Para mí no existe la situación actual, el exilio y confinamiento social formaron parte de mi rutina diaria desde mucho antes que cierto virus se extendiera. El accidente de mis padres me dejó en completa soledad dentro de mi morada y la luz del sol no me parece tan atractiva ahora. Apenas doy un paso afuera para conseguir alimento, cosa que tampoco me atrae mucho ahora, hace 3 días que no como bocado.
Frente a mi escritorio se hallaba la silla de madera, donde siempre me siento. La silla suele crujir de forma algo molesta, pero con el tiempo el sonido se volvió una especie de arrullo mientras simplemente me ponía en cuclillas encima de esta. Casi no me movía, casi no entraba a internet si quiera, solo miraba de un lado a otro mientras apartaba los malos pensamientos de mi.
Recuerdos de mis padres, que ya no me hacían el desayuno. Mis padres, que ya no me llevaban al instituto. Mis padres, que dejaron de existir. Combatí el tortuoso recuerdo con una visión aún más tortuosa. Quedé en ropa interior para verme frente al espejo, mi cuerpo lucía como un cuadro de horror renacentista, solo salido de la mente transtornada del morboso artista. Las costillas notándose, el espacio entre los muslos creciente, brazos frágiles, los pechos incluso habían disminuido considerablemente su tamaño hasta ser una masa flácida que se caía - no usaba sostén en casa, así que podía verlos con claridad -. Verme así de mal por alguna razón me hacía sentir mejor, ni si quiera recordaba en qué estaba pensando antes de aquello, solo pensaba que mi deteriorado estado le quedaba muy bien a mi persona.
Me volteé, dispuesta a recoger mi ropa cuando la escucho. ''Andrea...'' dice una voz desconocida, cuando volteo solo veo mi reflejo. Me quedo viéndolo largo rato, esperando a que la presencia se haga presente, esperando a que la quietud se mueva. Pasan 5, 10, 20, 40 minutos, solo me quedo estática mirando a mis propios ojos, cuando el rostro vil del espejo produce una mueca retorcida, una sonrisa antinatural y con los ojos ennegreciéndose. Mi corazón dio brinco y me volteé rápidamente mientras mi pulso se aceleraba. Decidí ignorar el evento y me fui a la cama una vez se hizo de noche.
No pude dormir, no con esa voz sintiéndose tan cerca de mi oreja. ''Andrea...''. Las sábanas me cubrían hasta la nariz, mi respiración se volvía deficiente pero no importaba, solo procuraba estar de espaldas al espejo. ''Empieza a apestar, ¿no crees?'', la elaborada frase que escuché me hizo temblar y voltear hacia el espejo, solo para encontrar que mi reflejo... no, esa cosa dentro del vidrio, se hallaba sentada. Sentada y mirándome fijamente con esos ojos totalmente negros, incluso sin pupilas se notaba claramente que me estaba mirando, con esa sonrisa torcida que solo dejaba ver un hoyo sin fin dentro de eso, la cuenca de su boca no tenía dientes, ni lengua, ni nada. Igual se las arreglaba para articular las palabras, ''Andrea, ¿por qué?''.
— No te atrevas a preguntarme por qué, nadie puede preguntarme por qué, nadie puede decirme nada, por eso no salgo - mi voz temblorosa trataba de sonar retante para la criatura - ¡Nadie puede verme! ¡No soy nadie! Al menos aquí dentro de mi casa, no existo, no existo... - abracé mis rodillas con fuerza mientras la miraba - No hay nadie quien me juzgue aquí dentro, ¡es perfecto! Todos están en sus casas, todos están bien con sus familias, no hay por qué mirarme...
Pero el reflejo solo seguía diciendo ''Andrea, ¿por qué?''. Me harté y la ignoré, esperando que desapareciera luego, que se aburriera de mi como todos lo hacen y me dejara en paz. No fue así.
Cada día escuchaba ese susurro, tantas veces que pensé en perforarme los tímpanos, pero no tuve el valor. No podía pasar por un vaso de agua, si pasaba por el espejo del pasillo la veía de nuevo, y más horrible que antes. Dejé de tomar agua ese día, y al día siguiente, solo sentada en mi silla. Dicen que no puedes pasar mucho tiempo sin tomar agua, no importa. Llegó la fatídica noche donde mi falta de cordura ya se había vuelto el abismo de la in-sanidad.
Le grité, le grité a la criatura, le dije que se fuera, no me escuchó. Esa cosa infernal salió del espejo a terminar su tarea, a poner sus manos en mi cuello y privarme del aire que respiraba. Lo peor es que aún se parecía a mi, se veía mucho más horripilante y sus ojos ya solo eran cuencas, pero aún se veía como yo, ¿por qué?. Quise preguntar pero el aire se me iba, rápidamente me safé y rompí el espejo. El rostro de la criatura se deformó a algo aún más inhumano. Sonreí cuando la similitud entre nosotras se iba poco a poco. Corrí a romper el resto de espejos, mientras esa cosa me perseguía a cuatro patas y gran velocidad, pero fui más rápida en debilitarla, cada que rompía un espejo.
Esa cosa siguió persiguiéndome, no podía matarla, este pensamiento incluso me causó algo de gracia, no podía matarla... Llevé uno de los pedazos rotos de espejo en mi mano, corriendo hasta donde seguro no entraría: el sótano. Cerré rápidamente la puerta y corté mi muñeca. Sonreí al ver la sangre brotar poco a poco mientras mi vida se alejaba. Así también, aún consciente, comencé a oler el pútrido hedor que emanaba el sótano, habría vomitado en una situación normal pero el olor incluso era reconfortante para alguien como yo. Merecía oler algo tan horrible. Dí unos pocos pasos hasta llegar a ellos, mis padres yacían en el suelo. Sus cortes en el cuello se habían llenado de insectos y moscas, la piel ya verde y descompuesta relucía entre sus ropas formales.
La sangre seguía saliendo de mi muñeca mientras me debilitaba cada vez más, escuché de nuevo ''Andrea, ¿por qué?'', pero el monstruo no estaba ahí ya más y la voz era como la mía. Sentí una humedad rodar por mis mejillas, supongo que eran lágrimas. Me acurruqué junto a mis padres mientras susurraba un ''lo siento''.
YOU ARE READING
Andrea, ¿por qué?
Horror''¿Por qué?'' sonó la voz al costado de Andrea, dentro del confinamiento
