Capitulo 1: El nacimiento de una marca

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La noche era fría y el viento gélido que anunciaba el inicio del invierno azotaba una pequeña choza de esclavos humanos, los sonidos del viento chocando contra las ventanas se mezclaban con los gritos de dolor de una mujer. Dentro, un joven aguardaba en el comedor caminando en círculos alrededor de una pequeña mesa de madera astillada, se mordía las uñas mientras esperaba por recibir noticias del otro lado de la habitación donde su esposa estaba dando a luz su primer hijo. La choza era pequeña, apenas habitable para la pareja de recién casados. Dos esclavos pertenecientes al mismo amo no tenían mucho de qué presumir económicamente, todo el inmueble era de madera y las paredes de piedra y lodo. La clásica vivienda de todos los esclavos humanos en esa región.

Tras horas de gritos y gemidos de dolor llenaron el silencio de toda la choza, una anciana encorvada abrió la puerta de la habitación. Tenía una sonrisa alegre que contrastaba su rostro lleno de arrugas y pecas. Sacó un trapo de su delantal para limpiarse las manos llenas de sangre.

- ¿Ésta bien? - preguntó el marido con evidente preocupación en su tono.

La anciana asintió.

- Puede pasar a ver a su esposa y su bebé.

El joven no esperó más y entró a la habitación donde su esposa se encontraba acostada abrazando un bulto pequeño. Al mirarlo le dedicó una amplia sonrisa, su rostro estaba rojo y brillante de sudor por el esfuerzo de su labor de parto.

- Es una niña. - dijo sonriendo.

Al joven se le cortó la respiración.

- Una niña - repitió

El padre, emocionado, se acercó a la cama con su esposa y al dar el primer paso algo vibró en el ambiente. Los fuertes vientos de afuera dejaron de correr tan rápido, la madera de la choza comenzó a crujir como si estuviera susurrando una advertencia a sus dueños, el silencio se volvió pesado.

Los humanos no lo ven, pero algunos sienten cuando el Nahualot se hace presente, siempre hay algo en la forma que el ambiente cambia al momento de su arribo, incluso algunos llegan a sentir que su piel se eriza a pesar de encontrarse en el sol. Sin embargo, ninguno de los padres había esperado que el Nahualot se hiciera presente en el nacimiento de su bebé; la magia estaba reservada para los monstruos inmortales que los gobernaban, como su amo. Si alguien de ellos hubiese estado presente en la choza en ese momento, se habría percatado de que algo estaba sucediendo, que el Nahualot cambiaba con la llegada de la recién nacida. Pero solo había humanos esa noche, así que nadie pudo distinguir lo que estaba sucediendo y atribuyeron aquella extraña sensación en sus sentidos al mal clima del exterior, ignorando por completo la realidad.

La bebe era pequeña y silenciosa, demasiado delgada, con mechones de cabello negro como el cielo nocturno.

- Nació con cabello - dijo la madre orgullosa mientras acariciaba la cabeza de su hija con delicadeza.

No lloraba, no estaba hambrienta y no se movía demasiado. Una bebé tranquila. Los padres, sentados en la cama, contemplaban con amor a su nuevo integrante cuando de un momento a otro la pequeña comenzó a llorar sin motivo. Mientras el Nahualot, aquella esencia misma de la energía y el poder del mundo, se adaptaba a la nueva presencia de vida, nadie estaba consciente de que en realidad aquel nacimiento significaba más que cualquier otro, era único. A través del viento viajó una voz ajena a los padres y la partera. Se acercó al oído de la bebé y le susurró un nombre cantado como una dulce canción de cuna. La voz derramaba dulzura y amor cuando la bebé la escuchó y dejó de llorar. Pero los bebés son muy pequeños y sus memorias muy resbaladizas, los recuerdos se vuelven bizarros y confusos al punto que la memoria los hace a un lado. Ningún humano tiene la memoria fresca de su nacimiento y ésta bebe pronto desechará el recuerdo de la voz cariñosa que le dió un nombre. Que se lo canto. Aquel canto que solo la pequeña pudo escuchar. 

BälakWhere stories live. Discover now