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Como empezó todo

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Nunca fui una niña de muchos novios, nunca presenté oficialmente a un chico en mi familia. Nunca he llevado a mi casa a comer a alguien que no sea un simple amigo. Pero, a decir verdad, hice todas estas cosas con la persona de la que estaba enamorada. Pero sh, mi mamá no lo ha sabido, hasta hoy.

Hola, soy Lucía Arévalo y esta es la historia de cómo me suicidé.

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Cualquiera que me viera ahora mismo pensaría que esta es una broma de muy mal gusto. Pero no es así. De hecho, si estás leyendo esto es porque yo ya no estoy presente entre ustedes, porque no pudiste hacer nada para salvarme, porque me veías como veías a los demás; como si no tuviera problemas, como si no fuese importante... Ojalá mi familia me hubiera visto como veían a los demás.

Nunca me consideré alguien calculador, pero el tiempo me fue enseñando que a veces necesitas saber demás para que no jueguen contigo. Es más, sé exactamente qué es lo que está pasando en mi ausencia; mucha gente se está culpando por no haberme ayudado. Las personas piensan que los suicidas andamos por ahí diciendo que atentaremos contra nuestra vida. Casi puedo oír todas esas frases estúpidas ahora mismo: ¨Era una gran chica, yo la conocía desde chiquita¨, ¨ ¿Qué le pasó? Se veía tan feliz¨, ¨Que egoísta fue, su familia debe estar destrozada¨ y cientos de frases insinuando que yo sólo buscaba llamar la atención. Gente que habla sin tener un argumento válido, porque, si lo piensas un poco, tú sabías de mí, pero no sabías mi historia.

Mis padres ahora deben estar diciendo que no tienen idea de que me pasó, que fue un descuido, que yo era inestable o cualquier otra cosa que los haga quedar de la mejor forma. Vamos a ver cuánto les dura la cobardía y entran en razón de que gracias a ellos el vecino del departamento de al lado encontró a su hija muerta y envuelta entre los periódicos más importantes del país.

Una vez escuché a alguien decir que cuando te disparas a ti mismo, por la cercanía del arma, no llegas a escuchar el sonido del balazo. Yo ni siquiera recuerdo haber cogido la pistola.

Sin más preámbulos, aquí va la historia de por qué me arrebaté la vida con una bala de 6 centímetros en el lado izquierdo del pecho.

Todo empezó en una sala de cine. Apenas entró supe que mi vida iba a cambiar. Vi sus ojos, su cara tan inocente, su mirada tan perdida y frágil a la vez y me dije: ¨Va a ser tan difícil cuando te pierda¨. Yo aún no tenía nada, ni siquiera nos habíamos dirigido palabra alguna, pero quería que fuera todo para mí. Y así pasó. No me había dado cuenta de que había entrado con una chica de la mano, que pronto se convertiría en mi debilidad. Esa chica bajita de lentes con 22 años se convirtió en mi cómplice, mi amiga, mi hermana.

Cuando ambas llegaron la película ya había empezado; no sé si fue el destino o pura coincidencia, pero subieron a la fila en donde yo estaba; sólo quedaba un asiento adelante y uno a mi lado, y para ser francos yo estaba temblando. Ellas no tuvieron problema al separarse, resulta que todas las personas que estaban cerca las conocían, era algo así como una salida de grupo al que ellas llegaban tarde.

La mujer pequeña se fue adelante, junto a sus amigas, mientras que el amor de mi vida se sentaba a mi costado. Al notar mi mirada sólo volteó y con una sonrisa que nunca podré olvidar, me dijo: ¨Hola, ¿eres nueva?¨. Yo quedé encantada. No tengo otras palabras para definirlo y sinceramente no quiero saber la cara que puse al responderle que sí. Los minutos fueron pasando y yo estaba totalmente entretenida con el tema de conversación que tenían entre ellos. Por Dios, era un cine, pero yo quería saber todo menos lo que pasaba en la película. Ellos hablaban de la gran afición que tenían por la cantante Camila Cabello, que increíblemente era mi cantante latina favorita. Entonces, me uní a la conversación y me sentí tan a gusto que no quería irme; la película ya había terminado y yo ya tenía grandes amigos con muchas cosas en común; pero, para pesar mío, no tuve interacción con aquellos ojos chinitos que tanto me habían gustado. Cuando llegué a casa, ellos habían agregado mi número al grupo de Whatsapp que tenían y varias chicas me escribieron internamente para conversar. Fue lindo, pero en ese momento yo sólo quería saber de alguien. Entré a la lista de contactos que estaban en el grupo y empecé a bajar entre los 123 miembros, hasta que encontré su foto. Estaba ahí, en ese grupo, con ese nombre tan bonito; no pude hacer más que agendar el número y quedarme quieta. ¿Qué haría ahora? ¿Cómo le hablaría sin que pensara que estaba loca? De tanto pensar en eso, caí en un sueño profundo hasta la mañana siguiente que salté de mi cama con un solo brinco. Usualmente, cuando me despierto lo primero que hago es coger mi teléfono y responder mensajes que dejé pendientes la noche anterior, pero al ver su nombre entre los mensajes recientes sentí como se me revolvía el estómago de una manera casi inmediata. ¡Me había hablado! ¡A mí! Yo no podía pensar en nada más que en cómo se llamarían nuestros hijos. Quizás la mujercita se llamaría Tábatah y el varoncito Giacomo; pero bueno, eso era algo que podíamos discutir después.

Me quedé tanto tiempo mirando el mensaje que volvió a escribir, diciendo: ¨¿Hola? Entonces, ¿eres o no la chica que estaba sentada al lado mío?¨ 

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⏰ Last updated: Jun 15, 2020 ⏰

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