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El pesado aliento de la madrugada rozaba los árboles desprendiendo pequeñas hojas de sus ramas cayendo al suelo en una hermosa y caótica danza de sincronizada de puntos naranjas y rojos, los calientes árboles se reían de aquellas secas raíces grisáceas que se esparcian por todo el recinto, dos grandes edificios juntos por pequeños pasillos suspendidos en el aire se encontraban desgarrados, su blanca superficie se corroia dejando ver un oscuro color que, al ser palpado, liberaba polvo del mismo tono.

Dentro del lugar se movía una mujer vestida de blanco, en su cuello tenía un estetoscopio y en su pecho colgaba un gafete. Sus manos sostenían un portapapeles igual de dañado que el exterior de la estructura, se podía ver que no era un lugar de grandes recursos. Junto a la mujer, aunque invisible, se sentía una presencia infantil, una que reía y se asustaba con cada extraño que veía

La pequeña alma empezó a vagar, separándose en su totalidad de la enfermera. Conocía el lugar en su totalidad, cada inyectadora, cada bolsa de transfusión, cada mascarilla, todos los implementos del lugar los conocía como la palma de su mano. Seguía su recorrido inconcluso, llegó a un lugar donde pasó gran parte de sus ultimos respiros, un lugar donde la gente esperaba por ser dada de alta y volver a ver a sus familias, aunque no todos tenían la dicha de encontrarse con un par de ojos conocidos, al menos no fuera de las paredes de este lugar desesperanzador.

Mientras que el ente incorporeo arrastraba sus extremidades por el suelo pudo escuchar el agrio llanto de un ser humano, dio unos pocos pasos con curiosidad mientras que, demostrando su inexistencia, fue atravesado por la enfermera que se vio momentos antes. La curiosidad le hizo asomarse pudiendo ver la escena que se llevaba a cabo. Una mujer, no, una joven que aparentaba 17 años se encontraba en el regazo de un joven encamillado, el rostro pálido del chico que aparentaba la misma edad que ella no parecía impedimento para demostrar su claro afecto, ya sea con palabras o con largos abrazos.

La enfermera tragó saliva mientras que, al unísono empezaron a llegar varios hombres de bata blanca. El portapapeles que tenía entre sus brazos temblaba como producto de su impotencia y tristeza reprimidas la cual se manifestó en una fina lágrima que corrió por su mejilla. Uno de los hombres que estaba presente, como si intentara hacer una mímica mal lograda tragó saliva en señal de nerviosismo.

"Lo Lamento Mucho...."

Esas tres palabras fueron suficientes para desgarrar el ya lastimado corazón de la joven, se levantó de golpe y con rapidez se colocó junto al señor que acababa de hablar solo para empezar a insistir. Mas que insistencia parecía negación, se negaba a pensar que, su alma gemela, se le estaba escapando entre los dedos. El señor solo repitió las mismas palabras mientras bajaba la mirada en forma de disculpa, tanto a ella como a si mismo.

La joven se desmoronó, cayó de rodillas lastimandose un poco mientras que, sus ojos, se humedecieron en su totalidad dejando salir lágrimas a cantaros que caían al suelo manchandolo. Intentaron ayudarla pero sólo respondió con pataleo, agitó sus brazos espantando las manos amables de los doctores mientras se levantaba y caminaba lentamente a su amado. Apenas pudo se lanzó sobre el, dándole el abrazo más largo que le había dado jamás.

Una pequeña mueca de tristeza se hizo presente en el blanco rostro del joven, sus labios pintaron una linda sonrisa en su rostro mientras que, con ezfuerzo, subió su mano derecha y empezó a acariciar por última vez el liso pelo de la que iba a ser su futura esposa.

"Eres fuerte... Se que podrás sin mi"

"¡No quiero seguir sin ti! Quédate conmigo... ¡Dijiste que íbamos a ser felices juntos, me lo prometiste!"

"Lo siento... No podré cumplir con mi promesa"

"¡No es justo, estaba lista para vivir toda mi vida contigo! No me dejes ¡Por favor, te amo!"

Los actos de la vida a veces pareciera que fueran escritos por un dramaturgo sin compasión, sin sabor a empatia ni dolor por el prójimo. El abrazo se mantuvo mientras ambos jóvenes cerraban sus ojos entre lágrimas perdidas. Un sonido empezó a resonar, un pitido constante e invariable que, convenientemente, indicaba la partida de un alma.

La desdichada abrió sus ojo y volteo a ver la cáscara sin vida de su existir, los ojos ya no denotaban vida, su pecho ya no se comprimia y expandia, su corazón antes caliente por su infinito amor, ahora era un tempano inerte al igual que su piel. Se escuchó un grito desgarrador, seguido de sollozos insanos que se repetian como eco dentro de las cuatro paredes. Todos los presentes empezaron a llorar, ver a tan lindas vidas se separadas de una forma tan abrupta era tan injusto ¿Quién había dictado eso?

Se manifestó de forma incorporea junto al alma de la niña, el recién fallecido miró a la pequeña con una sonrisa mientras que la tomaba de la mano y la llevaba a una luz incandescente que empezó a brillar. En ese momento, mientras caminaba la pequeña niña musitó con tristeza

"Quisiera que alguien me hubiera despedido"

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⏰ Last updated: Mar 06, 2020 ⏰

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