Introducción

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Aún recuerdo la primera vez que fui a su casa, ella me invitó a entrar mientras acababa de prepararse para ir con el resto del grupo. Lo primero que me sorprendió fue el ascensor, lleno de espejos que me daban la opción de arreglarme un poco en el largo trayecto hasta el último piso, cuando llegué arriba me encontré con su sonriente figura descalza y su dorado pelo revuelto invitándome a entrar. ¿Como seria la casa de una chica como ella? Tan revoltosa y despreocupada, tan libre. Sus padres me sacan de ese pensamiento en el momento de entrar.

Su madre, bajita y enérgica, me coge por el brazo como si me conociera de siempre y me lleva por un largo pasillo a la cocina donde me ofrece insistentemente algo de comer. Mientras tanto, su padre actúa estoico, cosa que le daría un aire de superioridad de no ser porque, a pesar de su estatura, no parece tener musculo alguno en sus delgados brazos. Si a estas alturas esperáis un nombre os digo que no lo habrá, no son necesarios.

Mientras ellos intentan entablar una conversación con temas banales y aburridos como quien está de jefe de gobierno o que tan mal va el equipo de fútbol en liga, yo observo la cocina, reconozco los apuntes y el ordenador de la chica en la mesa por lo que deduzco q es su zona de trabajo, en la encimera se encuentran varios elementos de cocina que me permite deducir un gusto por la cocina. Me acerco a la puerta para intentar ver algo más de la casa, pero choco con la chica que ahora lleva una coleta, mi visita termina con un juego de intentar que ella no toque a todos los botones del ascensor.

El septimo piso.Stories to obsess over. Discover now