¿Sabéis lo que es estar prácticamente perdida en Londres? ¿Sabías lo complicado que es buscar una calle que ni siquiera conoces en una ciudad completamente nueva, entre la lluvia, cargada con maletas, y sin ningún tipo de conexión a internet para guiarte de Google Maps? Espero que no.
Así me encontraba yo, perdida, desorientada y bastante enfadada. Llegaba tarde a una especie de entrevista para conseguir una habitación en un piso que compartiría durante mi vida como estudiante de universidad aquí, en Londres. Hacía treinta minutos que debía estar allí, pero, como ya he dejado claro, estaba correteando por las calles de la ciudad.
Por suerte, un hombre algo anciano me indicó encantado dónde estaba aquella calle, a apenas cinco minutos de donde estaba en ese momento. ¡Doble racha de suerte!
[...]
Como aquel señor me dijo, en unos minutos estaba en la puerta de mi futura casa. Llamé al timbre: 3ºF del número 13. Unos segundos de espera y la puerta estaba abierta.
Cuando llegué tras el largo tramo de escaleras que me dejó casi sin respiración, la puerta estaba abierta, y de ella salía un fuerte olor a marihuana. Respiré el aroma y tosí un poco. al reconocerlo, casi decido irme.
"Tranquila, Beth. Solo es una plantita. Si tiene uso médico, no tiene por qué ser una mala persona".
Entré con paso firme hasta lo que parecía ser un salón. Un televisor, un sofá y una mesa baja me indicaban que estaba en lo cierto. En el sofá había alguien.
Ahí fue la primera vez que lo vi.
Al principio su aspecto me pareció algo peculiar. No desagradable, no malo. Peculiar. Cabello un poco largo, liso. Degradado desde sus raíces tintadas de blanco platino, hasta las puntas, moradas. Piel pálida y pecosa, ojos azules, mandíbula marcada y... Un cigarro en la mano. De ahí venía el olor.
Carraspeé, llamando su atención. Cuando la tuve y su mirada cansada y rojiza estuvo sobre mi, comenzó mi lluvia de palabras.
—¡Hola, soy Beth O'Connor! Muchas gracias por ofrecerme la habitación, ¡no sabes lo que cuesta encontrar un piso barato cerca del distrito de Cambridge –hice una pausa al ver que no decía nada, y saqué de mi bolso una tarjeta–. Mi DNI, seguro que te hace falta para rellenar el con-
—Ya, sí. Llegas tarde, y estás mojando el suelo –me interrumpió, cogiendo mi tarjeta de identificación de mis manos, y lanzándola a la mesa tras ojearla–.
Su tono desganado y arrogante me hizo borrar la sonrisa de mi boca, pero pronto volvió a aparecer, como era costumbre. No me dejo chafar por nadie. Y menos si no merece esa importancia. Me giré, ya que él estaba ahora tras de mí, apagando el cigarro y apoyándose en el marco del arco que separaba un pasillo con el salón.
—Lo siento, estaba lloviendo mucho, y no encontraba la calle. No suelo ser tan impuntual. Tal vez un poco.
—Hablas mucho, ¿te lo han dicho alguna vez? –tosí, incómoda. Señaló una puerta en el pasillo–. Tu cuarto. El mío está justo al lado, pero ni se te ocurra llamar a la puerta a menos que estés literalmente muriéndote. Y en ese caso tampoco lo hagas. Pongo la música alta durante casi todo el día, ¿crees que te molestará?
—Bueno, no sé si podré concentrarme cuando tenga que estudiar, tal vez podríamos hacer un horario o algo por el estilo, ya sabes.
—No me gustan los horarios –dijo, dirigiéndose a su cuarto–.
"Hay una biblioteca a unos minutos en metro, supongo", oí desde la habitación, justo antes de un portazo. Tras unos minutos, y tal como ya me avisó, comenzó a escuchar con total claridad la música de la que hablaba. "Dial tones" del grupo "AS IT IS" inundó la casa a un volumen alto, pero no agobiante.
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Sounds of Hysteria.
De TodoBeth siempre ha salido con capullos. A Isaac nunca le han interesado las relaciones serias. Beth busca apartamento para compartir. A Isaac le sobra una habitación. A Beth le gusta cantar, y a la banda de Isaac le hace falta una voz principal. Cuan...
