Capítulo 1

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Me despierta el teléfono con la misma musiquita de todas las mañanas. Cuando empezó el curso me pareció muy bonito pero ahora lo odio profundamente. Saco el brazo de debajo de las sábanas blancas con corazones verdes, morados y naranjas, y tanteo para alcanzar el móvil y apagar la alarma. En el intento, tiro algo pero no lo veo porque todavía tengo los ojos cerrados. Me doy media vuelta y siento que me estoy durmiendo.

-¡Ana! ¡Ana despierta!- la voz de mi madre me taladra los tímpanos. El botellón de ayer me ha dejado trastocada. Llevaba una temporada en la que no salía nada porque era la época de exámenes y mi cuerpo se acostumbró a estar sin alcohol. Ayer fue mi primera resaca después de un mes estudiando para los exámenes.

-¡Levanta! ¿No sabes qué hora es?-la voz se oye cada vez más cerca y yo no estoy en condiciones para dar una respuesta coherente. Mi madre ya está en mi habitación y está abriendo la persiana obligándome a cubrirme la cara con la colcha para no quedarme ciega por el contraste de luminosidad.

-Ya son en punto. Si quieres llegar a tiempo levántate ya. Tú ya eres mayor para saber cuándo te tienes que levantar.-siempre dice lo mismo y lo peor es que no se cansa de repetirlo. Aparto el edredón de mi cara y me levanto sin muchos ánimos. Ando por el pasillo con los ojos cerrados, tocando la pared para no desviarme de mi trayectoria a la cocina. Me siento en mi silla y empiezo a remover la leche por hacer algo. Me intento despejar pero es imposible. Bebo la taza casi de dos tragos y la llevo al fregadero, donde mi madre o la fregará o la meterá en el lavavajillas. Me meto en el baño y me quito mi pijama de Bob Esponja. Lo tiro en una esquina al lado de la puerta y me meto en la ducha. Empiezo a enjabonar mi cuerpo y la mente empieza a pensar con más fluidez y rapidez que al comienzo de la mañana. Salgo del plato de ducha de un metro cuadrado y me enrollo con la toalla. Hace mucho frío fuera, por lo que espero a entrar en calor antes de empezar a secarme. Salgo de la ducha con la toalla y me siento en la cama mirando el armario. No sé si hace frío o calor. Enciendo el ordenador y busco el tiempo. Soy así de ingeniosa, en vez de sacar la mano por la ventana o asomarme para ver cómo va vestida la gente, enciendo el ordenador para ver el tiempo que tengo delante de mis narices. Cuatro grados centígrados. Hoy hará frío. Busco unos pantalones calientes y me los pongo sin pensar en que puedo ponerme con esos pantalones color chocolate. Lo siguiente es la camiseta. Opto por una azul celeste de manga larga. Seguidamente me coloco los calcetines y las botas con forro. Miro mi reloj y veo que dispongo de tres minutos para arreglarme y salir pitando para pillar el autobús a tiempo. Ando con prisa hacia el baño y me cepillo los dientes con mucha fuerza, tanta que me sangran un poco las encías, por culpa del estrés de llegar tarde. Abro mi neceser y empiezo a peinarme con el cepillo. Tengo muchos enredos y arrancando varios mechones de mi cabello consigo pasar mis dedos entre él sin que se me traben. Cojo la mochila y el anorak que tengo en la entrada y digo un "adiós" muy rápido mientras cierro la puerta. Empiezo a correr para no perder el autobús pero de poco me sirve si la calle está infestada de trabajadores deseando fichar para no hacer nada en absoluto durante toda la mañana. Detrás de mí viene una ola de universitarios que me ayudan a seguir contracorriente. Ya veo la parada y empiezo a empujar a la gente junto con muchos "Lo siento" y demasiados "Perdón". Las puertas están casi cerrándose pero se abren inmediatamente cuando Laura pide al conductor que las abra.

-Gracias.-saco mi mono bus y lo paso por la maquinita. Espero que este "Gracias" sea el último de toda la mañana.

-Hola Laura.

-Hola. ¿Ayer saliste?

-Sí, y tengo una mini-resaca. Bueno, ya se me ha pasado, pero no quiero volver a pasar por lo mismo. ¿Tú saliste?

-No, me quedé viendo una peli de estas que echan porque no hay nada que poner. Era malísima.

-Odio esas pelis. Se creen que son muy divertidas pero en realidad son un asco.

-Ayer te llamé pero no contestabas.

-¿Por qué no llamaste a Marta?

-Porque estuvo toda la noche vomitando por culpa de comer sushi. Al parecer la entró un bicho que la hacía vomitar. 

-¿Y ahora está mejor?

-No lo sé. Cuando lleguemos a clase lo sabremos.-al autobús tan solo le quedaba una parada para llegar a nuestro destino. Seguimos en silencio hasta que en la pantallita de los autobuses urbanos se escribe "Calle Alamedo" y bajamos. A dos manzanas está nuestro instituto, uno de los más grandes de la ciudad.

-¿Qué tenemos ahora?

-Creo que Lengua, pero no estoy muy segura.

¿Hoy nos dan los exámenes?

-Sí. Espero sacar más de un ocho.

-Y yo sacar más de un seis. Lo hice de pena.

-Podrías sacar más nota si no estuvieses con el ordenador todo el tiempo.-siempre está con el ordenador y casi no estudia. Prefiere hacer estúpidos tests, que yo antes hacía, pero que ahora han perdido su encanto hasta el punto de mirarlos con desprecio.- No te lo tomes a mal, pero no me gustaría pasar de curso y tú no. No nos volveríamos a ver en el insti, solo para salir y tú saldrías con las de tu curso y yo con las del mío.

-Se que te preocupas pero lo tengo todo controlado. En este trimestre no estudio casi nada, en el siguiente mucho y en el último sacaré sietes y ochos. Así apruebo fijo.

-Haz lo que quieras. Cuando te pongas a llorar porque tu plan no ha salido te diré: "Ya te lo dije". 

-Trato hecho.

-No era un trato.

-Haberlo dicho antes.-tiene la mano abierta preparada para un buen apretón de manos.- ¿Trato hecho?-es demasiado testaruda como para negarlo.

-Trato hecho.-la tiendo la mano y nos sacudimos las manos a la vez y luego las soltamos.

Estamos entrando por las puertas de cristal y está el profesor de lengua saliendo del pasillo de la derecha para dirigirse hacia nuestra clase. Agarro de la mano a Laura y salimos corriendo al pasillo de la izquierda subiendo las escaleras. Nuestra clase está casi al final pero llegamos a tiempo. Abro la puerta tan rápida y fuertemente que casi rompo el picaporte. Tiro la mochila sobre mi pupitre y empiezo a quitarme el abrigo. Me siento en la silla y saco los libros y el archivador de la mochila. Justo cuando coloco la mochila debajo de la mesa entra Juan, nuestro profesor de Lengua.

-Buenos días.

-Buenos días Juan.

-Haber que tengo los exámenes. Tomás Altillo, Andrea Álvarez, Naomi Blanco, Fabiola Campos, Sergio Carrizo, Ana D'Angelo, Miriam Fernández, Sara Fernández, Jorge Ferreras, Sara González, Pablo Hernández, David Iglesias, Daniel López, Laura López, Álvaro Martínez, Lidia Méndez, Gonzalo Robles, Marta Salas, Pilar Tascón e Irene Vicente.-vamos yendo por orden de lista y recogiendo nuestros respectivos exámenes. Me levanto, cojo mi examen sin mirarlo y me siento en el pupitre. Le doy la vuelta y en un gran número rojo dentro de un círculo está escrita mi nota, un nueve coma sesenta y cuatro. Después de tanto sufrimiento estudiando sin salir ningún fin de semana ha dado su fruto. Me fijo en lo que tengo mal pero tan solo es un ejercicio en el que puse de cinco oraciones cuatro mal. Podría haber estado mejor pero no me voy a martirizar por eso. 

-Ahora vamos a hablar de los fallos. ¿Quién quiere corregir la primera pregunta?-cuatro manos se levantan y el profesor elige una de ellas.-Sara.

-¿Qué Sara?-preguntamos todos a la vez. Al principio era cómico pero ya cansaba un poco.

-Sara González.-empieza corrigiendo las frases que tenía yo mal y memorizo los fallos y su solución.

Las dos siguientes preguntas son rápidas, pero la última se convierte en un debate como los de los programas del corazón. No intervengo en ningún momento pero sí que hablo, con Marta.

-¿Qué tal estás?

-Mal, solo he venido a ver los exámenes y luego me marcho. Tengo un dolor de cabeza...

-Tómate una pastilla para el dolor.

-Ya me he tomado tres entre ayer y hoy. Por lo menos ya no vomito.-al decir esa palabra la da una arcada. Luego varias y decido apartarme para que vaya directa al baño. Los demás no se dan cuenta de que va a vomitar hasta que no se cerró la puerta de un portazo.

Enamorarme de nuevoWhere stories live. Discover now