- ¡Ya voy! - grito a mis amigas que me apuran desde la habitación de abajo, mientras me pongo el bikini. Llegué esta mañana y admito que entre desarmar mi maleta y cambiarme, me he tomado un tiempo, por lo que no las culpo al apurarme.
Ellas se llaman Ivette y Zarya, yo fui bautizada como Abril. Somos amigas desde que tengo recuerdo, aunque ellas son solo una parte de mis amistades inseparables, en total somos cinco amigas, que nos conocimos en la escuela.
Todos los veranos venimos las cinco al lago, repartidas en dos casas, la de Cora o la de Ivette. Con Zarya este año nos tocó en la última.
Mis mejores recuerdos han surgido de los veranos que he pasado aquí, es una combinación perfecta entre relajación, diversión, amistad y familia (las familias de mis amigas ya se sienten como si fueran parte de la mía).
Luego de un rato, mis amigas ya no insisten en que me apure, pero aun así bajo las escaleras corriendo.
- Ya no es necesario que corras, perdimos el primer turno del bote, tendremos que tomar el segundo. - exclama Ivette algo molesta.
- Perdónenme chicas, parece que traje demasiada ropa. - respondo.
- Calla mujer que tus disculpas no nos devolverán el turno en el bote - replica Zarya sobreactuando como siempre. Zarya es una chica exagerada, aunque en el buen sentido, le encanta el drama y el brillo. Cuando desea algo, se puede convertir en una verdadera actriz para conseguirlo.
- Ya, ya, tranquilas, si su prisa es debida a los chicos, ellos sabrán esperar, si es que tanto valen la pena como ustedes dicen.
Este año llegué un poco después que mis amigas al lago, debido a mis vacaciones familiares. Tengo varios hermanos, pero soy la favorita de mis padres, aunque estoy convencida de que eso lo dicen a cada uno de nosotros.
Durante los días que yo no estuve, mis amigas conocieron a unos chicos de veinte años, un par de años mayor que nosotras, con los que se han llevado muy bien, por lo que están empeñadísimas en que los conozca rápido.
Es tradición de los que vienen al lago, ir todos los veranos a saltar en una roca de unos ocho metros, para caer en el agua después de haber hecho un truco. Esta roca queda en una isla, por lo que el día en el que se planifica es muy esperado, ya que asiste muchísima gente y se come muy bien.
Después de tomar el segundo turno del bote, llegamos a la isla donde Cora y Vega nos esperan. En cuanto nos topamos, enseguida una empuja a la otra y en menos de un minuto ya estamos todas sumergidas en el lago, riéndonos y mojándonos en esas refrescantes aguas cristalinas. Estos momentos son los que más disfruto con mis amigas, es impresionante como nos volvemos inmune a la tristeza y por más que haya algún problema que atormente a alguna, este se esfuma ante nuestras fuertes y sanadoras risas.
Somos distintas y la gente no nos entiende, solo nos quiere. No hay vez que en nuestras "Reuniones Moradas" no hagamos algo fuera de lo común, por algo las llamamos así. Nos denominamos "Las Fikas", un término sueco que se refiere a un momento para detenerse y apreciar las cosas buenas de la vida, como un café con las amigas. Claramente la que se encargó de darle este nombre a nuestro grupo fue Vega, quien vive leyendo libros extraños y tiene un extenso conocimiento de datos curiosos y muchas veces irrelevantes. A todas nos ha gustado siempre esta palabra, por lo que sentimos que nuestro nombre es bastante especial y único.
La isla está llena de gente, incluso más que en otros años. Estando aquí y viendo mi entorno, me emociono con el simple hecho de pensar de que es recién el inicio de una de mis épocas favoritas del año, en uno de los lugares más lindos que existe, al menos para mí.
Después de salir del agua, con los labios morados por el largo tiempo que pasamos dentro, figuramos tendidas en las toallas con la risa todavía pegada, cuando llegan los chicos de los que tanto me habían hablado.
- ¡Vaya, sí que son guapos! - le susurro a Cora que se encuentra a mi lado.
Ellos nos saludan y nos invitan a saltar a la roca, pero Vega les dice que nos veníamos saliendo recién del agua.
- Bueno, entonces esperamos verlas en la noche, vengan a la casa de Beltrán antes de la fiesta - nos dice uno de ellos.
Y nosotras aceptamos a coro, mientras ellos se alejan dirigiéndose a la roca.
- Viste como Gaspar te miraba Abril, no podía sacarte los ojos de encima, que afortunada eres, seguro que hoy en la noche terminan juntos - suspira Zarya.
- Tonterías Zarya, siempre tan exagerada, probablemente estaba mirándonos a todas. Además, yo no estoy en busca de nadie - le aclaro.
- Ay, como si alguna vez lo estuvieras ¿podrías por alguna vez emocionarte por un chico?
- Si lo hago, solo que en este caso no encuentro nada de qué emocionarse. Sí, me parecieron apuestos y educados, pero sería todo.
Una vez secas, vamos junto a Ivette y Vega a tirarnos a la famosa roca, mientras que las otras siguen con su "fotosíntesis".
Al llegar, algunos de los chicos siguen tirándose de la roca haciendo arriesgados mortales y piqueros.
Vega es la primera de nosotras en tirarse en un impresionante mortal hacia atrás, ella jamás les teme a estas cosas. Ivette se sienta a ver cómo la gente hace trucos y a esperar su turno para tirarse.
- Así que tú eres la que faltaba de las Fikas - me doy la vuelta y me encuentro con un hombre increíblemente apuesto sonriéndome.
- Soy Falco, conocí a tus amigas hace unos días y me hablaron mucho de la que faltaba, una tal Abril - continúa.
- Pues esa soy yo, un gusto Falco - le respondo.
- ¡Abril! ¡Solo faltas tú! - me grita Vega desde el agua.
- ¿Nos vemos en la noche? - me pregunta él.
Le sonrió y me tiro un piquero al agua, que para mí fortuna sale perfecto.
