Y ahí estaba de nuevo.
No podía entender que era lo que había hecho mal esta vez, si había cenado de más o si hubiera mirado algún programa que no debió, quizás alguna conversación que inconscientemente escuchó. No sabía lo que había hecho mal ese día, pero ahí estaba, en medio de la oscuridad sin poder moverse, las voces susurrando en su cabeza sin detenerse. Había tenido tantas pesadillas toda su vida y ahora Nathaniel no quería otra cosa más que despertar, en una ocasión, erróneamente intento descifrar lo que las voces le decían, pero se arrepintió de inmediato, fue como si les hubiera dado el poder de acercarse y gritar dentro de su mente.
Levanto su cabeza, algo había hecho mal y ahora no quedaba más que enfrentar las consecuencias. Respiro profundo y se aventuró hacia la oscuridad, sabía que no había otra forma de despertar más que llegar al límite de su terror, tenía tantas ganas de gritar por sus padres, pero ya lo había hecho antes y eso nunca había funcionado, solo el terror extremo lograba sacudir su cuerpo haciéndole despertar. Un paso más, pronto vendrían esas criaturas a intentar tomarle, él miraría sus horribles cuerpos y el terror le haría despertar, podía hacerlo, era una pesadilla, una terrible, pero pesadilla al final. Pero entonces todo cambio, la oscuridad se convirtió en un atardecer, había arboles gigantes a su alrededor y el cielo tenía un color purpura que nunca había mirado ni en sus peores pesadillas.
―Está bien ―se dijo a si mismo dando un paso más hacia lo desconocido―. Es un sueño, pronto despertare, pronto, pronto.
Seguía repitiendo eso cuando la tarde le abandono y la noche cayó sobre él como una cortina.
―No, no, no.
Nathaniel tallo su rostro, el sueño estaba durando más de lo normal, ¿En dónde estaban los monstruos y los susurros interminables? Dio vueltas sobre el mismo lugar, por un momento pensó en gritar para que ellos le encontraran y entonces poder terminar con todo esto. Fue como si ellos le hubieran escuchado.
Era solo uno; había una colina frente a él, la sombra comenzó a levantarse lentamente, su respiración se aceleró y no podía apartar la mirada mientras observaba como la sombra crecía y crecía más. Los susurros se intensificaron, la cabeza quería explotarle, esto estaba bien, esto era, era el terror. Podía sentir el suelo bajo sus pies vibrando por cada paso que la criatura daba, cada paso más cerca de él. No distinguía color alguno o textura, solo oscuridad y oscuridad más profunda, la criatura era una silueta inimaginable, pero para desgracia del propio Nathaniel, su imaginación era virtuosa, pudo dibujar sin ningún esfuerzo la cabeza en forma de martillo del ser, los brazos con largas garras en las extremidades, los pasos largos que sus piernas gigantes le permitían dar, tentáculos saliendo desde su espalda, dio gracias a su dios por el hecho de que no le dejo imaginar el rostro del monstruo que estaba a unos cuantos metros de él.
Nathaniel levanto la mirada, podía sentir las lágrimas corriendo por sus mejillas, eso estaba bien, quizás era tiempo de despertar, porque no creía ser capaz de tener más miedo. La criatura se inclinó hacia él, Nathaniel bajo la mirada.
―Es una pesadilla, una pesadilla...
Sintió el aliento caliente del gigante en su rostro, Nathaniel no podía respirar, solo quería gritar y correr, pero el terror no le dejo. Entonces suplico por su madre, su padre, quien fuera, quería que lo despertaran, que lo hicieran ahora porque se sentía como la misma muerte estar frente a este ser. Nathaniel necesitaba terminar con esto y decidió ir mas allá de su propio sentido común. No era valiente, nunca lo había sido, pero se le habían terminado las opciones.
Levanto su rostro para toparse con el de la criatura, no podía ver más que negrura absoluta, pero algo se despertó, lo sintió en su cabeza y en su piel, era tan diferente a todo lo que había sentido antes, esta vez, no se sintió solo, alguien estaba con él, o algo lo estaba acompañando en su pesadilla. No termino de entender las nuevas sensaciones cuando tuvo que alejarse saltando atrás apresuradamente. La oscuridad había abierto sus ojos, dos puntos amarillos le observaban fijamente, Nathaniel se golpeó a sí mismo.
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Oscuridad
Science FictionNathaniel Rivera sabe que no es un chico ordinario, sabe que las noches son menos ordinarias aun, sabe que tiene un problema muy serio, uno que probablemente solo este en su cabeza. Pero hay otra cosa que Nil sabe y eso es: que las cosas que hay en...
