Capítulo único

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Desde pequeño, Bon había estado oyendo historias sobre las marcas del alma.

Un lazo místico que unía a dos personas, manifestándose en un brillo de luz para oscurecerse después en un tatuaje en la piel al encontrarse por primera vez, era el tema predilecto de los cuentos que su madre le narraba antes de dormir, él cómo había conocido a su papá y cómo eso fue lo mejor que le pasó. A día de hoy, incluso cuando el recuerdo de su rostro se desvanecía, seguía aferrándose al eco de su voz suave y calmada.

Sin su madre, la casa que llamaba hogar se convirtió en un lugar horrible para vivir. Su padre apenas notaba su existencia, salvo para soltar gritos cargados de reproches cada vez que él mostraba la más mínima delicadeza, gritarle que le cocinara o le fuera a conseguir otra lata de cerveza o para ahogar sus frustraciones en alcohol, mirando programas mediocres de televisión.

Tuvo que robar comida porque su padre apenas si trabajaba para que ambos comieran.

A medida que creció, su fascinación también fue en aumento. Devoraba relatos sobre almas cuyas mentes se sincronizaban o sobre hilos rojos que desafiaban la distancia, aunque esto último solía relegarse a las películas de ficción. Aprendió que las marcas iban desde pequeños diseños hasta complejos símbolos que resumían una vida. Cuanto más áspera y gris era su realidad, cuanto más deseaba irse de su casa y no volver jamás, más se incrementaba su anhelo por conocer a su otra mitad. Alguien que lo eligiera de verdad.

Sin embargo, al cumplir los doce años, su piel continuaba limpia y vacía. Era un niño, lo sabía, pero la desesperación a menudo le ganaba (y su padre no ayudaba). Se desvelaba buscando respuestas, contorsionándose frente al espejo para revisar zonas imposibles de ver a simple vista; la única vez que se atrevió a preguntarle a su padre, le valió un golpe seguido de severos regaños e insultos por andar "perdiendo el tiempo en estupideces de maricas".

A los trece, le escocía el pecho ver a niños más jóvenes exhibiendo con orgullo sus marcas. La envidia bullía bajo su piel, la frustración lo hacía volverse más amargado. Analizó todas las posibilidades: tal vez su pareja aún no nacía, o quizás estaba destinado a alguien mucho mayor... O peor aún, pertenecía al trágico y raro porcentaje de personas cuya alma gemela había muerto antes de conocerse. Esa idea marchitaba sus esperanzas.

El rumbo de su vida cambió cuando conoció a Meg y Joy. Ellas lo rescataron de ese abismo oscuro y sin final; dejar de hurtar comida en tiendas de conveniencia fue un trabajo hercúleo, pero ellas le dieron nuevos motivos: podría conseguir una beca y mejorar su situación de vida. Por primera vez, su piel limpia pasó a un segundo plano mientras aprendía a tocar la guitarra y descubría el valor de la lealtad y la amistad junto a las chicas. La música se convirtió en un nuevo refugio seguro.

No obstante, la ilusión volvió a agitarse tras un ensayo especialmente pesado. Notó una extraña marca en el tobillo derecho de Joy, no era marca de nacimiento, sino un diseño con una forma demasiado específica: un micrófono con destellos amarillos. La usual envidia que lo carcomía cada vez que veía una marca estuvo presente, pero, se sentía feliz por su amiga, preguntándose quién sería el alma gemela de ella y si ya se habían conocido.

Se repetía a sí mismo que no estaba celoso.

Había una mezcla agridulce dentro de él: por un lado, la emoción tierna de ver en persona las leyendas que tanto admiraba, por el otro, una sensación de vacío que le recordaba su propia piel sin marca. Añoraba tanto a su persona destinada que el simple pensamiento dolía, devanándose los sesos por saber por qué el destino era así, condenando a muchos a pasar la vida entera sin hallar a su otra mitad debido a la distancia, la muerte o la simple casualidad.

A fin de cuentas, las marcas del alma eran impredecibles. Nunca revelaban nombres exactos, con suerte, unos pocos afortunados obtenían la letra inicial o parte de un nombre garabateado con el arte en su piel. La mayoría solo recibía imágenes abstractas que debían descifrar por cuenta propia para hallar a su contraparte.

La marca del alma | BxBHistórias para pegar e não largar. Descubra agora