Estando las cosas como están, he sentido la necesidad de escribir algo un poco más ligero. Continuaré con mi Dramione, pero cuando esté saturada vendré aquí, que es como un rinconcito feliz. La historia entre Lupin y Sirius siempre me ha llegado al alma. Fue mi primer slash y me parece TAN canon y TAN necesario, que me explota el corazón. Será algo cortito e intrascendente, más para mi disfrute que otra cosa. No puedo prometer nada, pero cuento con que no pasará (e incluso puede que no llegue) de los 10 capítulos.
Espero que lo disfrutéis.
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"Eres un capullo ¿qué digo? Un gilipollas integral" se decía a sí mismo Sirius mientras caminaba arriba y abajo por la sala común de Gryffindor. Eran las 5 de la mañana y apenas empezaba a amanecer, pero no había podido dormir en toda la noche. Se sentía... ¡diablos! Ni siquiera sabía cómo se sentía. Más salido que de costumbre, eso sin ninguna duda. ¡Y eso era decir mucho! ¡Mierda! ¡Sentía cómo si pudiera carbonizarse en ese mismo instante! La puta cuarentena le estaba volviendo loco. Estaba claro. Sabía que no era el único, como el buen perro que era podía olerlo en el ambiente, casi todos andaban igual. Tener 17 años y estar encerrados llevaba necesariamente a eso. Pero la intensidad con la que tenía metido aquello en su cabeza, su pecho y... bueno, un poco más abajo, estaba por encima de lo que pudieran estar sintiendo todos ellos. Estaba seguro. Si solo pudiera salir un momento, correr por el Bosque Prohibido, volar un rato con su escoba. Si solo pudiera... ¡Pero no! Ahí estaba él, Sirius Black, sintiéndose como un lobo enjaulado.
Tenía su gracia aquello, sobre todo si tenía en cuenta que el único maldito lobo que conocía estaba pocos metros por encima de él, durmiendo a pierna suelta y roncando, indiferente a todo. Él era el casi de aquel bullir de hormonas ¡ni siquiera Evans estaba tranquila! Y, sin embargo, él era el único puñetero alumno de Gryffindor que aún mantenía la tranquilidad. A ratos paseaba silencioso, con las manos en los bolsillos o haciendo pequeños encantamientos con su varita, haciendo volar mariposas de luz hacia los alumnos más pequeños para que tuvieran entretenimiento. Otras veces languidecía sentado en el alfeizar de la ventana, entre cojines, envuelto en un viejo y andrajoso jersey, leyendo cualquier cosa que se le hubiera puesto por delante en ese momento. ¡Ni siquiera respondía a las provocaciones de Sirius! Cuando él intentaba molestarle sencillamente sonreía y, dándole un pequeño golpe en el hombro, abandonaba el lugar negando con la cabeza. ¿De qué estaba hecho su amigo? ¿Es que no tenía sangre en las venas? Y, por si fuera poco, la última luna llena les había prohibido acompañarle. Era demasiado peligroso, decía. Todos debían permanecer encerrados por el bien de Gryffindor, por el bien de Hogwarts y por el bien de... ¡y una mierda!
Por su bien desde luego que no era. Prefería mil enfermedades a aquel fuego que le estaba comiendo por dentro. Porque si solo por una noche, una mísera y minúscula noche, le dejaran poner un pie fuera de su habitación o de la sala común o de las escaleras que unían la sala común y la habitación, tal vez entonces, solo tal vez, podría controlar de una vez por todas aquellas insufribles y desquiciantes ganas de tirarse a uno de sus mejores amigos.
—Vas a hacer un agujero en el suelo si sigues dando vueltas, Canuto.
—¿Qué haces despierto, James? ¿Esperando encontrarte a alguien?— Preguntó Sirius arqueando las cejas en un gesto insinuante.
—Ojalá, Canuto, ojalá. Pero me evita. ¡Me evita! ¡Primero me besa y luego me evita!
—Deberías tirarte a Alice, eso despejará tu cabeza, estás insoportable, Cornamenta.— Según terminó de decirlo James le tiró un cojín a la cabeza. Un cojín que olía a... él, mierda. Seguro que había estado ahí rebozándose mientras leía.
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El amor en tiempos de cuarentena
FanfictionUna pandemia se extiende por toda Escocia y brujas y magos caen uno detrás de otro. Hogwarts también ha caído, pero una casa resiste. Sus integrantes deberán aislarse, esperando a que alguien encuentre una cura. Ya llevan más de un mes encerrados y...
