Hola, soy Adam, Adam Acosta; y soy un asesino. Cuando era niño recuerdo que todos los libros que leía tenían un título con demasiado suspenso, eso era exasperante, y se omitirá en este caso. Me canse de ser discreto. Sé que lo más probable es que nadie lea esto, pero, si haciendo esto puedo obtener un bienestar personal, que así sea.
No sé qué pretendo haciendo esto, no sé en qué terminará, ni sé cómo avanzará; tal vez, este, en algún futuro sea considerado como una biblia para los asesinos, o tal vez solo sea reconocido como una confesión de crímenes de alguien aparentemente loco, no lo sé.
Muchos piensan que un asesino tiene que ser alguien callado, introvertido, con problemas mentales, o traumas personales, pero ese no es mi caso; por lo menos, yo no lo reconozco así. En mi niñez y en mi adolescencia, fui alguien muy extrovertido; así me reconocieron y me describieron siempre, alguien para hablar de todo, pero que, sin embargo, nunca era de llamar la atención en momentos poco oportunos. Sé que la mayor parte de asesinos son la escoria de la sociedad, pero yo no soy así, y les voy a decir porque: jamás le hice daño a una buena persona, nunca lastime a quién no se lo merecía; y esto es necesario de aclarar, ya que es una línea que nunca cruce, y tampoco lo haré.
Voy a empezar el vistazo a mi vida narrando cómo empezó todo. Cuando era más joven tenía muchos defectos, uno de esos es que era muy tonto e ingenuo como cualquier adolescente, o eso creo. No siempre fui lo que soy en este momento, sea bueno o malo, yo ayude a cambiar el mundo, solo que ustedes jamás se enteraron; solo vean y juzguen por ustedes, que no siempre uno es lo que parece. Diciendo y aclarando esto, solo pretendo que no me juzguen sin antes llegar al último capítulo.
Todo comenzó en una fiesta, a la cual fui con varios amigos. La noche transcurría con total normalidad; estábamos bebiendo, jugando y divirtiéndonos. No recuerdo en qué preciso momento sucedió, pero casi a mitad de la noche me percate de mi estado deplorable. Todos estábamos descontrolados. Nunca fui de beber sin moderación, pero esa noche los problemas personales me ganaban, y lo único que me separaba de un derrumbe emocional era el alcohol. Recuperé el control, y conocimiento, luego de unas horas; para mi gran sorpresa desperté en el auto de mi amigo. Estábamos todos completamente ebrios; nadie se encontraba en un buen estado, y para nuestra mala suerte, éramos cinco estúpidos totalmente ebrios en un auto. Cómicamente, y para agravar la situación, otro grupo amigos nos seguían por detrás, y por supuesto, también se encontraban en un estado igual o peor que el nuestro. Luego de una hora conduciendo, llegamos a una calle oscura y realmente tenebrosa. Mientras reíamos y charlábamos, algo de la nada cruzo por la calle; nadie supo describir bien qué fue lo que pasó a gran velocidad. Cuando eso sucedió, mi amigo, quien conducía, intento esquivarlo a gran velocidad, pero perdió el control del vehículo, y sin intención atropelló a un hombre que estaba caminando por la zona. En el momento no lo pensé, pero era algo raro: ver a un hombre caminando por allí a mitad de la noche. Cuando me percaté de lo que había pasado, comencé a pensar y pensar: "nadie creerá lo que paso", "vamos a estar encerrados por el resto de nuestras vidas", "nos merecemos lo peor". Y mientras yo pensaba, y pensaba, me invadió una sensación de miedo e impotencia que jamás podré describir. Un sentimiento de pánico me invadió, a tal punto que tome mi teléfono para llamar a la policía, obviamente cuando mis amigos vieron lo que estaba haciendo, me sujetaron y me dijeron que eso nos arruinaría la vida. Estaba desesperado, y culpa de esa misma desesperación, mezclada con bastante miedo, me influenciar y acepte no llamar a nadie.
Me detuve por unos segundos, pensé y reflexioné, sabía lo que debía hacer. Había tres graves problemas: teníamos que deshacernos del cuerpo, crear una historia de huida para el difunto, y hacer creer esta historia a la familia. Me acerqué al cuerpo y comencé a analizarlo: era un hombre de unos cuarenta años; tenía pelo castaño oscuro; complexión robusta; nudillos marcados; cicatrices en abdomen bajo y mejilla derecha; llevaba una vestimenta casual, pero en la izquierda llevaba un Rolex muy ostentoso, y en cada mano tenía un anillo Bvlgari de oro, obviamente muy costosos. Al ver esto pude saber a simple vista que ese hombre era alguien poderoso; saqué su billetera; en ella se encontraba su información personal: el hombre se llamaba "Vincenzo Di Stefano", y era de nacionalidad italiana. Ya sabiendo todo esto, pude tener una mínima idea de cómo proseguir. Todos mis amigos estaban totalmente aterrados, pero a la vez no querían llamar a la policía, me di cuenta de que, en ese estado, solo serian un estorbo; dije que me encargaría de todo junto a otros dos chicos, sólo necesitaba un poco de dinero. Quiero aclarar que no lo dije para ser el héroe, pero si algo aprendí en mi vida es que, si dejas que los demás hagan lo que puedes hacer tú mismo, lo harán todo mal, y es mejor prevenir que lamentar.
Como dije, me quedé con dos chicos. Le pedí el auto a mi amigo, quién me lo dio sin decir palabra alguna. Fuimos a comprar materiales para hacer desaparecer el cuerpo. Aunque se trataba de algo muy complicado, se puede conseguir mediante la inmersión del cadáver en sustancias corrosivas, el ácido sulfúrico causa quemaduras severas en los tejidos cuando entra en contacto con la piel; y el ácido clorhídrico disuelve la parte mineral de los huesos, también necesitábamos un recipiente grande en donde poner todo, más específicamente un recipiente de polietileno. Cuando terminamos de comprar todo, llevamos el cuerpo del hombre a las afueras de la ciudad, en donde nadie nos iba a encontrar. Primero había que sacar y quemar toda la ropa del sujeto, luego verter el ácido en un contenedor con plástico de polietileno que podía resistir dicho ácido; ya hecho eso, cavamos un pozo para desecharlo y poder irnos a casa. Tardamos demasiado, fue muy agotador, pero luego de mucho tiempo y mucho esfuerzo ya habíamos terminado. Estaba comenzando a salir el sol, y ya exhaustos, nos fuimos cada uno a su respectiva casa, para poder descansar y olvidar lo sucedido; pero antes de eso teníamos que hacer una pantalla que desvíe la atención. Recordando el aspecto del sujeto, su ropa y su joyería, pude intuir que ese hombre era alguien importante, y no era imposible su desaparición debido a negocios turbios; llame a la esposa diciendo que era amigo de su esposo, le dije con una voz quebrantada, y asustada, que nos involucramos en un conflicto de negocios con unas personas muy peligrosas, le dije que teníamos planeado volver a Italia, y así desaparecer; le suplique que no nos siguiera, y en cuanto la mujer intentó decir algo, le colgué, y destroce el teléfono en la calle. Ya habíamos terminado todo, y para nuestra suerte salió todo bien.
Pasaron unos días y la señora no había dado aviso a la policía local, parecía que nos libramos. Luego de ese muy trágico suceso, no pude ver de la misma forma a ninguno de mis amigos, y no solo fue porque me arrastraron en su río de mierda, sino también, porque después de que, yo, les salvara el culo, no tuvieron la mínima decencia de dar un simple gracias; es más, uno de ellos me pidió que me alejara de él. Y así, amigos, es cómo rápidamente y por un conflicto externo a mi vida cotidiana, pude darme cuenta de que mis supuestos amigos eran unos verdaderos ingratos; pero algo bueno saqué de todo esto: me di cuenta de que no sentí ningún remordimiento al haber solucionado de una manera tan profesional y eficaz ese problema, que seguramente si no fuera por mis grandes pelotas, todos, incluido yo, estaríamos en la cárcel por el homicidio involuntario de ese pobre hombre; el decir todo esto no indica que yo soy un hombre sin corazón, la verdad es que esta situación me hizo valorar aún más la vida humana, también me abrió los ojos. Ese día murió un hombre, tal vez era bueno, o tal vez era malo, pero al ver todo lo sucedido, ese mismo día, jure que jamás dejaría la muerte en manos del azar; estaba dispuesto a hacer todo lo que estuviera en mi poder para no permitir que mueran más hombres buenos que malos. Estaba tomando una decisión que tal vez arruinaría mi mente, pero estaba dispuesto a hacer todo para equilibrar la balanza; y así fue como de una semana para la otra, estaba decidido a poner en juego mi libertad y hasta mi vida para aportar mi grano de arena a la humanidad. Yo no soy Dios, y tampoco me creo él, pero para lograr mi objetivo tendría que adoptar un papel similar. Esto no era lo que tenía planeado para mi futuro, obviamente, alguien de mi edad solo pensaría en conocer mujeres, poder hacer el amor por primera vez, pero algo dentro de mí siempre supo que yo no era como los demás, por lo general veía todo desde otro punto de vista, siempre podía pensar en más de una solución para los problemas, nunca tuve la necesidad de complacer a alguien, y jamás me di el lujo de ponerme a la altura de mis, básicos, compañeros. En fin, ya había tomado la decisión, no era algo que planee, pero era lo que tenía que hacer, y lo que quería hacer; nunca es tarde para reescribir tu historia ¿no lo creen?
YOU ARE READING
"Crónicas de un asesino".
General FictionLa vida de un hombre con buenas intenciones. No importan los medios, lo que sí importa es lo que harás con ellos; a quien dañaras y a quien salvarás. Depende solo de ti y tu moral. ¿O no? Si tienes que tomar una decisión por el bienestar de tu vida...
