Parte 1: Flor marchita

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No estaba consciente de lo que me habían hecho. No estaba consciente de que me habían violado. Sigo pensando que es una palabra fuerte, pero es lo que pasó. Hoy hablé con él, me latía fuertemente el corazón, cuando me dijo “Hola”, no supe qué decir.
- ¿Cómo estás? –le dije. La verdad no pensé qué le iba a decir cuando contestara. Pero su voz sonaba igual que siempre.
- Muy bien gracias a Dios ¿y tú?
Era la misma voz de siempre, relajada, como si nada estuviera pasando, sonaba como si no hubiera llorado todas las noches, como si hubiese dormido todos los días desde lo que pasó. Luego recordé que en realidad él estaba bien, que la que lloraba todas las noches era yo, que la que no dormía era yo, que la que no quería vivir era yo, no él.
- Necesito saber qué es lo que pasó. Necesito saber si estamos en la misma página.
- Sí.
- ¿Está consciente de lo que pasó? De que fue en contra de mi voluntad.
- Sí.
Entonces él lo sabía, él sabía que me había herido, no, no, él sabe que me violó.
Quería llorar y derrumbarme ahí mismo. Antes de hoy no había entendido verdaderamente lo que me había pasado. Yo lo perdoné, no lo odio, pero me duele tanto recordar. Ahora sé que no fue mi imaginación, ahora sé que yo le dije que no muchas veces, sé que esta desagradable situación, sí pasó. Y me estaba atormentando.
Antes lo decía y sentía que estaba contando la historia de alguna otra persona, que no era real, que todo era un sueño; o una pesadilla. Pero lo recordaba claramente, recordaba su peso encima de mi cuerpo, como agarró tan fuerte que me dejó moretones en la piel.  Recuerdo el dolor, no era un dolor en una zona específica, era un dolor en todo el cuerpo, no me podía mover y solo suplicaba que se detuviera. Pero lo que más me dolió fue el saber que era mi mejor amigo, mi confidente, el que lo hizo.
Recuerdo como le dije “Por favor, usted puede respetar un no”; y que aun así siguiera penetrando. Como yo le decía que “por favor, parara”, recuerdo las lágrimas en mis mejillas caer, cerrar los ojos y no poder moverme. Hasta que me rendí, le pedí a Dios que me sacara de eso.
Yo realmente no había entendido lo que me había pasado. De verdad, juro que me duele tanto la vida, y no sé cómo salir de este recuerdo, de esta pesadilla eterna que se hizo realidad.
Intento distraerme, salir de la casa, escuchar música, hacer cosas que me gustan y me hacen feliz, pero cuando todo termina, cuando debo descansar, duele. Recuerdo el dolor que él me ocasionó. Su olor, su cara inexpresiva, como si estuviera poseído. Mi voz quebrada, las suplicas y la oración. Si alguna vez me preguntan sobre esto en un futuro, yo diré que fue el quiebre más bajo en mi vida. Y ha sido la vez donde ya no pensaba que tenía cosas por las que vivir y muerte era todo lo que cruzaba por mi mente.
Recuerdo todos estos sentimientos tan crudos, tan fríos y oscuros, y no tengo ni idea de qué hacer con ellos. Me siento sucia, enferma, y pido ayuda, auxilio, pero nadie puede quitar este peso de mi pecho.

Me tomó medio día para enfrentar la ansiedad, el miedo, la invasión. Me tomó medio día asimilar este abuso y quién lo había hecho. No podía creer que esta persona a la que conocía por tantos años me había lastimado, de nuevo.
Los hechos ocurrieron la madrugada del martes 14 de enero del 2020. Aproximadamente a las 3 o 4 de la madrugada. Hacía calor ese día, o bueno, yo tenía calor. Usaba un pijama largo rosada y una camisa cualquiera de color rojo. Venía de una de nuestros eventos de todos los lunes, estaba feliz porque iba a estar con él toda la noche. Recuerdo estar nerviosa toda la noche porque él se iba a quedar conmigo a dormir.
Pero necesito que alguien me diga ¿Por qué es importante toda esta historia? ¿Por qué siento que fue mi culpa? Yo lo llevé a mi casa, fui yo la que empezó todo, pero, fui yo la que dijo que no. Dije que no una, y otra, y otra, y otra vez hasta que el silencio era todo lo que podía sentir, él se abalanzó sobre mí.
- Por favor, solo una.
- No.
-Porfa, solo para ver.
-No.
-Por favor, solo entra y sale.
-No, no quiero.
- Porfa, solo para ver que se siente.
Silencio. Me arrepiento tanto de ese silencio, me arrepiento tanto de no seguir diciendo que no.
- ¿Puedo? –me dijo. Él se refería a meter sus dedos en mi vagina.
Le dije que no.
Los metió, primero uno y después el otro. Y dolió. Ahí fue cuando sentí mi alma irse de mi cuerpo y vi el momento en el que mi corazón se empezaba a marchitar; como una flor que ha sido cortada de sus raíces.
- Me duele.
- Ya va abriendo, ya va abriendo.
Y entonces penetró. Y esta flor que antes estaba feliz, brillante, luchando por su vida, se hacía polvo con el más mínimo soplo. Sentí una corriente de aire frío, y oscuridad era todo lo que veían mis ojos.
- No, pare, por favor, usted puede respetar un no.
Me volvió a ver y continuó. Y yo no podía mover mi cuerpo, no podía sentir nada más que dolor y miedo. Estaba aterrada de esta persona que creí conocer. Poco después ya no le estaba hablando a él, solo a Dios, pidiendo que “POR FAVOR, hiciera que se detuviera”.
Y lloré y él se detuvo. Y él se masturbó a mi lado.
Su mirada no era la misma. Y yo estaba acabada.
Me cubrí con la cobija, sintiendo que mi cuerpo fue invadido, sintiendo que mi espíritu estaba marchito. Y así fue, como esta pequeña flor; me gusta pensar que soy una margarita, delicada y hermosa, ya no tenía vida. Nadie es inocente, pero la esencia de esta maravillosa flor se había ido. Lo que más me asustaba era el saber que ya no la iba a recuperar.
Me gustaría saber que no estoy tan vacía como pienso estar. Que las risas y toda esa actuación es mi realidad, sin embargo, mi realidad es un vacío infinito y marchito que cada vez que intenta florecer de nuevo, es aplastada.
Después de todos estos años, por fin estaba empezando a ver luz, una luz rosada y maravillosa donde no tenía que fingir estar feliz. Pero, oh, como estaba equivocada al pensar que las memorias se iban a ir.
Él es la persona que más me ha lastimado, y aun así lo amo, pero ¿cómo puedo amar a alguien que me ha humillado y lastimado por tanto tiempo? Que me negaba y se burlaba de mí. Pero su toque y calor nadie lo va a poder reemplazar.
Su presencia va a quedar por siempre en mi memoria, como ese amor de años que dolió como mil demonios, pero que fue tan intenso y hermoso. Por momentos eran inocente, pero después había malicia, había sufrimiento, pero pasión y placer. Era un amor que quise por tanto tiempo, pero cuando lo tuve, supe que en realidad estaba acostumbrada a la idea de él, que lo amaba pero que también lo quería lastimar.
Fue tan efímero, pero como dolió. Su sabor, su aroma, su tacto, su vida en general, me producían ansiedad y desesperación, el pensar en cómo íbamos a terminar y, creo, que todavía lo hace.
Los “te amo” que yo le decía eran tan vacíos y, sin embargo, no podía evitar sentir todo ese amor que una vez tanto quise.
Él me recuerda a la soledad en la que viví por tanto tiempo, de la que cuando por fin pude salir, me empujaron y me enterraron viva. Pero aun respiro. Sigo respirando, pero estoy sofocada, llena de memorias, de traumas, momentos que me van a seguir hasta el final de los tiempos.
¿Cómo supero todo esto? Porque en lo que me queda de vida, en lo que queda de esta flor hecha ceniza, solo va a quedar la idea de un amor perfecto, pero una realidad de un mundo sin luz, y ahora, todo es gris y no hay nada que espere más que la muerte misma.   

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