Parte 1

24 1 0
                                        

Basta con tomar un lápiz y una hoja de papel para escribir tus emociones, ¿qué pasa conmigo? hoy no tengo nada que escribir, suspiro y miro a la hoja frente a mi, estaba completamente vacía, creo que por el día de hoy omitiré esa parte de escribir lo que siento, ya será en otro momento - esto vengo repitiendo dos meses seguidos -.
Tomo mi bolso y salgo de mi departamento para ir a mi trabajo, honestamente me gusta trabajar en la cafetería de mi tía, el olor a café es algo que en realidad puede hacerme sentir algo, felicidad.
No voy a hablar de mi día, pasa lento, hay clientes buenos y clientes completamente fastidiosos, la vista al centro de Coyoacán es algo que vale la pena.
- ¡Emilia! ¿cómo vas? - Mi tía sale de la cocina luciendo completamente arreglada, me sorprende verla así, sin embargo, luce preciosa con su vestido rosa pastel, combinaba con su cabello corto y castaño, y ese collar de perlas que reconocía al instante, fue un regalo de parte de su hermano, mi padre, en su cumpleaños número 39.
- Voy demasiado normal tía, o sea que bien. - no pude evitar sonreírle.
- Perfecto, quería saber si por el día de hoy podías cerrar la cafetería. - Su rostro cambia de repente y puedo notarla un poco ruborizada.
- Claro, no hay problema. ¿Pasó algo?
- No, no, es que tengo una cita. - Ríe levemente.
- No se diga más. - Tomo las llaves de la cafetería de sus manos. - Hoy te vas a tu cita y después me cuentas de la misteriosa mujer.
- ¿Podrás sobrevivir dos horas más tu sola?
- Por supuesto que si, anda, disfruta.- Mi tía me regala un beso en la mejilla y sale de la cafetería, y ahí estaba yo, feliz de verla salir de nuevo después de su divorcio de hace un año con su ex esposa.
Pasa el tiempo y veo que el reloj marca las 7:50 pm, ya tengo las mesas limpias y estoy casi lista para cerrar, pero escucho la puerta de la cafetería abrirse.
Entra un chico alto a la cafetería y se sienta en la barra.
- Hola, disculpa la hora. - Se veía algo mojado por la lluvia de afuera, no me daba confianza pero tampoco es que tenga un arma o algo así.
- Perdón pero ya está cerrado.
- El horario dice que cierran a las ocho, no creo que te tome mucho tiempo preparar un café americano grande, con dos de azúcar por favor. - Ríe levemente. Yo estaba completamente conmocionada con su respuesta tan grosera y arrogante, pero un cliente es un cliente, así que trato de dar mi mejor cara.
- Enseguida te lo preparo.
Saco de nuevo todo lo que guardé para preparar un solo café, el sólo sigue ahí sentado, analizando cada rincón de la cafetería, y después noto que me mira.
- Emilia, ¿no? - volteo a verlo y es inevitable no sentirme irritada.
- Si. - Le digo en seco.
- Vi la placa de tu nombre en tu camisa, soy Guillermo. - Lo dice como si en verdad estuviera interesada.
- Guillermo, aquí tienes tu café americano grande con dos de azúcar, son $50 pesos. - Sonrío de forma forzada. El sólo se limita a sonreír y sacar un billete de $50 pesos de su billetera para entregármelo.
Guillermo se levanta de la silla, y yo comienzo a guardar todo de nuevo, escucho cómo de repente empieza a quejarse.
- ¿Todo bien? - Pregunto.
- No, mira. - Miro a donde me señala y veo cómo la lluvia ligera se convierte en una tormenta casi catastrófica.
- Oh no. - Dije preocupada, había dejado mi paraguas en mi departamento, y no veía un sólo taxi en la calle.
- ¿Tienes cómo regresar a casa? - Guillermo vuelve a sentarse en la barra.
- Claro, tengo dinero suficiente para tomar un taxi a casa, ¿y tu?
- Digamos que tengo el suficiente dinero para tomar un bus a mi casa. - No se por qué río ante lo que dijo Guillermo, creo que se siente bien saber que no estoy tan jodida como pensaba.
- Pues entonces será mejor que estés preparado para mojarte bajo la lluvia.
- ¿Cómo? ¿Piensas dejarme en la lluvia mientras tu esperas en la comodidad de tu cafetería a que pase todo? - Me pregunta en un tono burlón.
- Claro que puedo hacerlo.
- Tuve que suponerlo, llego 10 minutos antes de que cierres la cafetería y ahora hay una tormenta afuera, lo merezco. - Guillermo se levanta de la barra y toma su café. - Por favor ve a casa a salvo, gracias por el café. - En verdad se iba a ir en plena tormenta, me sentiría culpable si un poste le cayera encima por no esperar un poco más en la cafetería, no lo conozco pero yo no soy una mala persona.
- ¡Espera! - Le grito a Guillermo ya que estaba en el umbral de la puerta, gira hacia mi. - Creo que puedes quedarte al menos hasta que pase un poco la tormenta.
Guillermo sonríe y cierra la puerta de la cafetería, vuelve a sentarse en la barra y voltea hacia mi.
- Prometo no molestarte. - Algo en su mirada decía que estaba equivocado y que me molestaría de mil maneras, me molestaba su presencia pero afortunadamente tenía muchas tazas que lavar.
- Puedes conectar tu celular, estaré lavando acá en la cocina. - Le dije y sólo asintió como un niño pequeño.

¿Mi tía la estará pasando bien? Sólo pensaba en eso mientras lavo las grandes tazas de café, escucho que tocan la puerta y veo a Guillermo en la entrada de la cocina.
- ¿Acabó la tormenta? - Me mira confundido.
- Llevas diez minutos aquí, no puede acabarse la tormenta en poco tiempo.
- Entonces puedes seguir esperando afuera. Guillermo ríe y se acerca a tomar un delantal.
- Te ayudo a lavar. - Ahora yo estaba confundida, ¿debía permitir lavar trastes a un cliente? seguramente mi tía estaría enojada, pero vamos, lo estoy dando un techo en lo que acaba la tormenta.
- Claro, ahí está el jabón. - Guillermo se pone en marcha y creo que jamás había visto a alguien tan feliz lavar los trastes mientras tararea "Boys don't cry" de The Cure que suena en mi pequeña bocina.
- ¿Puedes subirle un poco? amo esa canción. - Sonrío levemente y le hago caso, sólo porque también amo esa canción.
Y ahí estaba en la cocina de la cafetería de mi tía, cantando con un completo desconocido en medio de una tormenta y lavando tazas. Cada vez canta más fuerte y me mira para que me una a él, y es inevitable no seguir el ritmo de la música, creo que Guillermo no es tan irritante como pensaba.

Golden night Where stories live. Discover now