Yo, mi único problema

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Estoy en el baño, apunto de ducharme, parada frente al espejo. Me miro a los ojos y luego al cuerpo. A veces me gusta lo que veo, a veces no. Hoy no es un buen día. Mi mirada se queda fija en las heridas, aún por cicatrizar, ubicadas bajo mi pecho. No me gusta verlas y tampoco quiero que nadie las vea, pero me hacen sentir que estoy viva, que no soy un robot. Hace tanto que no siento nada, solo tristeza de vez en cuando. 

Me siento como si fuese un fantasma, realmente no le importo a nadie a parte de mi familia. No soy una persona interesante y tampoco sé cómo hablar con la gente, nunca he conectado con nadie y siempre me he sentido fuera de lugar. Nunca me ha molestado la soledad, pero a veces me gustaría poder hablar con otra persona de mis problemas, aunque realmente me es muy difícil confiar en otros.

Quiero desaparecer, quiero morir pero a la vez no quiero. No quiero tomar el camino fácil, quiero seguir viviendo, sé que hay algo en mí lo suficientemente valioso para seguir en pie. Pero no hago nada para arreglar mi situación, solo lo evito, sé que tengo que dar un paso adelante, que si no lo hago yo nadie lo hará por mí. Lo más cerca que estuve de hacer algo así fue cuando me quedé unos segundos frente a la puerta donde estaba la consulta de la psicóloga del instituto, como si esperase que por un milagro se abriese esa puerta y ella dijese: "ven". Pero me fui, mientras en mi cabeza se repetían las frases: "lo mío no es nada, hay gente que está peor que yo, si fuese solo le quitaría tiempo a alguien que realmente lo necesita".  

Entonces mi madre picó a la puerta.

- Catherine, si no te duchas ahora se irá en autobús sin ti y llegaras tarde al instituto

- Sí, cierto, disculpa, es que me había quedado empanada.

Me duché, vestí y despedí de mi madre. Llegué a tiempo para coger el autobús y como era habitual nadie se sentó a mi lado ni habló conmigo, aunque yo tampoco intenté iniciar ninguna conversación. Otro día empezó, otro con la máscara de "todo está bien" puesta.

Sé que tengo que hacer algo, pero soy demasiado cobarde. Así que simplemente seguiré aguantando, aunque eso no sea bueno para mí. Como siempre hago.


Reflexión frente al espejoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora