Familia.
He crecido a las afueras de Queens, vivo con mi madre y mis dos hermanas menores, en una casa pequeña donde apenas si cabemos las cuatro.
Estudio mis últimos años de escuela para luego ir a la universidad, he trabajado en una tienda de ropa por dos años y siempre veo a la misma gente entrar, es una tienda antigua donde va gente mayor y con mucho dinero, he visto como derrochan su dinero en cosas secundarias como esto, yo tan solo tengo un par de jeans y camisetas, un par de zapatos y ya.
No suelo hablar mucho, tal vez es porque me avergüenzo de ser quien soy, pero he vivido mucho tiempo así.
La misma señora que gasta miles cada fin de semana en cosas de antigüedad ha llegado con su enorme sombrero lleno de plumas, su abrigo negro tan elegante y ese hermoso collar de perlas que la hace ver preciosa.
—¡Señor, señor! ¿Con qué me bendecirás hoy?.
Su voz sonaba tan esplendorosa, un compañero de trabajo le pidió su abrigo para guardarlo y debajo de él traía puesto un vestido color hueso, tan fino. Y unos zapatos que resplandecían cada que daba un paso.
—He estado tan agotada estos días que no he podido venir hasta acá.
Movía sus manos de un lado a otro, como las reinas de antes.
—Mi lady, le recomendaría un vestido nuevo, éste ya lo usó dos veces.
Le dijo el señor que la acompañaba, parecía un mayordomo o algo así.
—Lo sé, es hora de tirar esta basura.
Siguió caminando por los pasillos mientras que la observaba desde lejos.
—Anda, termina de arreglar esto y puedes irte a casa.
Me dijo la gerente.
—Está bien.
Contesté aun mirando a aquella mujer que se miraba al espejo cuando tenía lentes de sol.
Terminé con los estantes y decidí irme de inmediato, aquella mujer adinerada aún no se iba, apenas iba a pagar.
—¡Hasta mañana chicos!
Les dije a mis compañeros, me devolvieron el saludo, caminé hacia la salida pero choqué con alguien. La Mujer.
Me entró el pánico, pensé que me cobraría por tocarla o algo peor, pero no.
—Ten más cuidado jovencita.
—Lo lamento.
Me levanté, salí del establecimiento, apenada por lo que había pasado. Al cruzar la calle había un carro bonito que lo más probable es que fuera de esta señora. Tomé el autobús directo a casa, estaba vacío y la noche casi caía completamente, empezó a llover, miraba por la ventana los carros pasar y las gotas caer por el cristal, era tan relajante.
Bajé en la última parada del autobús, se bajó mi vecina y la llevé hasta su casa porque ya era una anciana y apenas si se sostenía.
Al entrar a mi casa estaba vacía, la televisión estaba prendida y los útiles escolares de mis hermanas estaban regados por todas partes, había un abrigo que olía a fragancia masculina. De la cocina salían murmullos y risillas, estaba mi madre riendo junto a un hombre bien vestido.
—¡Hija! Llegaste, déjame presentarte a mi amigo.
Mi mamá se levantó de su lugar y vino a mi, me tomó de la muñeca y me llevó hasta su amigo que ya estaba de pie.
—Él es Iván, es encantador.
La voz de mi madre se hizo aguda.
—Mucho gusto.
Le tendí la mano pero la besó.
—El gusto es mío.
Me respondió después de haberme besado la mano, mi mamá rió despacio.
—Cena con nosotros.
—No tengo hambre.
Le respondí a mi mamá que ya estaba apunto de servirme un plato de lo que sea que haya hecho.
—Debes de comer, acuérdate lo que nos dijo el doctor.
—Ya se mamá, pero quisiera ir a descansar, hoy fue un día pesado.
—Déjala ir, Mar. Comerá más tarde.
Respondió Iván, parecía amable y buena persona, no se veía como el resto de los hombres que mamá traía a casa.
Entré a mi cuarto, mis hermanas estaban dormidas en su cama. Me recosté en la mía, dejé en el piso mis tenis y me puse a dormir.
Estaba sola, rodeada de árboles y sentía miedo, sentía que pronto moriría así que corrí por todo el bosque hasta que mis pies tocaron el agua. Un río estaba enfrente de mi, y del otro lado de éste, estaba Iván, esperándome.
¿Qué hacía él aquí?
Empecé a caminar hacia atrás, de dónde venía, no importaba si moría... No quería ir a Iván.
La tierra que estaba pisando comenzó a comerse mis pies desnudos, no podía moverme. Trataba de sacarme los pies del frío piso pero solo conseguía hundirme más y cada vez más.
Era un sueño, de esos sueños que te despiertan en la madrugada con la respiración agitada y llena de sudor a pesar del frío que había en la habitación.
Giré mi cabeza por todos lados buscando a mi madre pero no estaba conmigo, compartíamos la cama pero estaba sola. Caminé sobre mis pies descalzos hasta llegar a la vieja sala que teníamos y ahí estaba ella, dormida en el sofá con su ropa puesta y envuelta en una manta.
El abrigo de Iván no estaba colgado, todo estaba en su lugar, nada nuevo, excepto por aquél sobre rojo sobre la televisión que estaba recargado sobre una foto mía de cuando era niña.
El sobre tenía un sello de esos antiguos, era una especie de castillo, lo rompí y abrí el sobre, dentro de él había una llave pequeñita en forma de sol y con ella una nota que decía:
Todos los sueños tienen significado, todos los sueños deben de ser guardados en secreto, así como este SOL, lo usarás algún día, pronto.
S.
Sentí un escalofrío por toda mi espalda, sentí que los vellos de mi cuerpo se erizaban, hasta el más pequeño y de pronto esa sensación de que alguien te vigila me invadió, inseguridad y miedo era lo único que podía sentir.
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Satanás
Science FictionUna linda chica de un barrio pobre conoce a un hombre mayor, muy elegante, rico, guapo, se enamora de él y piensa que es él su verdadero amor. Una historia de amor prohibido, de fantasía, de cuento de hadas.
