Nadie se enamoraba de Dulce María con solo verla, y no porque fuera precisamente fea, sino porque solo podías apreciar su belleza cuando te dedicaba una sonrisa, cuando te miraba con ternura o cuando te abrazaba con sus cálidos bracitos. Una vez la conocías te enamorabas y una vez enamorado no había marcha atrás, no podías volver a respirar si no tenías a Dulce María siquiera para verla de lejos. Su hermoso corazón me conquistó de forma irrevocable e irremediable,nunca pude dejar de quererla y ella nunca pudo amarme. La conocí una tarde soleada, me pareció una chica normal, una jovencita alegre y amable como muchas, como casi todas las de su edad, era amiga de un amigo así que me la encontraba a menudo. Poco a poco también se hizo mi amiga, los tres salíamos juntos, tomábamos siempre el café en el mismo sitio de la calle la Pajuela. Nos contábamos nuestras historias de amor y desamor, anécdotas graciosas,risas para aquí, risas para allá. El día que Fernando me dijo que estaba enamorado de Dulce María se me pasmó el corazón, sentí un no sé qué, el mundo medio vueltas y no supe que decirle más que una excusa para irme de allí con prontitud.
Al llegar a casa me quedé de pie en la cocina mirando por la ventana que daba al patio, observando el sicomoro, pasado un rato llegó a mí el pensamiento como un súbito estruendo, era una locura, era imposible, no podía ser, no había señal previa, no había aviso. No dormí esa noche, a la mañana siguiente lo supe, me había enamorado y ni siquiera sabía en qué momento había sucedido. Bastaba con verla para que el corazón se me acelerara y luego se detuviera para volverse a acelerar y causarme una crisis de taquicardia, solo una sonrisa era necesaria para punzar mi corazón,mirarla con toda la felicidad que cargaba encima me recordaba que ella no me necesitaba y que tal vez jamás podría tenerla ya que ella no era una chica de amores, en realidad era una chica de sueños, una chica de independencia, una chica que alegraba a cualquiera que la mirara. Fernando estaba igual o peor que yo, para él era difícil aceptar que ella no lo quisiera,incluso para mí era extraño, ya que él era el sueño de cualquier muchacha, excepto el de Dulce María.Nos peleábamos para sentarnos a su lado, por quién bailaba primero con ella en las fiesta a las que íbamos,por quién tomaba su mano cuando estaba triste y no se sorprenda, la gente feliz también se entristece.A veces se le veía melancólica, solía mirar a la nada y agachaba el rostro, era muy notorio, siempre fue muy expresiva. Le preguntábamos qué le pasaba y decía que nada, que para apreciar la felicidad tocaba saber que era la tristeza pero que se le iba a pasar,que mañana todo sería mejor. Efectivamente, al día siguiente se le veía de nuevo radiante y sonriente,aprendí mucho de ella; le gustaba Aerosmith y Pavarotti, vaya combinación, pensará usted pero ella decía que la buena música no distingue géneros, la escuchabas cantar un rock y luego pasaba a una balada era algo como "I was made for loving you, Baby, you're my angel, come and save me tonight" y terminaba cantando o' sole mio mientras sonreía.
Pensaba en ella con frecuencia, planeaba cómo hablarle, cómo sonreírle, buscaba pretextos para acercarme y rozar su mano con la mía o tal vez solo para percibir su aroma. Lo que más recuerdo de ella es el olor de sus negros cabellos, era dulzón pero agradable, pasaba la mitad del día con una cola de caballo y la otra mitad lo soltaba dejándolo libre para que bailara de aquí para allá al son de la brisa o del contoneo de sus pasos ligeros. Me gustaba mucho Dulce María. Una vez nos quedamos los dos solos en el balcón del apartamento de Fernando, ella miraba hacia el horizonte, la vista perdida, los ojos inexpresivos y luego, una sonrisa, volteó su rostro y besó mi mejilla con la ternura de una inocente niña, dijo que se iba, que se iba lejos, pero aún no sabía cuándo.Mucho tiempo pasó y ella seguía a mi lado pero en mi corazón golpeaban estrepitosamente sus palabras, me preguntaba a dónde se iría y qué sería de mi sin verla.Dos años después lo entendí cuando anunció que se casaría con Fernando, no me pregunte que pasó, yo tampoco lo sé, ella nunca demostró una concesión de afecto hacia él, no estaba enamorada, lo sabía, ella no se enamoraba de nadie. ¿Por qué lo hizo? Nunca lo sabré, incluso Fernando estaba atónito, no vio las intenciones de ella y la felicidad lo cegó, la felicidad de ese momento le impidió ver las desgracias futuras.
Vivir con alguien a quien amas es hermoso, pero no ser correspondido es una tortura constante. Dulce María se esforzó por cuidar su matrimonio, siempre dio todo de si, pero para sobrevivir en pareja solo las fuerzas del amor son suficientes y a ella le faltaban. Fernando, por su parte vivió amargado cada segundo al lado de ella, el amor lo estaba asfixiando y la imposibilidad de vivirlo como se debe le destrozó la voluntad y las fuerzas. El problema es que no podían separarse porque Dulce María no lo permitía,no por lástima, sino por orgullo, porque ella cuando tomaba una decisión era firme e inquebrantable.Los primeros años fueron duros para mí, traté de olvidarla, de alejarme, de buscar otros amores; en esa época conocí a Matilde, una morena encantadora y coqueta que me dejaba sin aliento cada sábado en la noche, una gran amante, sin duda, pero ni ella ni yo teníamos el corazón desocupado para dar amor.A veces llorábamos juntos, su historia era más triste que la mía, se enamoró de un muchacho extranjero, un joven de esos que viajan por el mundo sin rumbo fijo,él estaba loco por ella, tanto que dejó su vida de viajes para poder estar a su lado, vivieron juntos un tiempo y decidieron casarse, el día de la boda el novio no llegó,el carro en que iba se volcó. Matilde llevó su vestido de bodas al funeral, sonreía con su recuerdo y lloraba por el dolor de la pérdida. Nunca más se enamoró, al igual que yo. Por eso nos llevábamos bien, compartíamos penas y siempre he dicho que las tristezas cuando se comparten, duelen menos. Matilde fue y siempre será mi mejor amiga y en mi corazón está el espacio que ella llenó con su presencia, con sus palabras y con sus lágrimas. Hay muchas personas en el mundo y todas tienen algo que ofrecer, unas más que otras,pero todos tenemos la fortuna de encontrar a alguien especial, alguien a quién no cambiaríamos, ese tipo de personas no necesariamente te dan la felicidad,pero si te ayudan a construirla, o por lo menos a sobrevivir en este mundo tan complicado. A pesar de todo, Fernando siguió siendo mi mejor amigo, poco le hablaba porque moría de celos al saber que él era el que besaba los labios que yo deseaba, pero fui su apoyo cuando sufría por la mujer que le negaba tanto amor, lo hacía porque yo también lloraba, los dos andábamos con el corazón roto, andábamos sin rumbo y nos ahogábamos por la presión en el pecho que dejan los amores no correspondidos.
Los días pasaban lentos, poco a poco mi vida empezó a tomar calma, quedaron atrás las épocas de la juventud y aprendí a vivir en soledad, a encontrar paz en mi interior, cuando por fin pude vivir tranquilamente apareció Dulce María de nuevo en mi vida con una nueva actitud hacia mi que hizo renacer todo el candor de mi amor juvenil. Estaba llorando, nunca la había visto tan triste; me contó que le dolía no poder sentir amor hacia su marido o hacia cualquier persona, que en su corazón no había nada que ofrecer más que su propia esencia, ella no entendía que había sido hecha para ser amada, más no para amar. Era una muchacha muy inteligente, me dijo que sabía de mis deseos por ella y que necesitaba de mi ayuda, me pidió que la enseñara a amar, de inmediato pensé que estaba loca,no entendía cómo le iba a enseñar algo tan natural, tan propio de los seres humanos, me resultaba imposible enseñarle a sentir porque incluso yo quería olvidar todo lo que tuviera que ver con sentimientos. Ella quería vivir algo nuevo, algo que transformara su vida, serle infiel a su esposo con la ayuda de su mejor amigo y ver si eso le daba un nuevo sentido a su existencia que ya sentía vacía. Al principio creí que era egoísta de su parte, esa idea era mala para todos los involucrados,mucho más para mi que la amaba con locura, pero pensé en ella, en lo difícil que debe ser vivir sin amor,por mi parte, de no haber sido por enamorarme de ella yo no hubiera tenido un impulso para hacer todo lo que hice y obtener todo lo que me propuse y al final no todo estuvo mal, no me morí de desamor, por el contrario, sobreviví porque tenía una ilusión. Acepté su propuesta aún sabiendo que exponía mi corazón a dolores terribles, pero siempre me gustó llegar a la cima de la felicidad y también a la cima de la tristeza porque una compensaba a la otra y por una apreciaba a la otra y no negaré que moría de pasión y deseo por esa mujer y en ese momento tenía la oportunidad de sentirla tan mía que no me pude resistir.
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Cuentos aleatorios para personas aleatorias
De Todo¿Alguna vez has sentido que eres una persona diferente a la de ayer o la de hace una semana? Yo lo he sentido y lo escribo. Verás todas las cosas que pasan por mi cabeza, desde un inocente amor hasta una oscura tragedia. Déjame entrar en tu mente y...
