Chucho queso

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En todo el pueblo se le conocía como Chucho queso, no precisamente porque le gustara el queso sobremanera, era por la cicatriz de un ojo que le causaba ceguera, dándole un tono blanco amarillento, resaltando sobre el color moreno de su piel, sin saber nunca que fue lo que sucedió para que lo tuviera de esa manera.

Su madre, al poco tiempo de enviudar contrajo nuevas nupcias con un hombre que además de ser soltero antes de conocerla, tenía algunos años menos que ella y no dudó en manifestarle su descontento con el hecho de que el pequeño Chucho de seis años de edad viviera con ellos; así que el nuevo matrimonio decidió mudarse al pueblo más lejano posible para iniciar una nueva vida, dejando al niño a su suerte, siendo su único refugio la paupérrima casa que alguna vez fuera su hogar. El pueblo entero, al darse cuenta de que el niño estaba desamparado, se reunió en la comisaría ejidal para discutir sobre tal situación; algunos decían que Chucho viviera un mes con diferente familia, asumiendo los mismos derechos y obligaciones, otros opinaban que se le pasara una mensualidad hasta que alcanzara la mayoría de edad, hubo quien llegó a manifestar el descontento por el abandono de la madre, solicitando que se le buscara y obligara a tomar la responsabilidad con el niño. De entre las múltiples posibilidades, llegaron a la conclusión de que lo mejor sería que todo el pueblo se haría cargo de Chucho, dejando por sentado en que nadie se lo llevaría a vivir como hijo, pero entre todos le procurarían sus tres comidas al día y en medida de lo posible, se le entregaría ropa así como una pequeña cantidad de dinero para los gustos que a Chucho se le pudieran presentar, dejándole a vivir en la casa de sus padres con la esperanza de que los remordimientos pronto alcanzarían a su señora madre y viniera en busca de su hijo, sin embargo, esa esperanza se extinguió pasados ya veinte años.

El pueblo, aunque era pequeño, requería de la colaboración de todos y cada uno de sus habitantes, los que con afán brindaban su tiempo y esfuerzo, pero a Chucho nunca lo consideraban a ser partícipe del trabajo en equipo, pues a pesar de ser un hombre hecho y derecho le seguían teniendo consideración por su orfandad y abandono, a lo que él ya se había literalmente aprovechado. En aquel lugar de gente trabajadora todos andaban vestidos de forma ruda y un tanto descuidada, ya que sus labores así lo demandaban, algunos eran campesinos, otros artesanos de la construcción, panaderos, herreros, etc... pero Chucho siempre andaba muy bien vestido, casi uniformado: se iniciaba con un sombrero corto estilo pachuco de color negro fabricado en lana, con una pluma de color blanco ceñida a la copa con un listón rojo, usaba una camisa blanca de lino manga larga, con el cuello perfectamente almidonado e impecablemente planchada, ajustándose los puños con un par de magnificas mancuernillas bañadas en oro, el pantalón de lana color negro, notándose desde lejos la línea media que se debe dibujar a lo largo de cada pierna; el pantalón se ajustaba con un cinturón de cuero color negro, único recuerdo tangible heredado por su padre. Los zapatos no podían ser la excepción, para tratar de diferenciarse, gustaba de los zapatos color negro fabricados en charol, nuca sucios a pesar de vivir en un lugar en donde el lodo se podía encontrar por doquier y para rematar, siempre oliendo a lavanda, la única agua de colonia utilizada en toda la región.

Chucho no tenía oficio alguno y al parecer se veía a sí mismo sin la necesidad de ganarse el pan de cada día, el desayuno lo tomaba con una familia, la comida con otra y la cena con otra, rotando de manera ordenada a su conveniencia, pues sabía los días en que cada familia llevaba lo mejor a su mesa. Con el transcurrir del tiempo, todos se fueron incomodando con el hecho de alimentar a "un holgazán" ya que hombres más jóvenes que él eran productivos, trabajadores y responsables, así que poco a poco le fueron diciendo que ya no podía ir a comer con ellos; la única persona que no tuvo el corazón para correrlo de su casa fue su madrina, quien lo consideraba como obligación asumida por el hecho de llevarlo a recibir las aguas bautismales. Chucho se levantaba a eso de las nueve de la mañana y se vestía de la forma en que ya sabemos, calculando que su madrina ya había ordeñado a la única vaca y puesto a hervir la leche, sabía que ya había hecho sus tortillas y con toda seguridad el pan recién horneado le había sido entregado, con todo esto, se agregaban unos frijoles, a veces refritos, a veces enteros, pero siempre variados en su forma de servir. Una vez tomado el desayuno, salía a caminar en busca de platicar con alguien, haciendo tiempo para la comida y posteriormente para la cena. Gustaba de dormir tempano, pues en su casa no tenía energía eléctrica, aun cuando todos contaban con dicho servicio.

Su madrina, en forma de secreto a voces, se quejaba de que ya no tenía "las fuerzas ni paciencia necesarias" para seguir haciéndose cargo de Chucho, por lo que todos le empezaron a sugerir que ya lo despachara de su casa, esperando que así se obligara a trabajar y ganarse el pan de cada día con el sudor de su frente... no con el sudor de el de enfrente, pero ella seguía con el corazón afligido por el hecho de ser huérfano, pero un día, ocurrió algo que le hizo cambiar de parecer; su anfitrión llegó a desayunar como de costumbre y le reclamó de forma grosera por el hecho de que llevaba varios días sin comer carne, además de que los frijoles estaban pasados de sal:

- ¡Madrina, el hecho de que seas vieja, no debe ser motivo para que descuides tu forma de cocinar, así que te pido por favor cuides mucho estos detalles!

Victoria, al principio sintió vergüenza y la necesidad de reparar el error, pero también entendió que "le estaba haciendo daño al muchacho por estarlo manteniendo", así que ideó un plan para que se alejara:

Salió al campo a buscar el famoso "chile menudo" caracterizado por ser silvestre, de pequeño tamaño pero picoso en extremo, nadie lo cultiva por ser insoportable en su sabor, recogió una muy buena cantidad y la puso a secar a los rayos del sol. Con el transcurrir de los días, entendió que estaba listo para usarse cuando comenzó a tener un tono rojizo, ya que en su forma fresca es verde; una vez listo el chile seco, recolectó otra cantidad, así que una mañana cualquiera, le preparó un desayuno excepcional: se trataba de unas enchiladas rojas y verdes, típicas de toda esa zona, con un trozo de cecina, acompañadas con frijoles negros refritos aderezados con queso fresco y para acompañarlas, un café negro de hoya, lo suficientemente caliente como para no poder quitarse "lo enchilado". Chucho, empezó a comer sin saber con qué tipo de picante estaba preparado su desayuno (para que le cayera con el estómago vacío), después de la segunda probada, la madrina se dio cuenta de que el ahijado sudaba profusamente, se notaba más moreno que de costumbre, que en caso de ser alguien blanco se hubiera notado un rostro sumamente ruborizado; las lágrimas caían ininterrumpidamente por sus mejillas, y la nariz daba todo el fluido que requería ser limpiado de forma constante, impidiendo poder comer de forma continua. Victoria observaba a cierta distancia fingiendo hacer alguna otra cosa, y mientras lo veía comer, ella esbozaba una sonrisa que tenía un toque de remordimiento y satisfacción. Después de un determinado tiempo, Chucho terminó de comer, permanecía sentado, mantenía la espalda encorvada y con los ojos llenos de lágrimas, le dijo:

- Madrina, perdóname por haber sido grosero contigo el otro día. Muchas gracias por el desayuno, estoy llorando de alegría porque después de muchos años, volví a comer las enchiladas como me las preparaba mi mamá y el café de hoya estuvo excelente, ¡espero que mañana me vuelvas a preparar otras enchiladas como las de hoy!...


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⏰ Last updated: Apr 26, 2020 ⏰

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