No buscaba fama ni aprobación de nadie nada ni nadie, quería andar, recorrer, edificar, sin mucha más distancia que el día de mañana.
Y me fui. Sin miedo,sin vértigo.
Descubrí que no era invisible, que si me quedaba en el tablero, habría facilitado combates ajenos y probablemente evitado alguna que otra caída. Que cada movimiento mío, aún abandonando la partida repercutía en las posibilidades de juego que quedaban.
