-El Dibujo-

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  La noche llena de relámpagos coloridos, adormecía a cualquier ser que no tolerara unos cuantos frívolos dulces, la melodía incesante del eufórico ambiente golpeaba mi mente cuál martillo a bala, me desplacé por el inmenso pasillo de formas difuminadas con un paso acuoso y caudaloso, mi objetivo era llegar al templo de la verdad y ningún desfile quimérico podría nublar mi sagacidad  entrenada, olfateé la brisa etérea una vez más para asegurar el camino y fijé mi ruta hacia lo que percibía como el este de mi periférica posición, unos cuantos saltos en el vasto universo de gritos y estaba en la entrada de la gloriosa  pagoda. La puerta, tal como contaban las leyendas no poseía marco o bisagras, en cambio, unas enmarañadas hebras de luz asían su crujiente estructura, el sonido que emanaba al balancearse de izquierda a derecha acallaba el disturbio enérgico del pasillo. En medio estaba la Manilla, cuya hechura cambiaba de tanto en tanto si la fisgoneabas enteramente, el centro del pomo poseía un suave relieve que transmitía una sensualidad inocente, rápidamente decidí girarlo y empujar con todas mis fuerzas. Al otro lado, el silencio era escandaloso, y los colores desvaídos, una voz grave y tersa apareció de la nada:

—Todo me ha olvidado, y yo intento olvidar todo. Sin embargo, ¿tu te rehusas a mitigar tus instintos?, ¿Que puedo hacer por tí, pequeña sombra?— pregunto aquella voz que resonó con un sabor agrio en mis huesos.

—He venido por el dibujo— contesté torciendo la voz al final para indicar mi inseguridad.

—Entonces, la eternidad es una amiga, y mi labor es presentártela—Se detuvo súbitamente e hizo una seña auditiva, cómo un chasquido dental, para indicarme que lo siguiera.

La pagoda revestía con las más hermosas tonalidades nocturnas y la brisa olía a eclipse, cada paso dentro de ella vibraba con armonía. Finalmente llegamos a la habitación, dónde el metal cobraba vida y exprimía sus fluidos llenos de  ardor que solo los valientes soportaban, dentro estaba todo muy ordenado y relucía un espejo en el centro. La Voz encendió el motor de su mascota y me pidió que reclinara mis pensamientos y preocupaciones. Prontamente empezó a dibujar, los trazos mágicos bailaban en la superficie de mi cuerpo como delfines enamorados, las rectas y curvas ejecutaban un danzón cuál trompeta y conga, cada detalle minuciosamente elaborado resentia en mí como la hermosa y consoladora risa infantil, los colores empezaron a gotear, y la lluvia pigmentada llenó de belleza el retrato grisáceo, adornó los pétalos de rosa y verde, rellenó el tallo de azul y dorado, coloreó el pistillo con estrellas y soles, salpicó los labios con un rojo sangriento, tiñó el iris con una pálida aurora y el cabello con un plácido celeste.

—He terminado, chéca tu reflejo— dijo la recia voz al instante que el ronroneo de su mascota metálica se apagaba.

Me levanté y miré hacia el espejo del centro. El dibujo había quedado perfecto, era la ideal amalgama de una flor y una mujer compuestas de detalles casi infinitos, mis lágrimas brotaban como lava de un volcán, me moví en todos los sentidos  para buscar a la voz, pero parecía que ya no se encontraba conmigo, la pagoda empezó a desvanecerse

—¡No te vayas!, aún tengo dudas, ¿quién eres y cómo conoces mi historia? ¿Acaso éste tatuaje significa la eternidad?—

—Calla, me impacientas— gritó la voz casi con hastío —Ese tatuaje es tu sendero, desde lo que has recorrido hasta lo que recorrerás, pediste un abrazo a la eternidad, y perennemente ella te recibe, no seas glotón y agradece, limpia tus lágrimas y construye una pagoda, no te preocupes por la mía, que ahora es una parada de tu sendero y podrás regresar a ella cuando lo necesites. Yo soy lo olvidado y lo que no olvida aunque lo intente, tu vives en mí y yo vivo en tí, nunca olvides que, los recuerdos esconden la represa que te protege del vasto mar de la infinita realidad—

Desapareció todo a mi alrededor y volví a la noche de relámpagos. Esas fueron las últimas palabras escuchadas y saboreadas, mi misión había trascendido y ahora tenía que fabricar mi propia pagoda...

El DibujoWhere stories live. Discover now