A pesar de estar en esta situación en muchas ocasiones, la sensación siempre es la misma. El corazón palpitando a mil por hora como si fuera a saltar de tu pecho. Las manos sudorosas e inquietas por la adrenalina. Sientes que te sofocas lentamente por la presión del momento, sin embargo, nunca lo demostraba, mi rostro siempre parecía inexpresivo ante los ojos de mi equipo. En ese momento sabía lo que iba a pasar, pero también tenía presente una cosa; un paso en falso, un mal cálculo, un hombre más en ese sótano y estábamos condenados.
Desenfunde mi Magnum calibre cuarenta y cuatro que relucía ante la luz amarillenta de los deficientes postes de la cuidad. Esa noche, el cielo lloraba como si Dios acabara de perder a su ángel más hermoso, aquella lluvia tan agitada movía con ritmo mis cabellos que sobresalían de mi sombrero negro. La calle, se encontraba desierta, sin ningún alma a la vista, era el momento de ejecutar la operación y acabar con esos malditos bastardos.
Con un leve ademán toque la punta de mi sombrero e hice un gesto de aprobación hacia mis dos secuaces que estaban esperando dentro de un Cadillac Town Sedan negro a una cuadra de diferencia. Del lado izquierdo del automóvil bajó mi pistolero favorito, Berza Martínez únicamente con dos Revolver calibre veinticinco que resaltaban de su saco negro. Del asiento del piloto salió un hombre fornido con traje negro, Uriel Tenorio, un ex boxeador retirado y experto en golpear gangsters. Con una mano sostenía su habano mientras le daba una última probada profunda, y con la otra sostenía un subfusil Thompson. Ambos con una notoria confianza se colocaron a un costado de la puerta principal del edificio esperando mi señal. Miré sobre mi hombro para ver detrás de mí a las dos últimas piezas de equipo a tres metros de distancia.
Su inteligencia era equiparable con su belleza; Jannett era nuestra estratega, encargada de localizar a las ratas y llevarnos al matadero para realizar el trabajo sucio. La miré fijamente a sus ojos color miel, siempre mantenía una expresión seria y serena pero incluso bajo esa fría mirada se notaba su nerviosismo, comprendía la situación, sabía que nuestras vidas estaban en sus manos pero ningún miembro del equipo dudaba de sus decisiones. Detrás de ella estaba nuestra especialista en infiltraciones, era capaz de incorporarse en cualquier intercambio de armas del mercado negro y surtirnos de lindos juguetes mata gangsters, además de ser una experta manteniendo la calma en situaciones de sumo estrés, se presentó con nosotros con el nombre de Fátima, pero siempre nos preguntábamos si era su verdadero nombre.
Ambas quitaron el seguro de sus subfusiles Sten MK III y con un leve gesto de cabeza me hicieron saber que estaban listas para empezar. Asomé la cabeza para ver a Berza y Tenorio. Ellos me dirigieron la mirada y señalé el reloj que portaba en la muñeca con el cañón de mi Magnum, comprendieron la señal y miraron sus relojes. Faltaba un minuto para entrar al edificio. Gire sobre mis talones y vi como Jannett y Fátima doblaron hacia la izquierda introduciéndose en el callejón que daba a la puerta trasera del edificio.
La operación debía de ser ejecutada de manera perfecta, nuestro objetivo se encontraba en el sótano, un minuto de diferencia y estaríamos atrapados en un edificio con más de veinte matones armados hasta los dientes con la única misión de llenarnos de agujeros. Con nerviosismo miraba el segundero de mi reloj, las emociones eran tales que mi cuerpo estaba conectado en su totalidad con aquella pequeña pieza. En esos instantes deje de percibir el mundo a mí alrededor, podía jurar que a pesar del intenso sonido de la lluvia arremetiéndose contra los edificios, podía escuchar el eco de mi segundero. Cuando aquella pieza llegó a la cúspide, mis sentidos volvieron a la realidad.
Derribé la puerta trasera. Al entrar empujé contra la pared y disparé tres tiros en el pecho a un hombre que estaba haciendo guardia junto a la puerta. Enseguida entraron Jannett y Fátima descargando sus subfusiles contra dos hombres que estaban por dispararme. Por las escaleras, que estaban alado de la puerta principal, venían bajando cinco hombres con ametralladoras Thompson. Uriel derribo la puerta y sin dejarlos reaccionar disparó todas las balas de su cargador contra ellos. Entré en el lobby del edificio y a mi izquierda se encontraba la puerta que daba camino al sótano. Debía entrar, pasar por tres pasillos y llegar a las escaleras del sótano. Berza y Jannett entraron conmigo mientras que Fátima y Tenorio cuidaban la puerta acabando con la seguridad que salía de las escaleras y puertas del lobby. Avanzamos el primer pasillo con rapidez sin dejar de apuntar a cada puerta que pasábamos. Berza iba conmigo al frente mientras Jannett cubría nuestras espaldas en caso de que alguna escolta saliera de las puertas que dejábamos atrás.
Cuando estábamos por llegar al segundo pasillo, de una equina salió un hombre con un revólver y le dio tiempo suficiente de dar dos disparos. El primero me hizo perder mi sombrero y el segundo me rozó el hombro. Berza de dos tiros limpios desde la cadera acabó con él. El disparo logro hacerme daño, sin embargo, por la adrenalina del momento no sentí absolutamente nada, me había alarmado aquella bala que desnudo mi cabellera pero la sensación de pánico no duró más que unos microsegundos.
Berza asomó la cabeza por la esquina del pasillo y estaban dos hombres esperándonos con ametralladoras PPSH41. Tratar de acabar con esos dos frente a frente sería un suicidio, una Magnum contra dos PPSH41, dos revólver contra dos PPSH41. Existía una clara diferencia. Debíamos acabar con esos dos y llegar a la puerta del sótano lo antes posible, los disparos del lobby parecían no tener fin, lo que significaba que tarde o temprano, Tenorio y Fátima se iban a quedar sin municiones y ese sería nuestro fin. Vi una puerta justo frente a nosotros perpendicularmente al segundo pasillo, miré fijamente a Berza y supe de inmediato que estaba pensando exactamente lo mismo que yo, por lo cual retrocedi unos metros y corrí directo hacia ella para derribarla con la idea de atraer el fuego hacia mí. Atravesé el ancho del pasillo lo más rápido que pude, el zumbido de las balas era abrumador y aterrador. Me lancé contra la puerta ocupando mi hombro para derribarla cuando una bala logro darme en la pantorrilla mientras chocaba contra aquella madera. En ese trance Berza con su puntería tan afinada logró acabar con uno de ellos con un solo disparo de su revólver. Las cosas empezaban a tornarse mal, ya habíamos tardado cinco minutos y aún no llegábamos al sótano. El otro sujeto descargó lo que le quedaba en el largo cartucho de su PPSH41 con el fin de intimidarnos. Cuando sus disparos cesaron, Jannett vació su Sten en el maldito Gangster.
Me incorporé de nuevo y cojeando avance por el pasillo junto con Berza, llegamos al tercer pasillo y estaba despejado, al parecer solo tenían tres personas haciendo guardia, un número inferior al que habíamos contemplado. Al fondo estaba la puerta al sótano, donde estaban los jefes de la pandilla más poderosa de la cuidad, estábamos a un pasillo de acabar con el crimen en las calles, a un pasillo de acabar con el dominio de los Gangsters. Después de años de cacería y de seguir pistas falsas, por fin estaban acorralados como conejos frente una jauría de lobos. Cada paso que daba me provocaba un punzante dolor en la pantorrilla. Mi corazón comenzaba a acelerarse. La respiración empezaba a tornarse pesada. Mi mano sudorosa se aferraba con fuerza al mango de mi Magnum. La frente comenzaba a perlarse de sudor mojando los cabellos que la cubrían. Era una combinación de miedo, emoción, felicidad y odio lo que mi cuerpo gritaba con todas esas señales, pero siempre bajo la máscara de un hombre sin emociones.
Llegamos a la puerta del sótano al fin, aquellos siete metros de recorrido fueron eternos a pesar de haberlos cruzado en cuestión de segundos. Sin perder tiempo Berza dio un disparo a la cerradura seguido de una patada que la hizo rebotar contra la pared. Bajamos rápidamente las escaleras del sótano solo para encontrarme con lo que más temía en esa situación; un sótano vacío. En cuanto vi ese escenario supe inmediatamente cual sería nuestro destino, estábamos marcados por la muerte, nuestra tumba sería el sótano de un viejo edificio de departamentos.
Voltee a ver a mis compañeros y en ellos pude ver exactamente lo que yo sentía en ese momento; resignación. El sentimiento me duró unos segundos cuando la mano divina de Dios iluminó mis ojos. En el centro del sótano reposaba una mesa redonda, debajo de ella había una gran alfombra vieja. No cabía duda, era exactamente lo que estaba pensando. Una puerta a un túnel subterráneo. Lancé la mesa hacia un costado y arroje la alfombra vieja por los aires levantando una cortina de polvo. Debajo de ella había una escotilla de metal, al abrirla voltee con Jannett y Berza para ordenarles que dejaran el edificio lo más rápido posible y evitaran que los Gangsters acabaran con Tenorio y Fátima. El túnel era demasiado angosto como para tres personas. Me introduje en la escotilla y el túnel parecía tener un solo camino. Miré hacia arriba y logré ver el rostro de Jannett asomarse por la escotilla. Comencé a correr intentando ignorar el dolor de mi pantorrilla y hombro que poco a poco cobraban más presencia. Recorrí lo equivalente a tres cuadras cuando me encontré con una desviación a la derecha, al doblar conseguí ver a treinta metros de distancia a un hombre alto de sombrero y saco, caminando como si se tratase de una excursión escolar. Apunté mi Magnum y disparé el resto de mi cargador en el varón. El sujeto cayó y dejó a la vista a otro individuo, al verlo supe inmediatamente quien era, vestía un gran abrigo de pelo color caqui y portaba un elegante bastón negro. A pesar de la distancia que nos separaba pude sentir su vieja y profunda mirada llena de rabia pues estaba viendo al hombre que le había frustrado gran parte de sus actividades. Frente a él estaba mi segundo blanco, un joven de aproximadamente veinticinco años alto y fornido vistiendo un elegante traje gris. Saqué un segundo cartucho de mi cintura y con un solo movimiento de muñeca lancé mi cargador vacío al suelo e introduje el nuevo. El segundo sujeto empuñó una pistola pequeña de bajo calibre mientras cubría entre balas y dientes a aquel hombre mayor. Me adherí a la pared en un intento de evitar las balas. Sin dejar de disparar ambos tomaron una desviación a la izquierda y los perdí de vista. Comenzó la persecución.
Partí en su dirección con rapidez y cautela. Al llegar a la desviación pude ver como el viejo subía unas escaleras en el fondo mientras el otro hacia guardia, logré ponerme a salvo detrás de la esquina cuando el sujeto me dedico una ráfaga de disparos. Cuando los tiros cesaron asomé la vista hacia el pasillo y solo alcancé ver los pies de mi atacante subir los últimos escalones, cuando me dirigía hacia las escaleras pude escuchar el ruido sordo de un disparo proveniente de la superficie. Llegue a las escaleras y rápidamente apunté mi cañón hacia la salida con la sospecha que me estaban esperando para darme un tiro limpio. Subí los escalones y no había nadie esperando a que saliera, en su lugar solo vi a aquel viejo cojeando por la carretera mientras dejaba un rastro de sangre proveniente de su pierna que se mezclaba con las lágrimas del cielo. Aquel joven había desaparecido, claramente había traicionado a su colega con la intención de que nosotros acabáramos con él y así, tomar el control completo de la pandilla más poderosa de la cuidad. En su momento me dio totalmente igual, solo quería verlo suplicar por su vida, mirarlo fijamente a los ojos y darle un tiro entre ceja y ceja. Salí del túnel y el frio de la lluvia invadió mi cuerpo, miró sobre su hombro y al verme su rostro cambio como si acabara de ver a la mismísima muerte, y eso era, yo era la muerte para él.
Cegado por miedo el pobre anciano cambio de dirección hacia un callejón sin salida, de reojo pude ver detrás de mí la silueta de Jannett, al parecer había descifrado final del túnel y sobre todo, habían conseguido salir del edificio. Me introduje en el callejón para presenciar el momento que tanto había estado esperando, el responsable de arrebatarme a mi hijo hace varios años paralizado por el horror. El hombre más poderoso de la cuidad, el más influyente, el más rico, el más temido y amado, acorralado bajo la fría lluvia suplicando por su vida. Coloqué el primer disparo en su otra pierna haciéndolo exclamar un grito de dolor y obligándolo a caer sobre su trasero. En esos instantes sentía un profundo sentimiento de felicidad, el cual cambiaría completamente cuando el maldito saca un arma de su retaguardia y logra dar dos disparos fallidos a los cuales respondí vaciando mi cartucho entero en su cara. La sangre comenzaba a pintar el pavimento y recorrer su camino hacia la alcantarilla. Por primera vez en años pude mirar al cielo y sentir el sentimiento de paz que tanto había soñado, pero el destino juega cruelmente sus cartas, la paz se esfumó cuando a mis espaldas escucho que alguien susurra mi nombre con extrema dificultad, Jannett estaba reposando en el suelo sujetando con fuerza el lado izquierdo de su abdomen. El maldito no falló los tiros, apuntó directo a Jannett, incluso en sus últimos momentos logró arruinarme la vida una vez más.
Corrí hacia ella entre lamentos y maldiciones, solo para poder ver el brillo de sus ojos color miel y sostener su mano por última vez. Fue en ese momento que comprendí que estaba en lo cierto ese día, Dios si acababa de perder a su ángel más hermoso, pero esta vez no era el cielo el quien lloraba, era yo.
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El Sótano
General FictionRelato corto. Un último golpe para acabar con el dominio de los Gangsters en la cuidad. El objetivo se encuentra en el sótano de un edificio y cinco desconocidos están a cargo de esa misión.
