¿Quién hace la cama?

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Pensar, amar, reír, soñar. Dormir y no hacerlo. Darnos vuelta, una y otra vez, enredándonos en las sábanas. Escuchar una canción, esa que nos hace recordar, volver a vivir. El momento, retorna. Pensamos en esa vez; amándonos, riéndonos y soñando. Nos quedamos dormidos, al día siguiente, para ir al trabajo o a estudiar o lo que sea. Nos enredamos con excusas, la gente no entiende ¿qué pasó con las sábanas? Es imposible concentrarse, todo el día suena la canción, esa canción, la de antes. El día pasa, lento pero tranquilo, con esperanzas. En la micro o manejando recordamos. Nos reímos solos. La gente nos mira incómoda. Es que no saben de qué me acabo de acordar. Si supieran...

Llego y no estás. Llegas y no estoy. Nos abraza un sillón frío y comida recalentada. Nos acuesta y dice buenas noches una cama deshecha, con las sábanas enredadas. Ahí, allá, pienso y piensas; en amar, reír y soñar. Tratamos de dormir y no podemos. No podemos hacerlo. Las vueltas ya son incontables y nos mareamos. En una de ellas, de las más desesperadas, se nos enreda una sábana en el cuello que nos asfixia. En cierto modo, el culpable es nuestro corazón, el mismo que le decía a nuestro cuerpo que no tenía la energía de hacer la cama hoy, que no tenía la energía ahora. Pero de alguna manera, logramos vencerla una vez más. Y otra vez.

En la universidad, en el trabajo y en mi casa ya están hartos de las excusas sin sentido. Mi señora me dice que vaya a un doctor para tratar el insomnio y que me recete un montón de píldoras para dormir y no hacerlo, cómo solíamos. Bueno, casi, porque ahora no sueño. A veces río, especialmente con mi hija. Intento amar y evito pensar. Pensar en tí, enredada, igual que yo.

Solo espero que al menos tú puedas descansar. Pienso, sola en las noches, en esto. Pienso en las promesas que nunca me hiciste y que ojalá le hayas hecho a otra persona. Porque no quiero que estés solo como yo. Porque yo ya no río, no de verdad, y mis sueños son vacíos, reflejos algo distorsionados de mi día gris y rutinario. Largo y desesperanzado. No sé si hoy podré ganarle a estas sábanas, que llevan deshechas ya más de un eón. Antes de acostarme escucho la canción, que ahora solo me hace recordar. Ahora lloro sola, la gente me mira incómoda. Es que no saben. No saben que me acabo de acordar de aquella vez en Lastarria, cuando nos despedimos sin decir nada.

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