Había vivido una buena vida, se dijo a sí mismo, Si bien su tiempo había sido demasiado acotado en comparación al del resto del mundo no pensaba quejarse por ello en lo absoluto. Había conocido a una gran variedad de personas a quienes había amado con locura, había cumplido muchos de sus sueños, vivido una gran variedad de aventuras y creado recuerdos irreemplazables.
Sinceramente no podía sentirse muchos menos que agradecido aun así conservara una pisca de arrepentimiento en su sistema, un sentimiento arrollador que llenaba cada espacio de sí mismo.
Quería verle antes de morir, quería confesarle honestamente que había sido increíblemente feliz y que se sentiría eternamente agradecido por ser amando por él.
Egoístamente quería que el reflejo de su rostro fuera lo último que viese antes de cerrar sus ojos pero ya era demasiado tarde, mantener su respiración funcionando se había vuelto un proceso demasiado agotador y su cuerpo entero se había vuelto una extensión demasiado molesta.
- Supongo que no estarás pensando en que puedes irte tan tranquilo sin siquiera despedirme de mí, Nagisa.
El antes mencionado abrió sus ojos sorprendido y de ellos comenzaron a desbordarse muchísimas lágrimas mientras intentaba inútilmente articular el nombre del contrario. El otro muchacho se acercó lentamente, sus ojos brillaban y su rostro estaba pálido mientras sonreía forzadamente.
- Diablos, te ves terrible. – comento mientras le miraba, el otro muchacho sonrió débilmente mientras intentaba encogerse de hombros - ¿ya han venido los demás?
Observo al muchacho asentir y suspiro, su tez usualmente sonrojada había adquirido un matiz blanquecino y podía jurar que se había vuelto mucho más delgado, sus iris pálidas habían perdido aquel brillo particular y su cabello había sido afeitado.
- Vamos Nagisa, apresúrate y ponte bien -- comento el muchacho de los ojos cobre mientras observaba las manos del otro descansar sobre su regazo – hay una nueva película de súper héroes que quiero que vayamos a ver juntos al cine. –explico sonriendo -- Es un poco predecible para mi gusto sin embargo sé que realmente te gustan ese tipo de películas tan predecibles.
El oji azul observo al muchacho frente a él mientras que la tristeza y arrepentimiento comenzaba a bullir desesperadamente en su interior, Dios sabía que había intentado por todos los medios posibles mejorar su condición sin embargo había fracasado estrepitosamente.
Él iba a morir, era un hecho más que confirmado y no una mera insinuación o suposición hecha por el equipo médico.
Estaba preparado para morir sin embargo... ¿por qué tenía que ser tan doloroso?
- No es verdad que tú también vas a irte ¿no es así, Nagisa? – pregunto el joven de cabellos carmesí sonriendo mientras sostenía temeroso sus manos entre las suyas.
El peli azul retiro lentamente sus delgadas manos de entre las del peli carmesí, este cerro los ojos al sentir como las manos del otro buscaban su rostro. La verdad es que no quería mirar el rostro del contrario, se negaba terca y tajantemente a aceptar con resignación y tristeza los hechos que los abordaban.
- Kar...ma – murmuro con mucho esfuerzo el peli azul.
El oji cobre negó con la cabeza mientras sonreía – hasta que al fin te has dignado a decir una palabra.
El muchacho que hasta hace algunos meses poseía una larga cabellera azulada negó con su cabeza mientras sonreía – te...a...mo– confeso tras articular dificultosamente.
De los labios del peli carmín escapo un pequeño sollozo mientras que las lágrimas comenzaban a surcar velozmente su rostro, el oji azul lo condujo hasta su cuerpo y presiono su rostro contra su hombro.
- No me abandones, por favor, no me abandones – rogó con desespero el muchacho de los cabellos carmesí mientras presionaba el frágil y delgado cuerpo del ojí azul contra el suyo, El peli azul sollozo fuertemente al oírle. – por favor, quédate conmigo, Nagisa.
El muchacho de las orbes cobres y cabellos rojizos sabía que estaba llevando su petición demasiado lejos, su deseo había sido tan egoísta y descabellado aun así no podía sentirse arrepentido. Quería sostener nuevamente el cuerpo del otro muchacho entre sus brazos, quería besarlo y reír con el tantas veces como pudiese, quería otra oportunidad para estar siempre a su lado.
¿Por qué Dios tenía que comportarse de manera tan egoísta?
¿Por qué quería arrebatarle lo único que le mantenía curdo?
El muchacho de las iris cobre sollozo con rabia y enfadado sobre el hombro del peli azul, no soportaba la idea de perderle, no soportaba la idea de pensar en que quizás muy pronto podría llegar el momento en que tuviesen que despedirse. Sentía que ambos lo había disfrutado tan poco puesto que apenas se había sentido como un suspiro de felicidad para ellos.
Lo amaba, lo amaba tanto y no quería dejarlo ir, quería mantenerlo celosamente entre sus brazos y no dejarlo escapar nunca. Dios, habían hecho tantos planes juntos y ahora quería arrebatárselo tan repentinamente ¿Cómo podría imaginarse una vida sin el a su lado si básicamente él era su razón de vivir?
Mientras que el muchacho de iris cobres sollozaba incontrolable y desesperadamente, el otro muchacho le sostenía tiernamente contra su pecho. El de iris pálidas sollozaba en silencio mientras le sostenía, el también le amaba mucho; quería brindarle consuelo, contenerle de algún modo.
¿Por qué no era capaz de mentirle? Quería quitar aquella mueca dolorosa de su rostro, quería desaparecer cualquier rastro de dolor que sentía el otro en este preciso momento, El solo quería verlo sonreír sarcásticamente mientras estaban con sus amigos, quería ver una vez más aquella mueca de satisfacción que solo ponía cuando lograba salirse con la suya, quería ver su rostro sonrojado cuando algo lo avergonzaba muchísimo.
- Nagisa... – llamo entre sollozos el de cabellos carmesí, el joven de iris azules le observo detenidamente mientras que este lentamente retiraba su rostro desde el hueco de su hombro, aun sollozaba y sus iris cobres se encontraban hinchadas y rojizas mientras.
El muchacho del cabello rojizo cubrió su rostro con ambas manos mientras contaba lenta y perezosamente hasta diez, el otro muchacho observaba detenidamente cada movimiento que realizaba curioso puesto que al terminar este tomo el rostro del muchacho entre sus manos mientras lo observaba seriamente.- Te amo, Shiota Nagisa. – Dijo, al retirar lentamente la mascarilla del rostro del peli azul, quien sonreía tristemente – Amo que el sonido de tu risa se filtre tan suavemente en mi mente, Amo tus pequeñas y cálidas manos, Amo el azul pálido que poseen tus ojos. – el de cabellos azules sollozo suavemente – Amo lo bueno que eres con quienes son nuestros amigos y con quienes no, Amo tu manera de ver la tranquilidad en el caos, Amo tu simpatía e inexistente sentido del humor...Amo la valentía con la cual has sabido enfrentar cada obstáculo que se ha interpuesto en tu camino – el ojí cobre se detiene y seca pacientemente las lágrimas del otro muchacho – amo ser tan malditamente afortunado por tener la dicha de amarte. —murmuro el muchacho antes de besarle.
Los muchachos se fundieron sus labios en un beso apasionado, las manos del ojí cobre estaban sobre el rostro del oji azul mientras que las de este sostenían débilmente las manos del otro, ambos sollozaban débilmente y las lágrimas corrían apresuradamente por sus rostros mientras el cielo se teñía de cálidos tonos anaranjados tras ellos.
- Siempre voy a amar a karma – susurro muy bajito y con esfuerzo el pequeño de pálidas iris azules momentos después de separar sus labios– en esta vida y en la siguiente, y en la que suceda a la siguiente. – pensó el muchacho.
El de los cabellos fuego sonrió socarronamente mientras le abrazaba - ¿Cómo no ibas a amarme si soy un hombre fantástico?
El peli azulado sonrió mientras se presionaba contra el asintiendo con la cabeza.
- Yo también amare a Nagisa en esta vida y en la siguiente – prometió mientras el otro respiraba agitadamente contra su pecho – y si existiese una vida después de la sub siguiente seguiría amándote tanto como te amo en estos momentos. – aseguro abrazándole.
Shiota Nagisa pereció esa misma noche sin embargo junto a él permaneció Akabane Karma sosteniendo su mano hasta que el aire abandono lentamente en sus pulmones y su corazón se detuvo por completo.
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Dulces caricias de Otoño.
RomanceLa existencia de Shiota Nagisa no fue más que un mísero susurro en una ruidosa y aletreada sociedad. Despues de perecer a los treinta y dos años de edad a causa de una enfermedad maligna, Nagisa ha regresado nueve años en el pasado con sus recuerdo...
