Vestida con una polera de tiras y un pantalón de buzo, descalza caminando hacia la cocina de ese pequeño departamento en busca de una taza para hacer un amado café que la mantuviera despierta hasta la media noche.
Con unas ojeras de tres días y una taza de café sin pizca de azúcar, se dirigió hacia el balcón, abriendo el ventanal y pegándole de tiro el frio viento de esa tarde con el cielo anaranjado y pintas celestes, admirando la gran vista que le daba el piso 23 de ese edificio, una de las grandes razones por la que eligió ese sector era por lo poco concurrido y las grandes vistas, aunque algunos vecinos molestos no faltaran se quitaba con unos de sus álbumes preferidos y todo el volumen que se pudiera permitir para ya no escucharlos.
Se toma ese conchito preferido por su temperatura perfecta y pone una de sus pistas guardadas en su móvil con los altavoces a un volumen moderado para no recibir reclamos y se va a lavar la taza y preparar otro, pero especial, ese que conlleva leche, cacao, azúcar y café, una mezcla dulce y cremosa que ya terminado lo deja enfriar hasta su mejor punto, y se pone a mover sus caderas al son de la música, ese, que termina en un movimiento sensual y con picardía escondida en esos ojos, que le coquetea a la nada, que gira alrededor de ese ser imaginario que se creó hace años por la soledad que sentía pero sin arrepentimientos, porque quien la viera quedaría engatusado con esos movimientos tan elegantes pero tan calientes a la vez.
Encendió una vela con aroma a melón para que iluminara ese salón y movió la luz para que pudiera ver su sombra danzar, unos minutos después estaba sentada tomándose ese manjar dulce que relajaba su mente y volvía a su habitación para terminar esos malditos papeles que tan estresada la dejaban para poder ir a su mullida cama que la esperaba con ansias, después de dejar ordenadamente esos papeles en su escritorio se fue a dar una ducha con agua tibia para relajar esas contracturas en su espalda y quitar el sudor de su cuerpo, sale con una toalla en el pelo después de secarse el cuerpo en el baño y busca algo fresco que ponerse para poder descansar en esa cama tan grande que decoraba su cuarto y dejando un lado de ese triste lugar para al fin dormir unas cuantas horas.
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Despierta al sentir algo tibio rodearla y un peso detrás suya emanando un aroma inolvidable, que a pesar de los años que han pasado nunca podría olvidarse de ese olor tan asfixiante a granada por un maldito champú que nunca dejaba de usar, que siempre reconocía cuando le abrazaba la cintura al hacer el desayuno y cuando besaba su cabellera que reposaba en su pecho al dormir.
Le dio miedo girarse y dejar se sentir ese calor que siempre emanaba y ese olor, se le cristalizaron los ojos porque tenía tantas preguntas y solo quería que le respondiera al menos una y es el ¿Por qué no se despidió adecuadamente de ella?
Solo se quedó ahí esperando que algo más pasara, pero se asustó cuando dejo de sentir calor y escuchar un suave "te amo", giró tan abruptamente que solo sintió un suspiro y como la acompañaba el frio solitario de ese lugar que tantos recuerdos guardaba.
Se levantó de ese lugar y camino por el pasillo con las luces apagadas hasta llegar a la alacena donde guardaba bien en el fondo ese exquisito whisky que tanto amaba en el pasado pero que tanto odio le tiene ahora y se sirvió un solo vaso por la poca resistencia que le tenía al alcohol y salió al balcón sin olvidar su cajetilla y el encendedor, se tomó de un trago ese vaso y lo dejo en el suelo mientras se sentaba en esa silla que dejaba más la mesita para decorar ese deprimente balcón y miro esa oscura noche con unas diminutas luces y esa constelación que nunca la abandono.
Saco un cigarro de la cajetilla que llevaba comprando desde su adolescencia, lo prendió y le dio una calada, eso que tanto odiaba el, por qué no soportaba el olor, pero cada vez que lo apaga se arrepentía, porque a pesar de que no le agradaba, le gustaba verme fumando, me decía que me veía sexi y amenazante y yo solo me reía por su tontería y le tiraba el humo de esa última calada en la cara, ponía una expresión tan graciosa porque arrugaba la cara como un perrito y yo me lanzaba a darle besitos de disculpa en todo su bello rostro, me encantaban esos tiempos, porque esos besos terminaban en caricias exquisitas por mi cintura, esos besos tiernos y lentos que yo los volvía profundos y largos que lo derretían y lo dejaban sin aire, el cómo se estremecía cada vez que dejaba un beso detrás de su oreja y bajaba por su cuello hasta la clavícula donde dejaba chupetones, y volvía a bajar hasta su pecho ese blandito y firme pecho grande que se cargaba el maldito, en donde por sobre la ropa besaba y soplaba mientras le acariciaba la cintura hasta la cadera y volvía a besar esos labios gruesos tan apetecibles y suaves que tenía, el cómo solo llegábamos a eso porque siempre se ponía nervioso y yo no lo forzaba a mas, no me gustaba forzar a la gente, después de eso tomábamos un baño juntos en la gran tina, el encima mío y yo lavando su suave y largo pelito ondulado con ese champú, y al terminar nos quedábamos así recostados hasta que el agua se entibiara, salíamos y le secaba el pelo porque el tonto se lo enredaba, sé que le gustaba que le secara el pelo porque yo inconscientemente le acariciaba como un cachorro y el dormitaba sentado encima de la cama, terminaba y nos acostábamos yo escondiéndome en su pecho y el rodeándome con sus grandes brazos la cintura y enredando sus piernas con la mías, regalándole un besito en su cuello y el uno en mi frente.
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Jodida tarde
Short Storyhistoria mierda que nació una mañana de café, una música random y mucho, mucho sueño.
