Silencio

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Silencio

Ella llegaba a mi estudio cada viernes. Sigilosa, apenas podía oír sus pasos. Yo necesitaba una modelo para retratar y, el que fuera introvertida me tenía sin cuidado. Por el contrario, me facilitaba mi trabajo. Su primer día me pareció normal aunque su semblante era de lo más melancólico. Al finalizar la sesión se despidió con una mueca algo forzada, luego de pagarle lo acordado.

Llegado el segundo viernes, creí que transcurriría de la misma manera que el anterior pero no pasaron inadvertidas las lágrimas que corrían por sus mejillas. Le pregunté si necesitaba que hiciéramos una pausa o si quería irse a su casa para reponerse. Con un meneo de cabeza expresó un no contundente. Secó sus lágrimas y continuamos con la sesión sin problemas aunque mi retrato ya no era el mismo.

El tercer viernes fue preocupante. No sólo llegó tarde sino que, al quitarse la ropa, pude ver algunos moretones en sus brazos. Parecían dedos marcados y su rostro se veía demacrado, como si no hubiese podido conciliar el sueño los últimos días. No pude evitarlo, ni siquiera sabía su nombre y yo solo quería ayudarla, necesitaba ayudarla. Pero volvió a llamarse al silencio y me conmoví al ver que le brotaron más lágrimas que en la sesión anterior. Antes de irse, le di mi tarjeta personal, por si necesitaba al menos, hablar con alguien. La recibió a regañadientes y volvió a retirarse en absoluto silencio.

No podía conformarme con lo sucedido. No podía conformarme con su silencio.

Decidí seguirla. Su sobretodo color caqui era fácil de distinguir entre la gente. Caminaba rápido aunque siempre, por alguna extraña razón, miraba a los costados o hacia atrás. No dejé verme por ella. El trayecto fue largo y su recorrido era más allá del centro de la ciudad. Casi la pierdo de vista luego que cruzó las vías del tren hasta que, dos calles más allá, la vi entrar a un viejo edificio. Caía la tarde y la zona no era muy segura que digamos así que, preferí volver en mi auto.

Desde mi escondite, que consideré seguro, vi pasar las horas bastante desilusionado. No había rastros de ella y, cuando creí que era suficiente lo que había esperado, la vi salir del edificio. Su sobretodo color caqui fue reemplazado por uno de piel negro. Llevaba unos stilettos charolados, también negros, que no cualquier mujer podría llevar con la gracia que ella prodigaba. Su andar no era el mismo. Podía ver cómo contoneaba sus caderas a cada paso.

A dos calles de su casa la vi subir a un taxi y decidí seguir su rumbo. El vehículo la llevó cerca del centro hasta un club que yo aún no conocía, no hasta ese momento. Estacioné mi auto cerca de allí y entré sin dudar ni un segundo. No hacía falta ser muy brillante para saber qué era un club de strippers. Me acomodé en una de las mesas. Pedí un whisky en las rocas y me acomodé para esperarla una vez más. No iba a ver nada nuevo, o al menos eso creía.

Hasta que apareció sobre el escenario, la ansiedad me comía la entrañas. Alguien por micrófono la nombró "Tatiana" y me aferré a ese nombre aún sabiendo que no era el verdadero. Sus estiletos le quedaban como guante y la bikini charolada haciendo juego con sus zapatos infernales me invitaban a querer ver más. No sé qué más quería ver si ya la había visto desnuda, ya había contado casi todos sus lunares, pero su vaivén en el tubo me estaba enloqueciendo. No oía las voces ni la música a mi alrededor. El mundo se detuvo en el instante que ella me miró pero no me reconocí en su mirada.

Su número duró no más de cinco minutos y no sabía si saldría a escena de nuevo. Alguien más notó mi presencia y parece que hice notar que era nuevo en el lugar. Un tipo robusto y con cara de pocos amigos me invitó que pasará a un sitio más reservado y lo era. Luz tenue, música suave y un sillón de pana rojo parecían el mejor plan para divertirme y ya estaba en el juego. No tuve que esperar demasiado hasta que Tatiana apareció. Ahí me di cuenta por qué ella no necesitaba hablar para mostrarme de lo que era capaz.

Sabía que no podía tocarla pero mi posición no era algo que me sorprendiera, aunque mi entrepierna no decía lo mismo. Pasé horas retratándola pero ahora no era un cuerpo inmóvil frente a mi lienzo. Podía verla bailar, sonreír, poner sus tetas en mi cara mientras se colaba los dedos entre sus piernas. Y, cuando creí no poder más, la muy malvada se marchó, así sin más y yo ahí con ganas de todo y cayendo a la realidad con las manos vacías.

Decidí volver a mí auto. Cuando creí que mi noche había terminado veo salir a Tatiana del club. La esperaba el mismo taxi que la recogió en su casa y, sin dudar volví a seguirla. Creo que a esta altura había perdido la dignidad y solo el instinto dominaba mis acciones.

Necesitaba saber más de ella. ¿La vería de nuevo en el club antes de volver a retratarla? Solo debía volver la noche siguiente, ver su número de nuevo o pedir por ella en el reservado. El amanecer me encontró en mi auto pensando que debía hacer. Volvería a casa a descansar pero sabía que los recuerdos con Tatiana me atormentarían hasta no verla de nuevo.

La noche siguiente volví a hacer guardia frente a su casa pero nunca salió. Con prisa y sin pausa fui nuevamente al club. Me comían las ansias por verla y pase el resto de la noche bebiendo y esperando, y esperando y esperando. Ya pasado de copas me animé a preguntar por ella a una de las camareras y me miró asombrada. Enseguida buscó al grandote de anoche y me pidió que me retirara del lugar. No entendía lo que estaba pasando y yo necesitaba respuestas, respuestas que no sabría si llegarian. Tal vez ella enfermó o tuvo un problema en su casa. No tenía cómo saberlo.

Frustrado una vez más, a regañadientes volví a mi edificio. No fue hasta que alguien se me adelanta en la entrada y apresura su paso para alcanzar el ascensor antes que yo. Totalmente distraído, seguí tan absorto en mis pensamientos que no había notado que era ella. Que era Tatiana. Me miró a los ojos de manera sugerente y me mostró, al abrir su abrigo, que sus stilettos y su tapado de piel eran lo único que llevaba puesto. Siempre en silencio, como me tenía acostumbrado, se abalanzó sobre mí y no necesite más que bajar el cierre de mi pantalón para cogerla ahí mismo. Brutal. Sin escrúpulos. Sin mediar palabra alguna. La sesión sexual siguió en mi departamento. Solo se oían mis gemidos y la respiración agitada de ella. Perdí la noción del tiempo en sus brazos hasta que me ganó el cansancio.

Desperté la mañana siguiente solo, creyendo que había sido solo un sueño.

En forma automática prendí el televisor. Las noticias a primera hora de la mañana no son el mejor desayuno hasta que me sorprendió un titular bastante dramático: habían encontrado el cadáver de una chica cerca de las vías del tren no muy lejos de donde vive Tatiana.

Pero un par de detalles tiñeron de perturbación mi mañana y mis pensamientos. La joven encontrada llevaba un tapado de piel y stilettos negros y solo eso, además de que el cuerpo llevaba más de dos días desde que falleció.

Solo se que Tatiana viene a mi sesión cada viernes y yo, voy a verla al club la misma noche para terminar en mi departamento haciendo lo que mejor sabemos hacer y, en silencio.

Solo se que Tatiana viene a mi sesión cada viernes y yo, voy a verla al club la misma noche para terminar en mi departamento haciendo lo que mejor sabemos hacer y, en silencio

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26/05/2020

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