Casi sin vida

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- Transportando todas las unidades de sangre - corren las enfermeras detrás de mi ahora desvanecido cuerpo, el molesto ruido de las ruedas de la camilla pasar por el infinito corredor blanco. Las luces del cielo raso son lo único que veo por partes.

Mi cabeza se reinicia y vuelve en si. Pero sólo dura un par de segundos.

Intento reunir cada una de las piezas de este puzzle, algunas no encajan. El dolor latente de mi cabeza no logra cesar.

- Perdemos pulso, doctor - comenta una de ellas nuevamente y las gráficas de sus máquinas confirman la debilidad.

- Carguen el desfibrilador.

El quirófano era tan frío como lo era aquel asfalto con lluvia, donde aquél malviviente decidió dejarme.

Me veo. Sé que no estoy ahí, mi alma no está ahí.

Veo la angustia con la que los doctores intentan reanimarme. Ellos saben a la larga que luchan en vano. Mis signos vitales parecen resignarse a todo tipo de mecanismo, realmente lucho por quedarme.

No quiero irme sin despedirme de ella...

Siento la presión de mi pecho. Estoy muriendo... Siento como dejo ir la vida, como ésta se me está escurriendo por los dedos.

No estoy vivo... Tampoco estoy muerto, pero estoy luchando por no estarlo.

Mi espíritu vaga por las instalaciones del hospital. Y jamás pensé encontrarme en esta situación, imaginé la muerte un poco más oscura, menos dolorosa y más puntual. Creí tanto tiempo que sólo morías y ya. Y aquí me encuentro tan perdido... perdiéndome.

Esto me hace sentir tan solitario.

A lo lejos visualizo la silueta de alguien, se acerca con prisa. Esperen, sé quién es.

- Liz, mírame... - le grito, pero ella simplemente me ignora, corre y traspasa mi figura. La persigo, y ya no camino, floto. No tengo tiempo para entrar en shock en este momento.

- Un momento señorita, no puede pasar - la detiene alguien de seguridad.

Sus labios rojos y tez pálida, sus pestañas arqueadas, aquel vestido rojo que se probó minutos antes de salir, siento como el tiempo se detiene ante mis ojos, siento que la miro por última vez. Tantos años amándola y hoy descubro que amo cada diámetro de su cara, de su cuerpo, de su alma.

Sus mejillas se han puesto coloradas por el frío.

- ¿Usted es Elizabeth? - le pregunta una doctora, y puedo identificarla, ella me vió en cuanto me ingresaron, Liz apenas puede asentir, la delgada mujer con bata la mira con compasión, observa de reojo a los de seguridad y por encima de sus lentes de lectura les lanza una orden con sólo mirarlos -. Déjenla pasar. Elizabeth, acompáñame, soy la doctora Jones, mis internos fueron los que te llamaron, seré breve, alguien marcó al 911 para reportar un accidente automovilístico, Erick fue el que resultó con complicaciones - conozco a Liz, sé que está intentando contenerse o quizás está maldiciéndome por faltar a su cena de trabajo. Se detienen justo frente a la gran ventana que da a la sala de operaciones -. Él intenta aferrarse a la vida, Elizabeth.

Ella está plasmada. Su cara se desfigura en cuanto mira a todos esos instrumentos quirúrgicos encima de mí. La vista en toma cenital, muestra cada fragmento de las maniobras de los doctores al socorrerme.

Ella cubre con sus manos su boca. Está entrando en shock.

- Erick, por favor, no... - comienza a sollozar nuevamente golpeando el cristal -. ¡ERICK!

Se desploma al suelo, sus piernas parecen vencerse.

La cubro, abrazando cada centímetro de amor que hay en ella. Pero algo llama mi atención, ella me mira o mira algo en mi dirección. Ella me siente, pero parece no verme.

- ¡Estoy aquí! - grito. Pero es en vano - Sólo mírame. Mírame, por favor - sollozo.

El pitido de una máquina me distrae y a ella también. Se levanta de inmediato. Ve en dirección de mi cuerpo.

- Perdemos pulso nuevamente -. Observo junto a Liz todo lo que hacen, siento como el desfibrilador intenta reanimarme.

Mis manos están poniéndose aún más transparentes.

¿Estoy muriendo?

Miro nuevamente hacia mi cuerpo desprendiéndose de la vida.

Liz, perdóname.

El pitido se convierte en agudo. Mi cuerpo no ha podido vencerlo o derrotarlo. Él cirujano golpea con fuerza sobre la pared. Quitando su estrés.

- ¿Hora de muerte? - 21:33.

Liz está paralizada. Sabe lo que acaba de suceder.

- ¡NOOOOOO! - grita.

Veo pasar todo justo frente de mí. Los de seguridad y una enfermera corren hacia ella, me traspasan de nuevo, sólo que ésta vez la sensación es distinta. No los siento.

La enfermera más robusta la sujeta mientras que alguien le coloca un sedante.

Ella, está destrozada.

Y yo, muerto.

Casi sin vida  (ONE-SHOTS)Cerita yang bikin terobses. Temukan sekarang