La Tormenta de Arena

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El castaño salió del baño, gotas de agua caían de su cabello por su rostro.

Su plan para esa noche sería ver películas y series en la comodidad de su cama, rodeado de un motón de dulces, chocolates y helado. Sí, su plan de viernes por la noche era perfecto; era mil veces mejor que salir de fiesta con Yoongi; su nuevo novio, Jimin; y el mejor amigo de este último.

De solo pensar en aquel pelinegro su corazón comenzó a latir de manera muy rápida pero se obligó a dejar de pensar en él...

Lo que había sucedido hace una semana fue un completo error. El peor error que había cometido en sus apenas 17 –casi 18- años de vida (aunque una parte de él no lo sentía que esa forma).

Debía alejar a Jungkook de su mente y de su vida lo más rápido posible, antes de que le causara más problemas.

Pero Taehyung tenía la sospecha de que ya era demasiado tarde para sacarlo de su vida.

Y tal vez, solo tal vez ya no quería hacerlo.

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Taehyung se dirigió a su tocador para comenzar a secar su cabello, pero el teléfono se ilumino, indicando una notificación.

«Yoongi, eres un pesado. Ya te dije que no voy a salir contigo y tus nuevos amigos» Tenía la respuesta perfecta en su cabeza para responderle a su mejor amigo, pero al abrir el mensaje se olvidó de todo.

Era una foto bastante normal para cualquiera pero para el pobre e inocente castaño no lo era, sabía muy bien las intenciones que Yoongi quería transmitirle con aquella fotografía. Y vaya que lo logró, aquella foto logró acelerarle la respiración.

En aquella imagen aparecía el dueño de quien recientemente había a empezado a ocupar su mente. Jungkook estaba apoyando sus manos en un balcón, una playera negra enmarcaba muy bien su fuerte y ejercitado pecho, parecía que la playera se rompería de los brazos, mientras que un pantalón (de igual color que la playera) cubría sus bien trabajadas piernas.

Debía ser ilegal que alguien pudiera verse así de bien en una foto.

Y Taehyung pudo seguir admirando lo bien que se veía el pelinegro, pero algo en su techo lo distrajo por completo.

Un jadeo sorprendido escapo de sus labios.

No podía ser cierto.

«Jeon Jungkook, tu definitivamente estás loco, de remate.»

Una foto tamaño poster de ambos en la motocicleta de Jungkook, antes de empezar la carrera de siamesas, en la que Taehyung (por orgullo) fue obligado a participar, sus brazos rodeaban la cintura del mayor mientras ambos se veían a los ojos.

Yoongi o tal vez Jimin la tomaron, no había otra explicación coherente.

¿Cómo diablos pudieron entrar a su cuarto para poner aquella foto en el techo? ¿Cómo los vigilantes no pudieron darse cuenta de eso?

Su madre iba a matarlo.

Volvió a dirigir su mirada a la foto en su techo y una sonrisa escapó de sus labios, el enojo desapareció como arte de magia. Tomó su teléfono y esta vez leyó el mensaje que su mejor amigo le había enviado.

«Alguien sigue preguntando por ti, TaeTae. ¿Qué le digo? ¿Vienes?»

La emoción comenzó a correr por todo su cuerpo, ¿el gran Jeon Jungkook estaba preguntando por él?.

Quería dejar de ser el niño bueno, el hijo perfecto que su madre tanto presumía y del que Jeon tanto se quejaba. Quería vivir su vida, tener emociones y experiencias para contárselas a sus hijos, a sus nietos; y todo indicaba que Jungkook era la persona indicada para ayudarle a cumplir con ese deseo que desde que conoció a aquel motociclista, quería cumplir.

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