Tres golpes secos en la puerta sobresaltan a Samantha. Confundida, levanta la mirada del libro que reposa en su regazo, el reloj de la mesa marca la 1:30 a.m. ¿Qué clase de persona hace una visita a esas horas? Inmediatamente, el miedo la invade y decide no abrir, pero como si la persona en la puerta leyera sus pensamientos, con voz tranquila dice:
- Soy yo, Samantha. Abre la puerta.
Samantha no reconoce la voz, pero aún así se levanta del sofá y abre la puerta; un joven que aparentemente parece de su misma edad le devuelve la mirada de sorpresa, como un espejo.
- ¿Quién eres? - pregunta Samantha, mirándolo de arriba a abajo y preguntándose por qué le parece tan conocido y al mismo tiempo no.
- Que pregunta más grosera - el joven intruso se adentra al pequeño apartamento como si fuera su propia casa; una vez sentado en el sofá la mira sonriendo y dice - ¿Piensas quedarte ahí toda la noche?
- Claro que no - contesta la chica, sintiéndose de repente estúpida, como si un amigo cercano se burlara de ella - ¿Quién eres?
- De nuevo con eso. Soy Matt.
Imposible. Es lo único que piensa Samantha, está bastante segura de conocer a un solo Matt, y jamás volvió a saber de él, no desde que dejó de jugar con su amigo invisible.
- ¿Esa es la manera de saludar a un viejo amigo? Esperaba más emoción de tu parte, hace ya bastante tiempo desde la última vez que nos vimos. Tomamos el té, ¿lo recuerdas?
Por supuesto que lo recordaba, Samantha había intentado deshacerse de ese recuerdo infinidad de veces. La fiesta para tomar el té tuvo que ser suspendida, y en su defecto aplazada, por un pequeño contratiempo. El sonido de un disparo en el piso inferior. Un grito desgarrador por parte de su madre, pisadas en las escaleras. En menos de media hora estaban listas para irse de viaje, o eso pensaba Samantha, porque no entendía nada, ¿por qué su papá no ayudaba con los preparativos del paseo?.
Cuando todo pareció estar listo su madre la tomó de la mano y la llevó fuera de la casa. Antes de salir Samantha divisó el la cocina los inconfundibles zapatos de su padre, que parecía estar acostado en el piso rodeado por salsa de tomate, pero ¿qué hacía su papá ahí acostado como si nada? Sentada al lado de su madre, y viendo por la ventana del tren, Samantha decidió que la fiesta del té se aplazaba hasta que su papá se reuniera con ella, porque él y Matt se llevaban muy bien, y por ahora Matt tomaría unas vacaciones. Pero su papá nunca se reunió de nuevo con ella, y Matt nunca regresó de sus vacaciones.
- Entonces, ¿realmente no habrá un abrazo? ¿Hola, qué tal tus vacaciones? ¿Nada? - Samantha lo miró confusa y al mismo tiempo asustada, ¿que hacía él allí?
En el sofá de su pequeño apartamento Samantha despierta sobresaltada, su gato le devuelve la mirada desde un lado del sofá, se siente observada y extrañamente intimidada, los ojos del gato lucen aterradoramente similares a los de Matt, pero eso no es posible, porque Matt no tiene ojos, ni cara, ni cuerpo. Matt no existe.
