Capítulo I: La choza de las Ninfas

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En el pueblo de Andrómeda, a tres horas de la ciudad capital de Metalgía, era una tarde de verano. La cosecha estaba a su punto de empezar, fue un año de bonanza para el campo, por lo que los jimadores, contentos por la buena cosecha cortan con fervor las pencas del agave. Uno de esos jimadores era una jovencita de 19 años que esperaba con fervor que su pequeña familia tuviese su bonanza, por lo que al terminar varios agaves va corriendo con su hermana mayor emocionada exclamando.

-¡Hermana! ¡Hermana!- Casi tropezando con su larga falda turquesa.

- ¿Qué pasa Roxanne? ¿¡Te pasó algo!?- Dijo su hermana acercándose a ella.

- ¿Algún día tendremos nuestra bonanza? - Le dijo Roxanne con los ojos brillantes.

Su hermana mayor la abrazó fuerte y aunque hacía calor a ellas no les disgustaba. Por dentro Roxanne no comprendía lo que pasaba, pero le encantaba cuándo la abrazaba y la mimaba ya que su hermana mayor es cómo su madre.

- Hermana no entiendo por qué me abrazas. - Dijo confundida.

-Haces preguntas algo dolorosas. Sabes de nuestra situación, esta es una buena cosecha, pero normalmente vivimos casi al día. Por eso les estoy inculcando la importancia del ahorro, cómo lo explicó el Profesor Wallafox... - Dijo con un tono algo triste.

Roxanne puso una cara seria ya que sintió que su vida sería miserable por siempre así que bajo un poco su postura y sonrió forzadamente como para decirle a su hermana "Está todo bien, no tienes que preocuparte, soy feliz" pero, aunque sus pensamientos eran muy pesimistas, en el fondo le gustaba soñar con una vida mejor.

-¡Hey! no te deprimas babas... ¡Claro que tendremos nuestra bonanza algún día! Las amo demasiado a ti y a Emily, son mi prioridad y mi única familia.

Roxanne cambió su rostro al ver la determinación de su hermana, era una chica algo manipulable con lo que le decían, pero siempre confiaba en su hermana.

Terminando la jima fueron con el ejidatario para recibir su paga, por la gran cosecha que tuvieron, consiguieron 600 barras de cobre, el quíntuple de lo que ganaban regularmente. Tomaron sus herramientas y cruzaron 6 hectáreas para salir de la viña del señor Cactaller. La brisa era fresca y pronto iba a atardecer con unos lindo colores rosa y azul frío en el cielo. Al salir del viñedo aún quedaba medio kilómetro para llegar a la casa del señor Wallafox donde esperaba la pequeña Emily.

-Helen... ya no puedo caminar...-Dijo Roxanne arrastrando los pies.

-No seas una holgazana, ya mero llegamos y ya es de noche, creo que nos quedaremos a dormir en casa del señor Wallafox, si es que nos quiere dar posada.

-Claro que nos dará posada, siempre nos da posada cuando lo necesitamos, ¿por qué siempre desconfías de todos?- Dijo Roxanne con Pucheros.

-Veo que tienes energías para alegar pero no para caminar, babas- Dijo en forma de burla y riéndose.

Llegaron a la mansión Wallafox, Hogar del Profesor Herny Nick Wallafox, científico con un doctorado en Astrobiología a sus 30 años. Tiene linaje de científicos, por lo que ha realizado investigaciones de varias generaciones.

Las chicas tocaron el portón con delicadeza y se abrió automáticamente gracias al reconocimiento facial que ya tenía registrada sus identidades. Caminaron por la vereda de losas de piedra hasta llegar a la puerta de la mansión, pero antes de tocarla, la misma se abre rápidamente y sale disparada Emily aventándose hacia Helen.

-¡¡HELEN!!

Helen la toma con la fuerza que le quedaba, y aun estando exhausta, la carga con amor y le besa la mejilla, saliendo después de ello el profesor Wallafox.

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