El futuro rey de Mobius caminaba con apresuro entre los pasillos, intentaba escabullirse entre los pasadizos intentando alejar el momento en el que conocería a su prometido, como era común en los reinos, su matrimonio había sido arreglado con otro príncipe.
No sabía quién era, pues sus padres habían decidido quien sería, no sabía si mantenía su edad o era alguien mayor, si era guapo, si era "su tipo", siempre había sido alguien de mente liberal y se consideraba a si mismo bisexual en todos los sentidos.
Una vez que entro en una pequeña habitación tomó asiento y abrazo sus piernas, a pesar de intentar mentalizarse durante toda la semana los nervios habían decidido traicionarlo.
-¡Maurice! ¡Cariño! ¿En donde te has ocultado ahora? -Escucho la suave voz de su madre -¡Debemos embarcarnos cuanto antes! ¡Sería una descortesía llegar tarde!
Tomó aire una vez que su cuerpo se tenso, sabía que su actitud era demasiado infantil pero, no estaba listo para algo así, recién había cumplido sus 17 años.
Los pasos de su madre le hicieron temblar y ocultar su cabeza, no quería hacerlo, tenía miedo, ¿Y si lo arruinaba todo? ¿Y si por su culpa creaba una guerra? ¿Y si cuando se casarán aquel príncipe decidía forzarlo? Negó de forma inmediata.
-¡Maurice! ¡Mi amor! Se que estás nervioso cariño, pero verás que todo saldrá bien y lograrás llenar este reino de prosperidad, estoy segura de que serás feliz, sabes que mamá jamás te dejaría en manos de alguien que dañe tu espíritu -Suspiro y seguido tomó aire - Y si decides que él no es el indicado, dejaré que seas tú quien decida si quiere llevar acabo la ceremonia, nunca te forzaría a algo que dañe tu preciado corazón.
De pronto aquella cortina que lo ocultaba fue abierta asiendolo soltar un brinco mientras sus ojos se critalizaban.
-Tengo miedo -Fue lo único que atino a decir.
-Mamá te protegerá -Dijo su madre mientras lo acunaba en sus brazos.
(...)
-Debes comportarte -Siguió diciendo su padre.
Llevaba todo el viaje ordenándole como actuar, que debía decir, como debía comer, como debía sentarse, solo le faltaba explicarle cómo orinar.
-Basta, ¿No vez que lo estás poniendo aún peor?-Le defendió su madre.
El peli-azul simplemente suspiro y observo a la ventana, nuevamente tendrían otra discusión por su culpa.
-¡Solo quiero que por una vez actúe de forma apropiada! ¡Siempre anda correteando por todos lados!-Respondio molesto su padre.
-¡Si se van a casar él debe aceptarlo tal y como es!
Cerro sus ojos, no quería seguir repitiendo esa escena, todos los días iniciaba una nueva discusión, Manic su hermano solía decirle que era a causa de su irresponsabilidad y que su madre siempre lo prefería a él, mientras Sonia solía decirle que ambos se amaban, pero en cada matrimonio siempre había peleas, que era lo habitual, que sabían arreglarse y volverse a amar.
¿Estaba listo para vivir lo mismo? Había decidido sacrificarse a pesar de Manic, quien se había ofrecido como el heredero, no quería para su hermano menor algo así, quería que conociera el amor, aunque eso le había hecho enfurecer y el menor le había dejado de dirigir la palabra, Sonia simplemente había decidido mantenerse fuera del reino.
Su familia cada día estaba más separada y no dejaba de creer que la causa era él, siempre en cada discusión o queja estaba el peli-azul de por medio, algo que le hacía decaer aún más.
Entonces lo decidió.
Sin importar aceptaría la propuesta, lo peor que podía hacer era rechazar el matrimonio, no quería volver a ser el causante de los problemas.
(...)
El palacio era esplendoroso, brillante y no había otro color que el blanco, excluyendo el magnífico jardín que adornaba aquel lugar, una vez que la carroza paro frente a las gigantescas puertas pudo observar a los gobernantes, a excepción de quien sería su ahora prometido, ¿Dónde estaba?.
Una idea paso por su cabeza pero de forma inmediata negó, no podía ser aquel hombre de pie, era demasiado mayor, tragó saliva y una vez que sus padre bajaron les siguió, dando una ligera reverencia.
-¡Pero mira! ¡Es hermoso!-Escucho decir a la reina.
-¡Sean bienvenidos!-Dijo el hombre -Espero que les sea agradable su estadía aquí, decidimos preparar las mejores habitaciones del palacio para ustedes.
Sin poder evitarlo giro a ver en ambos lados buscando a aquel hombre que se convertiría en su futuro esposo.
Seguido escucho la risita de la mujer.
-Parece que alguien está impaciente -Decía con suavidad -Mi retoño está en el jardín, como puedes ver su amor por la naturaleza es magnífico, el mismo se encarga del cuidado de cada planta del jardín.
Sonrió, eso era bueno ¿No?, Ya tenían algo en común, pero aún así, podía ser un chico loco con lentes de fondo de botella y sucio, suspiro y nuevamente su ánimo cayó.
-Maurice estaba tan nervioso por venir -Escucho decir a su madre -Tenia miedo a equivocarse.
Giro a observar a su madre sorprendido, ¡Le había prometido no decir nada!
-¡Oh! ¡Que tierno!-La mujer llamo a un guardia -Lleva al joven príncipe con mi tesoro, por favor.
Aquel hombre hizo una reverencia y seguido se giro hacía el.
-Sigame por favor, su majestad.
(...)
El menor siguió caminado por lo jardines, le había pedido que le dejará ahí, el hombre simplemente le había dicho que a unos pasos más allá se encontraba su príncipe.
Observaba con atención cada flor que crecía en aquel lugar, había un pequeño camino que te guiaba a caminar sin lastimar a alguna, estaba fascinado.
A lo lejos diviso un cuerpo, vestía un uniforme blanco y una capa del mismo color, se mantenía agachado frente a una rosa azul, parecía rociar agua en ella con delicadeza mientras sus enguantadas manos la tomaban con delicadeza.
-Espero no planees cortarla -Dijo sin pensar una vez que estuvo detrás de él.
Aquel chico soltó un pequeño brinco pero de forma inmediata una risita escapó de sus labios.
-A veces debes aprender a admirar la belleza en la lejanía, los deseos humanos suelen ser egoístas, si lo hiciera estaría privando a los demás de admirar su belleza, estaría recluida sin poder mostrar todo su esplendor -Su voz era casi como el viento, suave -He aprendido que mientras más libres sean, más notoria es su belleza, la flor que se ve marchita lo muestra desde dentro, es entonces que necesitas saber cuándo no está feliz, si decides esperar eso la terminaría matando.
El peli-azul suspiro y asintió para seguido dar otro paso, fue entonces que se percató de aquel rubio cabello como el sol, de esa pálida piel como la nieve y unos rojizos labios.
-Puedo ver con claridad que es feliz aquí-Contesto Sonic.
El rubio asintió y seguido se levanto, en cuanto su rostro giro a observarlo aquellas orbes zafiro lo atraparon, mientras el otro se mantenía observando los esmeralda.
-Mi nombre es Miles -Se presento - Tu debes ser Maurice.
Sin poder evitarlo hizo un puchero.
-Si, pero, preferiría que me llamaras Sonic.
El rubio asintió con una sonrisa y seguido una reverencia.
-Entonces permíteme decir, que eres la flor que más resplandece en el jardín.
Sin poder evitarlo un sonrojo atravesó sus mejillas.
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Dedicada: mercurio_O7
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