Damiana
"La dificultad de la escritura no es escribir,
sino escribir lo que queremos"
Robert Louis Stevenson
Tras leer esas palabras, Damiana sabía que era el tiempo de decir que era así, tal cual como lo expresaba Stevenson, porque ella lo experimentó de algunas maneras, tanto de forma externa como interna.
Desde que en sus manos había caído por primera vez un libro literario, había soñado con poder escribir, con volcar en una hoja en blanco aquellas palabras que escuchaba susurrar desde lo más profundo de su interior. Había deseado poder estudiar o desarrollar este deseo en algún taller de literatura, pero sus padres no tenían el suficiente dinero para llevar a la realidad sus sueño, por lo que Damiana se contentó con seguir leyendo, tratando que de esa manera las ideas se fueran forjando en su interior antes de poder llevarlo a la realidad de la escritura.
Cuando al fin había tomado la birome en su mano, las palabras iban saliendo, al principio con torpeza y debilidad. Le resultaba difícil poder expresarse, darle forma a un sentimiento que estaba en la punta de la mano, como amarrada a ella sin encontrarse en completa libertad, pero después las cosas habían mejorado mucho, llegando a escribir un capítulo por día de una novela que llevaba en proceso de gestación desde los doce años.
Había empezado repitiendo muchas palabras, con un vocabulario bastante básico, pero que lo intentó enriquecer a medida que leía algunas novelas, cuentos y poesías. Y por supuesto, el infaltable diccionario.
Sabía que tenía una obsesión con el diccionario cuando se descubrió leyéndolo con la intención de encontrar palabras que nunca había escuchado antes, pero que pudieran explicar algunos sentimientos o que describieran algunas cosas que no sabía cómo se llaman, como así también, de encontrarles un lugar a aquellas palabras que descubría por casualidad y le encantaba hasta el punto de querer utilizarlas, por lo que agarraba sus escritos y buscaba un lugar en donde pudiera cupir, llegando a ser al final pesado para ella misma el poder leer.
Hasta que esa locura primera pasó.
Damiana se descubrió escribiendo con fluidez, sin problemas de expresión, pero eso recién después de un par de años de intento en que muchas hojas terminaron en el cesto de la basura. Al fin podía apreciar como las palabras se volcaban en las hojas de papel en blanco, como un torrente que parecía no tener fin. Y eso era algo tan placentero, que podía pasar algunas horas sin sentirse aburrida o sin inspiración.
Y ella iba gestando a sus criaturas en el silencio de su habitación. Porque escribir era como la concepción de un niño en el interior del vientre materno. Aunque en esos casos el tiempo era solamente de 9 meses, y el de ella, ya llevaba poco más de cuatro año y medio en la creación de una novela, que tenía como inspiración un sueño que tuvo una noche a la edad de 12 años.
Pero cuando una mañana Damiana pudo colocar un punto final en su historia, se sintió realmente feliz. No podía dejar de mirar al libro que tenía en sus manos. Lo había podido contemplar en el silencio del éxtasis de una felicidad nueva antes nunca experimentada. Una felicidad que le había durado mucho tiempo, hasta que se dio cuenta que era un proyecto un tanto amorfo, al que no había abortado, como al principio se había planteado, porque tenía la esperanza de que todos esos años no estaban perdidos, que podía ser mejorado en una relectura pausada que pudiera darle nueva vida a esa vida.
Capítulo a capítulo fue releyendo su creación y vuelto a releer una tercera y cuarta vez. Tachando, mejorando ideas y agregando otras. Damiana volvió a dedicarle otro año de arreglo a su novela, su pequeña niña, a quien había puesto diversos nombres a lo largo de todo ese tiempo en que la fue escribiendo, comenzando con Lily, Liliana, Luna. Hasta que finalmente había llegado el nombre final: Luciana.
KAMU SEDANG MEMBACA
Damiana
Cerita PendekCuento de una vida real. "La dificultad de la escritura no es escribir, sino escribir lo que queremos" Robert Louis Stevenson
