¿Locura?

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Creo que todos de pequeños hemos tenido algunos amigos imaginarios y Amelia no era la excepción. Se pasaba los días jugando con su amiga imaginaria, Leah. Según la describía Amelia, tenía el cabello blanco como la nieve, una piel de porcelana y unos lindos ojos azules.
El tiempo iba pasando y Amelia cada vez se relacionaba menos, hasta que llegó un punto en el que no salía de su casa. Sus padres estaban bastante preocupados, ya que tenía 16 años.
Los padres de Amelia, no la querían demasiado, y solo les preocupaba que no socializar por si se volvía loca aunque era mejor para los padres que Amelia no tuviera amistades.
Desde los 10 años, ella no varios años así, llegaba a pensar que se merecía todo aquello. Es por eso que se refugió en Leah, su amiga imaginaria.
Regresando a su adolescencia, empezó a alejarse de Leah. Los abusos constantes de sus padres hacían que más de una vez ella se quisiera suicidar, pero por alguna extraña razón, sentía sus brazos atados, como si tuviera una camisa de fuerza. Ella no era capaz de acabar con su vida.
Los días pasaban y pasaban, los abusos crecían y veía algo extraño en Leah. Cada vez la sentía más real como si fuera de carne y hueso, como si ella fuera su hermana.
Un día, Leah, insinuaba mucho a Amelia que mirase debajo de su cama. Cuando ella se dispuso a correr su cama, noto una trampilla en el suelo. La abrió, dando paso a unas escaleras. Salía un olor putrefacto, apenas había luz y aquellas escaleras parecía que se podrían romper en cualquier momento. Amelia veía la figura de Leah bajar aquellas escaleras, las cuales resonaban de una manera escalofriante.
No había manera de iluminar aquel camino y cuando Leah miró a Amelia a los ojos, tenía una mirada diabólica, una sonrisa tenebrosa que a pesar de la oscuridad se podía ver perfectamente la silueta. Sus ojos habían pasado a un rojo penetrante, los cuales no se apartaban de Amelia.
Su cuerpo se iba moviendo solo, adentrándose en aquellas escaleras que daban a una especie de sótano, donde el olor cada vez se hacía más denso, dando náuseas a cualquier persona, pero Amelia parecía la excepción. No reaccionaba a ningún olor putrefacto del cuarto.
Cuando las escaleras dieron a su fin, la figura de Lea había desaparecido, no se hayaba por ningún lugar. Ahí fue cuando Amelia recobro sus sentidos, y al girarse, las escaleras habían desaparecido. Ella trataba de caminar torpemente por aquel cuarto que, sin tener nada de luz, podía sentir escalofríos recorrer su cuerpo al escuchar las voces de gente, sentir como ráfagas pequeñas de viento pasaban por detrás de ella.
Con terror, no se atrevía a girarse, solo caminaba recto pero aquello parecía interminable.
Los minutos pasaban y Amelia sintió una mano en su hombro. Sus piernas se habían paralizado, su cuerpo temblaba de miedo, sus ojos estaban aguados por las lágrimas que brotaban presa del pánico.
Los segundos que esa mano estuvo en su hombro fueron como horas para ella y el dueño de aquella mano, se había acercado a su oído. "Vamos a jugar, Amelia", fueron las palabras pronunciadas por una voz femenina.
La niña con la cual jugaba de pequeña, esa que la había acompañado durante toda su vida desde que ella era consciente estaba parada detrás, susurrándole esas palabras.
Amelia, con todo el valor del mundo se giró, pero aquella imagen se quedó reflejada de por vida en su memoria. La peliblanca de ojos azules, ya no estaba. Lo que estaba frente a los ojos de Amelia, era el cuerpo difunto de Leah. Tenía demasiadas heridas en todo su cuerpo, su sonrisa era más grande de lo habitual por una apertura desde el lado derecho de sus labios hasta casi su ojo, estaba repleta de sangre y sus ropas manchadas, rotas e incluso en algunas zonas, inexistente.
Antes de que Amelia pudiera omitir palabra, estaba siendo devorada sin compasión por la difunta. Ella no moría, sentía dolor, podía ver cómo Leah, arrancaba su corazón y se lo comía frente a sus ojos, sus pulmones, sus intestinos. Soltó un fuerte grito, quedando inconsciente, o como ella pensaba, muerta.

XX: Ella sufre de una lesión en la parte frontal de su cerebro, la cual se guardan todas sus experiencias y las convierte en pesadillas, también podemos observar que.....
La chica, Amelia, estaba despertando. Ella no comprendía nada. Veía un cuarto blanco, acolchado y pensó que era el cielo. Escuchaba una voz hablar, pero no comprendía sus palabras. Cuando quiso tocar su cuerpo, una camisa de fuerza estaba evitando aquello y ella comenzó a gritar y golpear todo lo que podía, que gracias a que estaba acolchado, no se dañaba.
Por otra parte, el psicólogo se encontraba con los padres de la niña, Amelia, quienes escuchaban atentos a cada cosa que el psicólogo decía
- No podemos confirmar que se recupere de la esquizofrenia, en el hospital que la ingresaron fue violada repetidas veces, por lo que ella imagino que eran ustedes quienes la violaba. Las pastillas azules que se tomaba, la afecto aún más y es por ello que los ojos de su supuesta amiga eran azules, al igual que su pelo blanco era por estas paredes....

FIN....

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⏰ Last updated: Jul 24, 2020 ⏰

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