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Capítulo 1.
Las cosas que sucedian a mi alrededor se habia convertido en una constumbre, ya no la hacia como debía. Recuerdo que muy chiquita mi mamá nos ponía a orar y nos decía que siempre nos encomendaramos a Dios. Solo que mi inocencia se fue perdiendo a medida que crecía. Las cosas que realizaba por amor y obediencia, empecé a mirarlas con perjuicios y las preguntas como tales venían a mi. En realidad no pensaba que si lo que estaba pasando por mi mente era a causa de mis cambios físicos y mentales o bien era de mi falta de conexión con Dios, cosa que yo había permitido que sucediera, dejé de orar y ahora lo hacía solo cuando la cosa se apretaba- no estaba bien- y Dios en su misericordia siempre me escuchaba, aunque claro yo no valoraba nada. Me escuchaba porque cada vez que me arrodillaba le pedía perdón, con la esperanza de no volver a fallar, pero volvía a cometer los mismo errores y en su mayoria lo hacia concientemente.
Ya no se podía decir que yo era cristiana, mi conciencia me gritaba que no estaba realizando las cosas como lo haría alguien cristiano,un verdadero hijo de Dios. Mi desobediencia no tenía límite y mis pecados aumentaban.
Tenía 15 años, me estaba dormida en mis derrroches, mis pensamientos onicuos y mi relaciones fallidas. Siendo tan joven mi corazón ya era muy malo, le había fallado a mis padres, le fallé a Dios, me falle a mi mismo y fallé en el amor, ni yo misma era capaz de amarme.
Como podría quererme, era inútil, pero Dios se acordó de mi. Dios aún me quería rescatar. Las cosas que ocurrieron fueron tan inesperadas, los planes que tenía Dios eran desconocidos, me deje llevar sin saber que era cosa de Dios. Lo que comenzó como un juego termino reconstruyendome de adentro hacia fuera, las cosas mejoraron desde aquel momento que lo vi.
Actualidad.
La negación vino a mi al momento en que lo quede viendo por décima vez en el día, mi mente resistía unos segundos pero volvia a caer, desde hace una semana, no podía imaginar que me empezara a gustar, era muy atractivo verlo, me tomaba unos segundos para observarlo detenidamente, pero siempre quedada en vergüenza cada vez que él se daba cuenta de mi poco disimulo.
La tentación por saber quien era, sé adueñó de mi, así que decidí buscar ayuda a la persona indicada. - Ya me dirás su nombre?-
-no- respondió sin ninguna pizca de interés.
- por favor, no seas así - suplique.
- ¿Qué me das a cambio?- ahora si que habia interés en esa pregunta.
-lo que tú quieras, pero por favor- le suplique con la mirada, él la penso unos segundos.
- lo que sea- dije, esperando poder convercelo.
- hecho -
¡sí¡
- pero, cuando me tengas que devolver el favor, ya sabes que no te puedes retractar- señaló con sus dedos pequeños.
Asentí varias veces con una gran sonrisa de victoria.
- Johnson-
-ah?-
- ese es su nombre- explicó con obviedad
- ¿y su apellido?-
- eso es confidencial- y salió corriendo hacía sus amigos que hace unos segundos lo llamaron por señas.
Intente detenerlo pero todo paso en una fracción de segundos.
Me regresé al salón en busca de una amiga, ella se llamaba Karol, y le conté como se llamaba el misterioso chico que desde hace rato me había llamado la atención.
- ya mismo los buscamos en facebook - me respondió feliz.
Aunque nos costó un poco encontrarlo porque no teníamos su apellido, lo logramos gracias a qué teníamos amigos en común y como no iba a desaprovechar, le mandé la solicitud con nervios.
Aunque claro, revisé sus fotos, publicación de memes, reacciones, busqué a su familia (aunque fue muy difícil, ya que los tenía en privado casi todo).
Johnson Leones Alvarez Castro.
Ese era su nombre, tenía aparentemente 17 años y era un chico apasionado por el deporte, sobre todo, el béisbol. Le gustaba el color rojo y vivía a solo cinco minutos del colegio.
Vaya manera de comenzar un año escolar, las clases ya no serían aburridas.
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