Fue algo efímero, fugaz, algo que se quebró con facilidad, con la facilidad de quien tiene el don de destruir, así me perdiste, así te perdí. Tú ardias más que el mismísimo infierno, llevabas en ti un fuego, que yo, que estaba echa de poemas inspirados en ti, no pude extinguir, o no quise extinguir, tal vez lo que más amaba era arder, ver en llamas mis ideas, ver mares recorriendo mis mejillas, tal vez escribía para ti porque no era capaz de vivir lo que escribía, o quizás sabía que sólo lo soñaba, que ese final feliz no existiría. Puede que sólo dejara que me quemaras con la intención de que vinieras a sanar mis heridas, pero no aparecías, no volviste, hasta ese día, en el que ya no quedaban cenizas, ya habia restaurado todo en mi, cuando te vi cruzar la puerta con esa sonrisa, no necesite palabras para volver a creer en ti. Y asi fue, como me volviste a destruir, mientras yo creia que venias a ofrecerme la paz que mi corazón en silencio te habia implorado, tú sólo querías crear más caos, incendiar los pequeños lugares a los que no habías podido llegar, y volvió a pasar, volví a caer, volvi a probar el salado de las aguas que recorrian mi rostro, ardi tanto pero tanto, que deje de sentir, deje de extrañarte, deje de quererte, casi a la fuerza olvidé hasta tu nombre, y hoy vuelvo a ser quien era, ya no escribo para ti, ya lo que leo no me hace pensarte. En las grietas que dejaste crecieron flores que taparon mis heridas, y esos mares de mi rostro, que maldecia, se volvieron la paz que tanto buscaba y que nunca estuvo en ti...
