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Frances's P.O.V
— ¿Comprendes?
Una punzada en mi cuello me hizo exclamar una palabra mundana.
— ¡Mierda!— toque el punto de dolor por inercia, tratando de aliviarlo con las yemas de mis dedos.
— Frances, concéntrate, este quizás sea el día mas importante de tu inmortal vida.
La personas se movían a mi al rededor, mujeres para ser especifica, las cuales terminaban vestirme. Una de ellas había provocado que parte de la armadura dorada que portaría provocara un minúsculo dolor en mi cuello.
— Es muy difícil—explique con decepción.
— Nada es fácil aquí, menos para ti, ahora portaras un poder magnifico, lo que tu sangre mixta nunca lograría hacer, si lo aceptas claro.
Empece a juguetear con los detalles dorados de la armadura y con la tela blanca y casi transparente del vestido que portaba bajo la armadura la cual solo eran cadenas y mas cadenas, y una coraza femenina que me ayudaba en movilidad debido a la forma de mi cuerpo.
— Frances— volvió a hablarme el Dios de la guerra.
— No estoy lista para esta mierda.— hablé mientras abandonaba la silla en la que me había mantenido escuchando las palabras aburridas del Dios mensajero.
— Estas lista— afirmó.
— ¿Como carajos sabes eso?—exclamé harta de la situación.
Hermes tomo con delicadeza de mi brazo hasta llevarme frente a un espejo de oro. No me atreví a siquiera intentar alzar mi mentón.
— Conozco a cada Dios olímpico, se la manera en la que han llegado a este mundo, Artemisa y Apolo fueron los Dioses que nacieron de una forma completamente humana y en una miseria indigna de ellos. Ahora ellos estarán presentes en tu coronación, los hijos de la tierra se levantaron a ser los Dioses de esta.
Mire el espejo, mi reflejo.
— Tu madre nació como ningún Dios, ella nació directamente de la cuna de la sabiduría, de la cabeza de Zeus, nació como una mujer adulta, como una mujer de sabiduría pura, y echando un grito de batalla llego al mundo siendo admirada por tu abuelo, Atenea es la hija favorita de Zeus— pauso— Era. Ahora tu sucederás el trono que perteneció a a la gloria de la sabiduría.— termino de hablar mirándome por el espejo y acomodando mi cabello para adornarlo con la lluvia de oro sobre el.
...
Las puertas a esperar eran puertas de un tamaño inmenso, solo podía ver el inicio, nubes me impedían ver el final de estas.
— ¡Se da inicio a la coronación de la ultima Diosa olímpica, con ustedes, la sucesora al trono de Atenea.
Las puertas infinitas se abrieron dejándome ver la luz de la sala divina.