubiese sido diferente.

Con una sonrisa se fue a la habitación, dijo que necesitaba descansar. Miré a los niños sin poder decirles nada, me acosté en el sillón y me quedé dormido.

(...)

Cuando la pareja se quedó dormida supimos que era hora de irnos pero antes teníamos que deshacernos de esa mujer que nos había traicionado.

—Ya conocéis el plan, vos terminas con ella y yo me encargo de él— dijo mi hermano.

— ¿Cómo queréis que lo haga?—pregunté.

—Te lo dejo a tu criterio.

Fui a la habitación, ahí estaba la señora durmiendo tan tranquila, ya muy cerca de ella sentí su respiración como entraba el aire por su nariz y salía rítmicamente. -¿Cómo sería sacarle oxígeno a una persona sin tocarla?-, pensé. De pronto me di cuenta de que ya no respiraba, no tenía pulso. "Sin que la tocara o apuñalara, Johanna estaba muerta".

Me reuní con mi hermano que estaba apoyado en el marco de la puerta, el aire estaba pesado era difícil respirar como si hubiesen prendido el gas. Me acerque a mi hermano.

—Tengo que decirte algo muy importante.

—Ahora no, ellos llegarán pronto tenemos que irnos— me ordenó 

Bajamos corriendo las escaleras lo más rápido posible y nos acercábamos a la puerta principal, cuando dos hombres grandes nos agarraron violentamente. Ellos ya estaban ahí esperándonos, nos tiraron en una camioneta tan bruscamente sin importarles que fuéramos niños. Este sobresalto nos dejaría un sentimiento de rencor en nuestras vidas. Lo único que nos mantenía vivos era estar juntos, eso nadie lo cambiaría nunca.

El odio a las personas no solo terminaría con ellos. Por seis años fuimos encerrados en un sótano lejos de la luz solar, en esta habitación de solo cuatro paredes. Nos sentíamos alejados de todo el mundo, como monstruos. Sólo nos tiraban la comida y se reían de nosotros. Nos bañaban con una manguera de chorro, porque decían que no querían pegarse nuestros gérmenes y solo teníamos un inodoro roto pero funcionaba. Todos los días y noches dormíamos en una sola cama y los días de invierno cuando pedíamos abrigo nos miraban y se iban dejándonos ahí tirados. Los meses de veranos ese lugar era un caldero hirviendo pero a ellos no les importaba nuestro bienestar y si moríamos para ellos sería una carga menos. "Teníamos que escarpar si o si"

Pero hoy se sentía algo diferente. Después de tantos años, se respiraba por primera vez lo que hace mucho habíamos perdido... libertad.

—Lo escuchaste.

—Sí, algo está pasando.

GEMELOS SOMBRADonde viven las historias. Descúbrelo ahora